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Gordos
Fedro Carlos Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fedro Carlos Guillén

Trabajos que ennoblecen

Hay trabajos que no haría ni borracho. Nunca, por ejemplo, sacaría beodos de un bar o sería policía de crucero (aunque un servidor y varios colaboradores de este noble semanario ya tenemos la figura adecuada). En contrario, existen empleos que suenan a una especie de paraíso terrenal; uno de ellos es el que tienen algunos investigadores y técnicos de la Universidad de Wisconsin. La chamba de estos pobres angelitos es probar miles de variedades de malta al año con el fin de determinar cuál será la que produzca cervezas que sepan y se vean bien. Estos resultados son enviados a la industria cervecera con el fin de que establezcan estándares para la producción de mejores chelas.

El laboratorio genera pruebas con variedades de cebada que han sido modificadas genéticamente para resistir las enfermedades que la afectan, como la de algunos hongos que llegan a producir pérdidas en las cosechas de miles de millones de dólares debido a que convierten la malta en una materia prima imbebible. En el laboratorio trabajan cuatro científicos y 20 técnicos en torno a una fábrica de cerveza con capacidad de 15 litros cuyo contenido recibe un llegue de cuando en cuando.

 

Visitas ilegales

Hacker es un término gringo que se usa para describir a aquellos que tienen la costumbre de introducirse de manera ilegal en sistemas de cómputo. Aparentemente esta variedad tecnológica moderna encuentra excitante el reto de traspasar las diversas barreras electrónicas que se interponen en su camino. Hace unos días el joven Eric Burns, un hacker cuyo nombre de guerra es "Zyklon", fue atrapado realizando una visita ilegal a las computadoras de la Casa Blanca. Este jovenazo enfrenta ahora una pena de 15 meses en el bote y la obligación de pagar una multa de 36 mil 240 dólares. Además le será prohibido tocar una computadora durante los tres años posteriores a su liberación. Burns, que entrará a la cárcel en cinco o seis semanas, dice que "no es para tanto" y dado que la pena le parece excesiva, se ha rehusado a delatar a dos compañeritos que andaban en las mismas prácticas.

 

Volar seguros

Cada que uno se sube a un avión trata de tranquilizarse bajo el argumento esperanzador de que es más fácil que le caiga un rayo a que la nave se derrumbe. Esta terapia se ha visto cuestionada por las recientes caídas de un avión de Egypt Air en aguas del Atlántico y la de un boeing de la empresa mexicana Taesa en tierras michoacanas. Nadie sabe a ciencia cierta por qué cayeron ambos aviones, siempre se asumen muy diversas hipótesis, una de ellas se relaciona con el equilibrio mental del piloto, como ocurrió en el caso del avión egipcio. En EU los pilotos se deben someter a rigurosos exámenes médicos y a pruebas de competencia realizadas por la Junta de Seguridad en el Transporte. Sin embargo, poco se hace en el ámbito psicológico. De hecho, si un piloto declara durante estas pruebas algún tipo de estado depresivo, lo más probable es que sea despedido, lo que provoca un efecto perverso, pues en consecuencia todos aquellos que reciben ayuda psicológica lo hacen en la clandestinidad. Yo no sé usted, querido lector, pero yo a la próxima me llevaré una prueba de Rorschach y pediré, en lugar de un whisky, que la sobrecargo vaya y lo aplique en el piloto. No vaya a ser el demonio

Fedro Carlos Guillén es biólogo, con doctorado en Ciencias por la UNAM.

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