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tintero Nostalgia de la sabana
Margoth Carrillo Pimentel
Un anciano, para más señas, vasco, "guerrero que el franquismo no pudo aniquilar" (p. 14), más bien terco y con el temple de aquellos macerados a la intemperie, decide contar la historia de su vida. La casa grande de los Zarandona, un buen escocés y la escucha atenta y a veces exasperada de uno de sus hijos constituyen el escenario de este relato de aparente sencillez. La guerra, el pueblo, la dictadura, el fascismo y la temeraria aventura de emigrar a un país desconocido del sur de América de este joven vascongado, Zarandona, constituye, digamos, el tema de esta historia. En la novelala generalidad de estos detalles seencuentra, no obstante, articulada a un conjunto de elementos o situaciones cuyo inteligente desarrollolleva al lector a percibir la densidad que caracteriza este texto. Zarandona (1999), de Josu Landa, se escribe como un relato que sesostiene en la certeza de un lugar y un tiempo histórico, pero al mismo tiempo se configura como un mundo sustentado por las leyes de la memoria y la atmósfera de la nostalgia. El tiempo narrado desde esta perspectiva provoca en la novela la transformación de estos acontecimientos del pasado en imágenes cuyos rostros, paisajes o cielos parecen una suerte de collage armadoen el lugar de encuentro entre pasado y presente, narrador y escucha. Esas imágenes del pasado son en la novela el resultado de la coincidencia entre los recuerdos de Zarandona, la escucha de Mikel y la escritura de Imanol, suerte de triángulo, síntesis de perspectivas que ofrece una versión excepcional del pasado, a veces tocada por la realidad, otras por la nostalgia, otras por la idea de lo ancestral o de lo mítico. Observamos cómo en la medida en que la narración de Paulino Zarandona avanza, ese otro personaje, Mikel, se involucra en ella mediante interrupciones, precisiones, correcciones o críticas. El diálogo soterrado, cercado en el texto por paréntesis, que Mikel establece con las versiones de su padre, conduce a una problematización de la escucha. Ocurre, entonces, una especie de enfrentamiento por la posesión de la verdad o por el manejo de la versión más cercana a una realidad ubicada en el pasado o en la imaginación de esas voces que se cuestionan. Así, un sencillo acopio de datos se transforma en la manifestación de dos versiones en conflicto, pero también en una forma de revelación de cómo la interioridad de los personajes se va conformando, en la medida en que el proceso del diálogo transcurre. En tanto, Imanol, el escriba, juega al ocultamiento tras la simpleza de una llamada telefónica venida de ese no-lugar desde donde se hace posible la escritura. El tiempo histórico parece fundirse con la historia personal, subjetiva, de los personajes, hasta convertirse en parte constitutiva de ellos. No aparece la Historia como manifestación ajena o paralela al tiempo del discurso, sino como pieza fundamental de ese mosaico en el que Landa convierte al texto y sus personajes. La idea de la memoria como principio de recuperación mediante el cual el pasado se reelabora y expande, parece explorarse en esta novela no sólo como una tesis referida por el mismo texto, sino como una manera de entender y desarrollar el propio acto creativo. "Río que se adentra en lo vivido: una profundidad como de tierra y rocas. Serpiente ciega de agua, brotando indetenible, inocente, en el pozo y el ojo del alma: eso es la memoria. No lahilera de imágenes, fijas en el suelo-sueño del instante. Sí el cuadro, la escena, la aparición mostrándose, brillando, dándose obsesivos, intempestivos, impositivos, en zigzags, brincando de atrás hacia delante y viceversa". En Zarandona la imagen de la tierra se torna, por momentos, en una visión de la propia subjetividad de los personajes. Al comienzo, ese "verdor omnímodo de los paisajes del País Vasco"; esas imágenes del mar, de las montañas, de los ríos y los árboles, ese "lugar que ahora es puro tiempo". Al final, la sabana, la vida y el amor de la sabana: "-Cómo explicártelo, coño: como un golpe seco que deja frío y como sordo y casi ciego y te hace sentir chiquitico y con unas ganas de llorar que no se te quitan_". En la novela nombrar la tierra o representar el paisaje parece convertirse en otra forma de nombrar el amor o en un intento de comprender el tiempo. Para ello, ningún otro recurso superior al del lenguaje de la poesía: "Porque la sabana no es desierto ni selva. Porque la sabana es sólo horizonte sin sustancia abriéndose siempre a otro horizonte (_) Una escama desleída de serpiente devorada por el tiempo. Un aire falaz, suspenso en el vértigo de la inmensidad (_) Un zumbido de ecos y más ecos, que son ecos del siempre lejano canto-llanto de un alcaraván. Una carne trigeña y tersa, como de sirena, cebándose con la carne de los adoradores de quimeras". El recorrido "por el mundo más bien abrupto" de la historia personal de Zarandona podría entenderse también como un intento de darle voz y forma a esas pequeñas y grandes historias con las que se construye la interioridad de un hombre o de una raza que, como ese viejo roble, Zarandona, rinde cuentas a la vida con un haber pleno de dignidad, más no exento de melancolía. Quisiéramos interrogarnos acerca de la pertinencia de pensar esta novela como una autobiografía. Si entendemos la escritura como un medio excepcional de reconstrucción o búsqueda de sí mismo y los préstamos que el texto hace del autor o de cualquier otro personaje o acontecimiento real como referencias que en el texto adquieren su propia densidad y trascendencia, no dudaríamos en afirmar que, ciertamente, estamos frente a una bellísima novela en la que Landa cuenta su vida y la vida de los seres que más ha amado Texto leído por la autora en la presentación de Zarandona, el 19 de noviembre en el Centro Vasco. |
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