etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
libros cultura mañana tianguis
espectáculos águila y sol etcétera
columnas

por los caminos de sancho
El Congreso
Renward García Medrano

el revés de la trama
Utopías infamantes
Edgardo Bermejo Mora

barandal
Los alumnos
Ciro Murayama

bahías
El peor crimen
Rafael Cordera Campos

textos
Crímenes legales
José Antonio Gurrea C.

guía de perplejos
Cobayas
José Luis Durán King

 

 

 

 

 

freakziones

Lluvia de noviembre
Eso tan innombrable

Patricia Peñaloza

Hace tiempo no llovía como ahora. Sólo unos minutos... pues no es temporada. Como nunca es temporada para recordar eso que no se quiere, pero de pronto nos sorprende, aguacero contundente, presto a debilitar flores presentes... Las imágenes se entrecruzan. Los ultrajes se abultan en la memoria. Metro Allende, Pino Suárez. Inclusive se me ha quitado el hambre. La lectura del folleto me descubre aquel asunto de nuevo. Y supongo que si leerlo me cimbra y me provoca lágrimas y opresiones en el pecho, es que mucho me siguen afectando aquellos hechos que tanto traté de enterrar en lejanos días de inconsciencia.

Fue verdad, como aquí dice, que "no dejé de pensar en ello los días subsecuentes"; que me sentí "culpable, sucia, sin valor ni apoyo emocional de ningún tipo"; que entré en un "proceso de depresión y melancolía, el cual a la larga disminuyó mi seguridad y autoestima". Es verdad, como leo, que al pasar de los años "viví con inquietud, desaliento, temor, angustia, ansiedad"... y sobre todo este punto: "Confrontar aquel momento me causa un pánico tal, que no deseo hablar nunca de él"... Y es que, durante mucho tiempo, no reparé siquiera en que aquello había sido... aquello. Eso tan innombrable.

Fue una noche de comienzos de octubre, que desperté sobresaltada mientras dormía de visita en la recámara donde viví durante mi adolescencia y mis primeros veintes. Mi memoria comenzó a repetir imágenes obsesivas, giratorias: aquel profesor estúpido, aquel su amigo traidor, aquel iluminador aprovechado. Aquel iluminador aprovechado que decíase mi amigo. La conspiración involuntaria, el descrédito, la impotencia... el no poder acudir a nadie. El desprecio... mi pasmo, mi parálisis. Yo no lo sabía, pero aquello me marcaba para los años venideros. Me dejaba indefensa, insegura, con pocas armas emocionales para enfrentar mis relaciones y, para desde entonces, asumirme manipulable. "No voy a echarle la culpa de lo que ahora me pasa", me dije, "fue hace mucho, no tiene caso pensar en ello". Y traté de alejar aquellas nubecillas... pero cuando el sueño se aproximaba, un vértigo me invadía y me despertaba de nuevo, con una ansiedad repetida que me impidió dormir por horas... Por fin concilié el sueño. Mas al despertar, tuve cerca una certeza que hasta entonces nunca había tenido, una vez pasados siete años: técnicamente, aquel imbécil había abusado de mí.

Nunca lo había asumido. Me suena inverosímil, pero no había caído en la cuenta de lo que verdaderamente había sido. Asumirlo me sonaba a palabras mayores; me asustaba asumirlo. Pero ahora no tengo duda, y lo subrayo; prácticamente, fue así: yo no lo deseaba, y confundiendo él los movimientos para que pareciera un accidente, me acercó con sus brazos hacia él lo suficiente como para hacerme gran daño. ¿Qué es si no, conducir a alguien a hacer lo que no quería? El sabía que yo tenía miedo, que me sentía insegura, deprimida hasta el fondo por otro problema que me agobiaba, por lo cual no tenía muchas fuerzas y me era difícil oponer resistencia; pues además yo creía que sólo con mis palabras, con mi negación de boca, él respetaría mi decisión. Todo fue tan rápido, y a media situación tan imprecisa, y con ciertos minutos previos semivoluntarios de mi parte que... no me es fácil tener claro qué podría haber él entendido... sin embargo, lo que tengo muy claro es que la culminación trágica no era por mí deseada. Todo me suena tan estúpido... ¡Siete años! ¡Y yo seguía justificando la situación, culpándome, responsabilizándome... Cuando no fue así!

Dos días después de esa noche de insomnio, hube de ir al aeropuerto a recibir a una persona. Mi novio me acompañaba. En el trayecto vinieron de nuevo a mi mente la angustia, la humillación. Die me vio muy desencajada. No pude más. A la intemperie, bajo una llovizna tupida, me asaltó un llanto desmedido. El ruido del agua y los autos amainó el sonido de mis lamentos. Caía en la cuenta, como nunca, de lo terrible que había sido aquello, pues desde que ocurrió, me lo había estado ocultando, evadiendo, minimizando, a mí misma. Comencé a decir frases inconexas, recortadas... "Fue espantoso, Die, horrible...". Aunque en realidad casi no podía hablar. Dieguito me abrazó fuertemente, mientras acariciaba mi cabeza: "Mi amor, tú no tuviste la culpa, tú no hiciste nada. Pequeña, hermosa... estabas chavita, tenías miedo... El fue un hijo de puta. Mi niña... Tú eras la más hermosa, inocente, tierna, preciosa, y él no lo veía. Es un pobre imbécil. Ya, nena...". La lluvia arreció, pero yo no podía moverme. Mi torrente se difuminó por entre los brazos de Diego... y su enorme ternura me ayudó a difuminar algo del terrible dolor que aquel episodio latente me causaba.

Le he dado muchas vueltas. Lo he contado con detalle unas tres o cuatro veces más, lo cual nunca había hecho, y mucho menos aceptando o asumiendo el hecho por su nombre... ése que puedo decir en la cabeza pero no con la boca, pues aún me causa horror y me sigue humillando. A siete años de distancia, y sin haberle nunca reclamado nada (después de aquello no lo volví a ver, aunque sé bien cómo localizarlo), es prácticamente imposible realizar una denuncia legal. Podría asegurar que para él fue absolutamente olvidable, y ni se imagina lo que me ha significado. Buscarlo para darle una golpiza resultaría medio absurdo. Acaso y una terapia pueda alivianarme del todo... y yo sé que lo más saludable y cristiano sería perdonar y olvidar... pero si por ai` existen voluntarios que quisieran ayudarme a, en bola, partirle su mandarina en gajos (no sólo a éste, sino a otro que también me las debe, aprovechando la vuelta), favor de avisarme...

Patricia Peñaloza escribe, modela y canta. Correo: futuram@yahoo.com

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores