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La política no es esto
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Una ética para internet
Antulio Sánchez

 

 

 

 

 

Dudar es mi credo
Soy de los que nunca están contentos

Pietro Polito/Norberto Bobbio

La potencia de un escritor -según Ernst Jünger- está en esto: "En el dudar de la confusión para no dejarse arrollar por la atmósfera apocalíptica". ¿Qué piensas al respecto?

Yo nunca me he considerado un "verdadero escritor". Una cosa es escribir, otra es ser escritor. Nunca he pensado que tengo la capacidad de "tornar preciosas las cosas que toco". Esta virtud pertenece más que al escritor, en el sentido genérico de la palabra, al poeta. Mi vena poética se extinguió en el breve transcurso de pocos años. No es raro que quien de adulto se ha ocupado de las disciplinas filosóficas, históricas, en general humanísticas, haya publicado en su juventud un poemario. O se haya dado a conocer entre sus amigos leyendo sus poesías. No sé cómo se pueda definir la vena poética. Pero se tiene, no se tiene o se tiene durante un breve periodo de la vida, que generalmente es el juvenil.

Me reconozco, si acaso, en parte, en la virtud de evitar la "confusión" y en el no abandonarme a la "atmósfera apocalíptica". Prefiero a los escritores que aman las ideas claras y definidas y las expresan con orden. Prefiero no ocuparme de los escritores oscuros, no porque piense que posiblemente no sean más importantes que los claros sino porque no los entiendo, o me cuesta demasiado trabajo comprenderlos. Hasta soy capaz de admirarlos, pero los veo de lejos. Si por "atmósfera apocalíptica" se entiende fantasear sobre el futuro propio y el de la humanidad, lo evito, no sé si por falta de fantasía o por reserva.

Algún ejemplo de un escritor claro y lúcido.

No tendría ninguna duda al evocar a Thomas Hobbes. Leyendo una tesis de licenciatura sobre mi interpretación del gran filósofo inglés, redescubrí una frase mía de hace más de 40 años: "Hobbes es uno de los autores que más he estudiado, y con el mayor interés y empeño. Me gusta porque observa la realidad humana con la mirada fría y segura de Maquiavelo, pero escribe y razona como Descartes".

Yo diría que Bobbio pertenece al grupo de los escritores claros...

He admitido que "entre los elogios que más me agradan, y que a menudo se me hace, está el de la claridad, aun si la claridad no siempre es un mérito y la oscuridad no es siempre un defecto. También sé que existe una claridad engañosa". Hobbes mismo ha sido considerado reo de una confusing clarity.

¿Qué representa la escritura en tu vida?

¿Una costumbre, un vicio, una enfermedad? Tú escoge. He escrito desde que era apenas un muchacho. Mis primeras poesías, que destruí no hace mucho tiempo, datan de 1923. Entonces era un apasionado de la métrica, como lo soy todavía. Pero nunca me convertí en un escritor. Siempre he escrito para expresar mis emociones o mis ideas, más las ideas que las emociones, sin preocuparme por la forma como las expreso. A la forma a través de la cual me expreso le falta elegancia estilística. Cuestiones de estilo, justamente, pero es el estilo lo que hace a un escritor. Posiblemente esta sea también la razón por la cual nunca he tenido un diario.

¿Cómo nace tu escritura?

Escribo todos los días, si no es por otra cosa por necesidad o por obligación. Cartas, apuntes sobre los libros que leo y reflexiones sobre las obras en las que estoy trabajando. Reúno todo en breves anotaciones que llamo "papeles" (foglietti) y de éstos están llenos cajones viejos y nuevos. No obstante el largo e ininterrumpido ejercicio, no escribo con soltura. Difícilmente, si no es en las cartas que dicto, me basta el primer tratamiento.

¿De las páginas que has escrito, cuáles son las que más te gustan?

Entre las páginas que me gustan más están las de mis libros testimoniales, porque son páginas en las que expreso los más profundos vínculos afectivos que he tenido con las personas que, como he escrito, me han "ayudado a vivir". Las conoces bien, son Italia civile, Maestri e compagni, Italia fedele (este último exclusivamente sobre Gobetti y su mundo). No necesito decirte que está en preparación un cuarto título, que probablemente se titule Amigos y alumnos...

Para tu generación (los cuarentones) ¿Qué socialismo? representa la continuación del debate sobre el comunismo, pero en una fase nueva, ya no es la de la confrontación entre la tradición liberal y el pensamiento comunista, sino más bien la que hay en el interior del mundo de la izquierda entre socialismo autoritario y socialismo democrático. Se trataba de descubrir, o mejor de revaluar, ese filón de socialismo liberal que aunque ya había estado en nuestro pasado reciente, fue sofocado, por un lado, por la hegemonía de un marxismo entumecido, convertido en la ideología de un Estado autoritario y, por otro, por un izquierdismo revolucionario que ponía en peligro nuestra frágil democracia, en la que sólo había espacio para una izquierda reformadora. Fue un libro destinado a ser criticado por partes opuestas, por aquellos que no habían renunciado al socialismo como transformación radical de la sociedad y por aquellos que se habían sentado sobre un socialismo acomodaticio, quienes para troncar cualquier relación con los comunistas y con la tradición del pensamiento socialista, ya no podían soportar el "catequismo de los abuelos".

¿Qué es y cómo se mide el éxito de un escritor?

No hay una regla, como es fácil entender. Lee cualquiera de las listas de best sellers publicadas por muchos de los diarios y te darás cuenta. Novelas de grandes escritores junto a basura. Autores sorprendentemente afortunados y autores también sorprendentemente olvidados, al menos según tu juicio personal. Si reflexiono, como lo he hecho varias veces, sobre el mayor o menor éxito de mis libros, me encuentro frente a la misma incógnita: mi libro más citado y más recordado es Política y cultura, publicado por Einaudi en 1955. Cuando apareció no tuvo gran difusión, tanto así que la nueva edición salió más de 20 años después. Me resulta difícil comprender cómo es posible que sea el libro del cual he recibido más reseñas y cartas de consenso. Sin embargo, al principio ciertamente no fue muy leído. Se difundió más rápido mi Perfil ideológico del siglo XX, que escribí únicamente como un capítulo de una gran historia de la literatura italiana en más volúmenes. Nunca me hubiera esperado que uno de mis libros más buscados fuera Elogio de la templanza, una compilación de escritos varios, pero para nada homogéneos. Habría esperado cierto éxito del libro donde he reunido casi todos los textos sobre el tema de los intelectuales, La duda y la elección, que apareció en 1993, tema al que he regresado en las más diversas ocasiones. Y sin embargo casi nadie ha hablado de él. Murió con la primera edición, nunca lo veo citado en los numerosos libros que han salido en estos años, en Italia también, sobre el tema. Mi único libro que ha tenido un éxito estrepitoso es el panfleto Derecha e izquierda, que salió en 1994 en Donzelli; ha sido repetidamente reimpreso, recientemente salió con una nueva introducción, se ha traducido a una docena de lenguas. Es difícil explicar cuál es la razón del éxito, ni yo ni el editor nos lo hemos podido explicar. La experiencia que tengo con mis libros es la mejor prueba de que hay cierta casualidad en el éxito de un libro y, por lo tanto, el éxito es imprevisible.

En el prefacio de De Secenctute escribes: "Dudar de mí mismo, y el descontento por las metas logradas, muchas de las cuales son inesperadas, imprevistas, siempre surge, si no justamente de la convicción, sí de la sospecha de que la facilidad con la que he logrado recorrer mi camino, para muchos de mis coetáneos impracticable, se debiera más a la buena suerte y a la indulgencia de los demás que a mis virtudes, si no es que directamente a algunos defectos míos vitalmente útiles, tales como saberme retirar a tiempo antes de haber dado el último paso, el más arriesgado (un argumento sobre el cual podría escribir un pequeño tratado, que titularía `De mi moderación`)".

Más de una vez he dicho que se puede diferenciar a los hombres en los que están satisfechos de sí y los que nunca están contentos. No es el caso repetirlo, porque se ha convertido en una especie de estribillo que repito en las más diversas ocasiones. Yo pertenezco a la segunda categoría. Si me preguntas más me pones en una situación embarazosa. Nada es más difícil que quitarte todos los velos que cubren el fondo oscuro de tu naturaleza. Nada es más difícil ni tampoco más desagradable. Siempre he sido muy autocrítico. A menudo he hablado de la lección de los clásicos. La primera y más duradera lección que he aprendido de ellos es la de la humildad, no dejar que se te suban los éxitos a la cabeza, no perder el sentido de las proporciones. En una visión laica de la vida (no laicisista, porque el laicismo es una iglesia como todas las otras, con sus dogmas y anatemas), en una visión, es decir, en la que la luz de la razón es lo único de lo que disponemos para iluminar las tinieblas donde estamos inmersos, no hay lugar para certezas absolutas. Donde no hay ni puede haberlas, nuestra condición permanente es la de la duda metódica

Pietro Polito es historiador de las ideas y colaborador de Norberto Bobbio.

Traducción: Carlos Vidali Rebolledo.

Tomado de Corriere della Sera, 15 de octubre de 1999.

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