etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
libros cultura mañana tianguis
espectáculos águila y sol etcétera
el país

la granja
Cuestionamientos
Raúl Trejo Delarbre

nostalgia
El fenómeno Robinson
Julián Andrade Jardí

 

 

 

 

 

memoria

Los candidatos

Pablo Hiriart

Según las encuestas y lo que se percibe en el ánimo de la población, el principal rival de Francisco Labastida no es Vicente Fox. Tampoco Cuauhtémoc Cárdenas. El verdadero peligro para la candidatura del sinaloense es el exceso de confianza generada por el proceso del 7 de noviembre.

Labastida arrasó de una manera que estaba en la imaginación de pocos, o de nadie. Ello le ha dado un impulso que lo pone en el primer lugar con una diferencia notable sobre Fox y Cárdenas. Pero ese efecto, no es eterno. De aquí al primer domingo de julio del próximo año las cosas pueden variar. Una campaña sin contenido, por ejemplo, puede terminar por aburrir al electorado.

El discurso de Labastida sigue siendo disparejo. Bueno en la crítica, poco convincente en las propuestas. El día de su toma de protesta como candidato, Labastida leyó un texto que es, quizá, una de las evaluaciones más duras que se han hecho a la administración de Ernesto Zedillo. Dijo que el número de pobres ha crecido; que las mujeres no tienen igualdad de oportunidades. Que la delincuencia y el crimen lastiman y hieren a nuestra gente.

Dijo que hay corrupción; se violan las reglas y hay una gran impunidad. Convocó a realizar una lucha contra la desigualdad, la pobreza, la corrupción, la inseguridad y el desempleo. Dijo que muchas familias viven hacinadas por escasez de vivienda. Que se agotan los recursos estratégicos como el agua; el suelo se erosiona. Todo eso y más dijo Labastida. Ante ello propuso un "cambio con rumbo". Suena bien la frase. Pero falta que indique cuál es el rumbo. Porque si el rumbo es quitar impuestos -como ofreció para los carros chocolates- y aumentar el gasto -como ofreció para el campo-, entonces el suyo es un llamado a la desconfianza. La población no necesita conocer de economía para saber que dos más dos no suman seis. Así ha castigado candidaturas que ofrecen el cielo de manera gratuita.

El adversario de Labastida, por ahora, no son los abanderados de los demás partidos contendientes. Vicente Fox se ha enemistado con dos figuras fuertes en el PAN: Diego Fernández de Cevallos y Carlos Castillo Peraza (que sin militar en el partido, tiene un peso moral considerable en sus filas). Cuauhtémoc Cárdenas, por su parte, parece hundirse en el desprestigio que le acarrea su triste paso por el gobierno del DF.

Los partidos pequeños se quedaron sin candidatos, al frustrarse el choque de trenes en el PRI. Cuatro de ellos han tenido que correr al alero de Cárdenas para negociar su apoyo a cambio de garantías para conservar su registro. El Partido Verde terminó por exhibir los estragos de la conducción personalista de su eterno presidente-candidato. Muñoz Ledo no levanta cabeza en el PARM. Por ahí se asoma Manuel Camacho, en una candidatura de autodedazo que lo reduce a su tamaño real. En fin, esos son los adversarios que Labastida tiene enfrente.

Además, el IFE ha propuesto que el gasto por candidato para las elecciones sea de 492 millones de pesos. ¿Quién los tiene? Nadie, salvo los grandes.

¿Que no es necesario ir más aprisa porque Fox está muy abajo? Lo mismo decían de Labastida hace unos meses, y hasta se daba por seguro que ahí venía "el quinto candidato". Labastida subió porque el "aparato" funcionó en su favor. Pero despegó gracias a los errores de su adversario. Y también ganó porque prácticamente no cometió errores.

Todo eso puede pasar, al revés, en la campaña presidencial. A Labastida lo pueden tumbar sus errores y la ausencia de ellos en el equipo de Fox. También puede hacerlo perder una devaluación abrupta del tipo de cambio. Un escándalo político fuerte que involucre a personajes del actual gobierno o a miembros de su equipo de campaña, sería suficiente para que perdiera la confianza de un amplio sector de los votantes.

Cualquiera de esos factores pueden hacer resbalar a Labastida en el curso de los meses que restan de aquí a las elecciones del 2000. Pero sobre todo puede caer de la punta en que se encuentra por exceso de confianza. Y de eso se ven señales

Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores