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¿Es Cárdenas el mejor candidato?
David Cervantes Peredo

 

 

 

 

 

 

No. Es un militante
de la antipolítica

José Carlos Castañeda

Se ha dicho que la virtud política de Cárdenas es la tenacidad. Incluso fue intransigente en su lucha contra el sistema político que su padre perfeccionó. La tenacidad no es una virtud menor. Sin embargo, me pregunto si en este momento es la virtud que hace falta en la vida pública. La transición democrática ya terminó. Hoy vivimos en un incipiente régimen de partidos, pluralista y con tendencia a una democratización abierta y participativa. Es tiempo de consolidar lo logrado. Es tiempo de la normalidad democrática y la consolidación de la competencia partidista. Cárdenas y su tenacidad opositora están de más. De hecho, ya no existe lo que durante años se llamó oposición. Y esa es una de las razones del fracaso de la ilusoria alianza opositora. Se acabó el régimen de partido hegemónico, y con él se fue la llamada oposición única a ese tipo de gobierno. Cárdenas es el misionero de ese pasado oposicionista que ha dejado de ser una alternativa. Su estrategia consistió en hacer de la antipolítica el discurso retórico de la oposición. Dedicó una parte importante de su carrera como caudillo opositor a desprestigiar los arreglos y la negociación política como mecanismo legítimo para resolver y dirimir las diferencias de opinión y de intereses. Propuso la confrontación como la táctica más redituable para avanzar en sus posiciones electorales; antes que la negociación y el acuerdo prefirió el enfrentamiento y la protesta. Su ánimo tenaz hizo de la intransigencia política y el caudillismo una réplica del presidencialismo autoritario. Hoy sobran caudillos desesperados por alcanzar la Presidencia y faltan políticos modestos que busquen la vía del diálogo y el respeto de los acuerdos y la legitimación de la negociación como forma racional de la democracia.

Estoy convencido de que si queremos vivir en una democracia pluralista efectiva y eficiente, la negociación y la conciliación serán norma de conducta para los partidos, los políticos, el gobierno y los ciudadanos. La caza de brujas, la búsqueda del conflicto y la protesta intrasigente no son la fuerza del cambio. Hoy hace falta aprender a construir pactos y negociaciones exitosas. Sobre todo hace falta aprender a cumplir con los pactos. En otras palabras, falta responsabilidad política. Aprender a dirimir las diferencias en el diálogo. Cárdenas es un militante de la antipolítica.

No entiendo cómo será posible vivir en una democracia dividida con partidos que temen y repudian la negociación y los pactos. Hubiera sido interesante saber qué estabilidad democrática estaríamos construyendo si en lugar del escándalo, la pugna y la búsqueda del apocalipsis del sistema, hubieran prevalecido la responsabilidad y los pactos. Nuestro futuro democrático radica en una nueva cultura política, donde las formas de la conciliación, el acuerdo, la negociación y la convivencia entre los diferentes partidos sustituyan al culto de la guerra, donde sólo existen enemigos a destruir. Es preciso aprender una cultura de la pluralidad donde diálogo y concertación (ninguna palabra explica tanto ese repudio de la política como la de concertacesión) son modos de relación para evitar el conflicto y el enfrentamiento. Formas para destrabar los entuertos y construir las posibilidades de un nuevo régimen y el futuro de una gobernabilidad democrática

José Carlos Castañeda es editor de nexos.

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