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Antulio Sánchez

 

 

 

 

 

el navegante

Otro secuestro

Naief Yehya

Me sucedió la primera vez cuando usando un buscador (o search engine) trataba de localizar sitios con archivos de rock progresivo en MP3. Al hacer clic en uno de los links encontrados apareció una página porno bastante convencional y poco apetitosa: una rubia con descomunales senos neumáticos anunciaba Sexo al estilo californiano. Pensé que se trataba de un error y traté de borrar aquella página, en su lugar apareció otra imagen semejante, la cual borré a su vez, pero nuevamente apareció otro par de senos. Docenas de veces más intenté escapar de ese bucle vicioso hasta que perdí la calma y apagué mi computadora. Intrigado y molesto traté de entender lo que me había sucedido, así que repetí paso a paso mi anterior búsqueda para sólo ser víctima una vez más de la misma inexplicable maldición. Tiempo después descubrí que había sido una víctima más de un inquietante y vasto atentado en Internet. Un cracker (un hacker dedicado al mal) portugués, el ahora prófugo Carlos Pereira (quien operaba www.piratelinx.com), y una empresa porno australiana lograron secuestrar alrededor de 25 millones de páginas de la www mediante una ingeniosa sustitución de los sitios originales por direcciones clonadas que llevaban a las páginas porno de la empresa y alteraban las funciones del browser de manera que la función de retroceder (back) sólo conducía a otra página de la misma empresa. Una de las características más ingeniosas del trabajo de Pereira es que no sólo copió la dirección de las páginas sino también su metatag, es decir, la etiqueta que contiene las palabras claves que reconoce y pone en un índice el buscador. Como reportó el New York Times en su primera plana (23/IX/99) la intención de la empresa era, en un mínimo de tiempo, vender un máximo de publicidad promocionando el gran tráfico de que eran objeto sus páginas, conseguir un máximo de nuevos suscriptores para sus servicios porno e inflar el precio de esos dominios para subastarlos.

Los pornógrafos en línea han impuesto algunos de los desarrollos comerciales más exitosos, lucrativos e imitados en el comercio en línea. Fueron operadores porno quienes inventaron la mayor parte del poco ortodoxo arsenal de técnicas para atraer cibernautas y conservarlos en sus páginas. Antes que nadie, los sitios porno usaron eficientes sistemas para transmitir velozmente imágenes y agilizar la aparición de cada página. En un medio donde la atención del público se mide en segundos los pornógrafos se dedican a ofrecer imágenes provocadoras en tiempos récord. Emplearon antes que nadie los bucles reiterativos que llevan a nuevas páginas, así como los pop ups, que se activan al tratar de cerrar o cambiar de página. También usaron los pop ups de manera que se activaran al teclear palabras clave o bien registraban nombres semejantes a los de algunos sitios con inmenso tráfico para capturar a quienes accidentalmente cometían errores de tipografía (en vez de Yahoo!, Yaho! En lugar de BarnesandNoble, barnes_and_noble).

No son pocos los sitios (porno y no) que se valen de estas estrategias, pero ninguno se compara en agresividad y magnitud al caso de Pereira, el cual establece un nuevo precedente legal. Poco después de que fue descubierto el fraude las autoridades australianas lograron clausurar la empresa culpable y confiscaron su equipo en junio. No obstante, ello no eliminó ese tipo de incidentes, los cuales se han vuelto relativamente comunes a pesar de la vigilancia cada vez más estrecha, tanto de las empresas que manejan los buscadores (particularmente AltaVista) como de las autoridades. Aunque la habilidad de Pereira no se niega, este tipo de actos son culpables de renovados métodos de seguridad y de dar pretextos a los gobiernos para ejercer de manera más amplia la censura

Naief Yehya es escritor, ingeniero civil y cibernauta. Correo: nyehya@erols.com

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