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¿Un nuevo Nuremberg?

Luis T. Díaz Muller

La historia oficial, Plata Dulce y La deuda interna, mostraron con realismo cinematográfico los dramas humanos de una Argentina sumida en un neoliberalismo salvaje, caracterizado por la corrupción y la pobreza de los dos periodos del menemismo.

La globalización, no podía faltar, está cambiando el rostro y la conducta del Estado y la sociedad civil. La identidad cosmopolita del propio ser humano, cibernauta y mediático, robotizado por el pensamiento uniforme de la globalizacion, se ve enfrentado, como El difunto Matías Pascal, al anonimato de la sociedad de consumo, supermercado legitimador de la propia identidad individual, nacional y colectiva.

Los derechos humanos se ubican en el centro de la atención de este nuevo orden mundial incierto y nebuloso. El proceso al general- senador -con desafuero pendiente- Augusto Pinochet marcó un momento límite, un precedente fundamental, un parteaguas en el campo del derecho internacional de los derechos humanos al reconocer la legitimidad de la justicia española para juzgar al dictador por delitos contra la humanidad. El derecho transnacional, como lo expresara el profesor Philipp Jessup (Yale, 1956), plantea una ruptura de la soberanía nacional-judicial, en la medida que reconoce la existencia de situaciones internacionales que deben ser conocidas por tribunales situados más allá de las jurisdicciones nacionales.

El tribunal de Nuremberg y Tokio (1946-1947) confirmó esta legalidad y legitimidad al procesar a los principales criminales de guerra de la Alemania nazi y de la marina japonesa: crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, crímenes contra la paz. Esta extraterritorialidad de la justicia internacional -porque ahí está la clave del asunto- es desconocida por la Audiencia Española, el presidente Aznar -de oscuro comportamiento-, el presidente Menem y el gobierno argentino. Sin embargo, estamos ante un nuevo escenario político-jurídico en el cual el Tribunal Especial para Ruanda, la antigua Yugoslavia, y el proyecto de Roma para la creación de un Tribunal Penal Internacional Permanente (julio, 1998) establecen claramente la jurisdicción y la acción de un derecho internacional renovado, con cortes internacionales y una cierta globalización de la justicia.

La "Operación Cóndor", la transnacional del terror, encabezada por el general Manuel Contreras desde Chile, se extendió a Paraguay, Argentina y Europa. La barbarie de la "guerra sucia", de los tiempos del Proceso, como se designa en Argentina al periodo de la dictadura militar del general Jorge Alberto Videla, que derrocara a Estela Martínez de Perón (marzo, 1976) y a su consultor-gurú, Laureano López Rega, y los dineros de los manejos sucios, la especulación, con el visto bueno del general Perón, desde su descanso de Puerta de Hierro, Madrid. El general Videla, triunfador del Mundial de 1978, dio paso al general Leopoldo Galtieri, el "héroe de las Malvinas", y la complicidad absoluta del almirante Emilio Massera, decano del Centro de Tortura de la Escuela de Mecánica de la Armada.

Los crímenes contra la humanidad son permanentes, imprescriptibles, de jurisdicción universal, delitos continuados donde no es posible aplicar "ni el perdón ni el olvido". La propia creación del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Viena, 1993) y ciertos procesos terminan de confirmarlo: Nuremberg y Tokio, proceso y condena de Klaus Barbie, el "carnicero de Lyon", juzgado y sentenciado. El proceso a Adolf Eichmann (Jerusalén, 1962), que trabajaba en la FIAT de Buenos Aires al amparo de un nuevo pasaporte y de la Operación Odessa.

En fin, la detención en Londres del "paciente inglés" enturbia las presidenciales en Chile del próximo diciembre. En Argentina, la Doctrina de la Seguridad Nacional y del Terrorismo de Estado, con claros designios geopolíticos, a pesar del tambaleante Mercosur, se ensañó con la sociedad civil: ¿un Estado sin nación?

La amnensia política y humana no puede justificar la impunidad. El auto de procesamiento dictado por el fiscal Garzón, a pesar de la oposición del gobierno y de las magistraturas argentina y española, plantea un serio desafío al nuevo gobierno del presidente De la Rúa. ¿Por qué proceden los crímenes contra la humanidad en el proceso Pinochet y, por supuesto, por qué no van a proceder en el caso argentino? Estamos en vísperas del siglo XXI, ante un nuevo tribunal de Nuremberg

Luis T. Díaz Muller, abogado, es profesor de Derecho Internacional y Derechos Humanos e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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