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Una ética para internet
Antulio Sánchez
Es común que la discusión sobre los problemas y los efectos de Internet carezca de la información necesaria, así como de criterios claros de valoración. Esto se debe a que la Web, que para la mayoría de los usuarios es sinónimo de Internet, ejerce una fascinación casi mítica, capaz de suscitar entusiasmo y temor a la vez. El manejo fácil, el acceso aparentemente ilimitado al conocimiento y la flexibilidad comunicativa son los factores que respaldan esta idea. Pero también, determinados actos delictivos (acceso a datos secretos o privados, difusión de pornografía infantil, etcétera) tienen gran resonancia por su éxito público: los crímenes y actos inmorales satisfacen plenamente el interés de los medios de comunicación por el escándalo y la novedad, pero impiden una discusión a fondo. Además, la polémica pública sobre la red ha estado llena de prejuicios y, por eso, el tema concluye en una perspectiva maniquea: Internet es bueno o malo. Acceso desigual a la información, división digital Una ética sobre y para Internet toca aspectos de tipo social, económico e individual, además de las formas de acceso desigual a la información digital (de la división social en el acceso) y sus contenidos. El problema del acceso a la red se relaciona con barreras económicas, técnicas, socioculturales e interculturales. Debido a estas limitaciones, sólo una pequeña capa de la población accede a Internet (el asunto también alcanza a los países desarrollados). El problema de la "información para los pobres" contra "información para los ricos" toca también a los mismos conectados. Esto es así porque el acceso y uso de Internet se relacionan con las condiciones económicas, sociales y políticas, tanto a nivel micro (presupuesto para comprar una computadora equipada para conectarse a la red), como macro (las condiciones nacionales de infraestructura técnica y educativa necesaria). Es por eso que si bien el acceso universal constituye una condición indispensable para acceder a la red, no es suficiente. Las posibilidades de acceso a Internet se acompañaron de una gran comercialización, con lo cual se crearon nuevos mercados pero también nuevos problemas e injusticias a nivel social y comercial. En este contexto, la cuestión de la seguridad en las transacciones financieras es un tema razonablemente bien resuelto. El paso de Internet como un espacio sin fines de lucro a un medio manejado por el mercado no sólo crea nuevos problemas de acceso (los servicios extra y de suscripción) sino que influye decisivamente en la producción de contenidos y procesos de selección. Muchos críticos temen que más adelante Internet pase de ser un medio de extracción de información (pull medium) independiente y multifacético -que obliga al usuario a buscar activamente por iniciativa propia- a uno de imposición (push medium) orientado hacia el consumo, dependiente de las grandes corporaciones suministradoras de entretenimiento prefabricado e información convencional. Como parte de este proceso de comercialización se presentan algunos conflictos, como la discusión en torno a la publicidad electrónica (spamming) y las ventas por la red. Se teme una especie de "compra automática": dado que las situaciones de compra en la red no se han asimilado en el imaginario social, ello puede inducir a compras no deseadas. Sin embargo, el aspecto más importante relacionado con la comercialización se refiere a la influencia sobre (y la predeterminación) de las normas técnicas, de la infraestructura y los contenidos de la red en los procesos económicos. Otro problema es la enorme cantidad de datos disponibles en Internet mal estructurados y presentados al usuario como una inabarcable masa, anónima e irreal, cuya calidad es difícil evaluar. La complejidad, cantidad y arbitrariedad de la información puede llevar a la desorientación y agobio de los usuarios. Además, la inicial apariencia en la superficie de la uniformidad de Web y la velocidad del intercambio de los datos, dan la impresión de confiabilidad y autenticidad. En consecuencia, muchos usuarios adoptan una actitud acrítica en relación con los contenidos y, por ende, de la red en general. Según los niveles de formación, de competencia cultural, se presenta un abismo entre los conocimientos de quienes están en condiciones de servirse de Internet con capacidad y precisión como fuente de conocimiento, y quienes la ven como algo desordenado, arbitrario y difícil de entender. Así, el problema de la selección de informaciones benéficas y su transformación en conocimientos útiles es el desafío más importante. Selección, difusión y adaptación de la información: contenido digital La principal dificultad al elegir y transformar los datos en conocimientos relevantes radica en la contrariedad, hasta para usuarios competentes, de evaluar la veracidad y confiabilidad de los contenidos. Ello porque los indicadores de veracidad en Internet todavía no alcanzan el grado de exactitud y confiabilidad de los medios convencionales de comunicación. A esto se agrega que la interfase gráfica de la Web genera la idea de confiabilidad y autenticidad, dificultando la diferencia entre informaciones verídicas y relevantes, y las inventadas y falsificadas. El carácter hipertextual de la Web permite integrar contenidos variados, independientes de su veracidad, en una red de autorreferencias cruzadas, generando la impresión de una verdad documentada. En muchos casos, Internet no ofrece la posibilidad esencial para evaluar la veracidad, la atribución y la responsabilidad de los contenidos. La descontextualización que favorece el hipertexto agudiza este problema: una información coherente y válida en un determinado contexto puede ser usada para propósitos diferentes y hasta opuestos en otro contexto. De esta manera se crea una tendencia hacia la mezcla, imposible de desentrañar, entre realidad y virtualidad. Por eso es pertinente la formación y la competencia técnica complementada con un sistema de autoclasificación confiable. Hay que diferenciar entre los contenidos éticamente cuestionables pero legales, y los éticamente inaceptables e ilegales. No obstante, se puede hablar de tres formas principales. En primer lugar están los éticamente problemáticos, cuyo objetivo es atacar las normas y los valores de otros (incitar al odio, denigrar minorías y personas procedentes de otras culturas); en segundo término, están los propagandísticos que apuntan a la difusión agresiva e intolerante de ideologías radicales (extremismo político, fundamentalismo religioso, etcétera); en tercer lugar, están los violentos que desprecian la dignidad y la vida humana (imágenes deformantes, pornografía infantil). Estos contenidos son reprobados en la mayoría de las sociedades y están prohibidos. Por supuesto, estas formas se mezclan en la realidad, por lo que en muchos casos su clasificación resulta difícil. Este problema plantea un conflicto entre libertad de expresión y censura, obliga a una búsqueda de soluciones graduales, acordes con la situación. Los problemas de seguridad y el abuso de los datos están relacionados con los contenidos éticamente cuestionables. Por un lado, Internet permite copiar sin restricciones y obtener datos, juntar informaciones de todo tipo sobre los usuarios y vincularlas, por ejemplo, para elaborar un perfil de usuario. La digitalización facilita el acceso no autorizado y la manipulación encubierta de datos en gran escala. Estos elementos inciden en la necesidad de una protección eficaz del copyright y de la esfera privada, a través de restricciones de ingreso, "marcas de agua" digitales (esteganografía) y codificación de datos (criptografía). Por otra parte, la digitalización de la información facilita la difusión y manipulación no controlada de los datos; la ausencia de control en la publicación y la transferencia de datos comprimidos facilitan la difusión y almacenamiento rápido y anónimo de textos, imágenes y sonidos inofensivos; pero también de radicalismo político, pornografía violenta e infantil. En este contexto se presenta un conflicto ético entre la necesidad indiscutible de disponer de tecnologías de codificación contra el acceso no autorizado a determinados datos, y el uso de ellas con la finalidad de encubrir actividades cuestionables o delictivas. El problema de la fundamentación ética en la red Desde nuestras experiencias directas de vida nos acostumbramos a adjudicar las acciones y sus consecuencias a las personas, a quienes responsabilizamos por ellas. Esta responsabilidad tiene dos caras: toda persona responsable debe aceptarla y asumirla desde el principio, eventuales y posteriores reclamos intentarán hacerla valer; cuando algo anda mal, alguien tiene que rendir cuentas. En el mundo de las experiencias indirectas de Internet, esta ética de la responsabilidad personal no se da. La regla general parece ser: cuanto más compleja es una organización o sistema, menores y menos definidas son las responsabilidades. En Internet nadie parece tener alguna responsabilidad. La comunicación es el espacio donde las normas éticas cobran vigencia y se negocian. El fundamento de la comunicación se caracteriza porque quien decide participar sinceramente en un diálogo con la finalidad de llegar a un entendimiento, no tiene otra opción que otorgar a su socio de comunicación los mismos derechos de comunicación que reclama para sí mismo. Desde esta perspectiva, es posible derivar las normas de igualdad de participación en la comunicación y el respeto mutuo de la práctica cotidiana de la misma. A pesar de que estas normas de la comunicación entre personas no se pueden aplicar directamente a otras formas comunicativas, podrían servir como punto de partida. En el ámbito de la ética de los medios, las normas fundamentales de equidad y solidaridad se concretan en los derechos de la comunicación: las normas de libertad universal de expresión y opinión (mandato de tolerancia y diversidad), de libertad y equidad de acceso a la información (cobertura básica y disponibilidad), y de autodeterminación y atribución en materia de información (autonomía y responsabilidad). Estas normas se encuentran estipuladas en muchos textos legales -la Declaración Universal de los Derechos Humanos, diversas constituciones nacionales, leyes específicas- y pueden ser la base para una ética en Internet. El problema de la aplicación de una ética La práctica de una ética comunicativa en Internet se plasma en códigos éticos para individuos y medios que operan como referencia para los usuarios de la red. Cabe mencionar que los intentos de instalar gremios de autorregulación en la red para posibilitar una forma eficiente y autónoma a la vez de autogestión y autorregulación, no han cumplido con su objetivo, la mayoría terminan siendo grupos de presión empresarial más que órganos autónomos de autorregulación. Las normas básicas de la comunicación entre personas se manifiestan con mucha claridad en el caso de la comunicación privada; pensemos en las diferentes versiones de la netiqueta, los chat-policies y las formas de ayuda destinadas a regular los comportamientos en los chats o muds. Con frecuencia, el respeto a los demás, la participación equitativa en la comunicación y la reciprocidad son objeto y base de la comunicación, tanto en los foros y listas de discusión como en los debates en torno a los contenidos. No obstante, las normas cotidianas implícitas en Internet son eficaces para la comunicación entre personas, pero no para la regulación de la comunicación inmediata, ya que ningún participante en dichos intercambios está físicamente presente, por eso no puede ser llamado a rendir cuentas directamente. En más de un caso, la falta de recursos de expresión no verbal y paraverbal provocan una reducción de las barreras psicológicas y vuelven necesaria una regulación explícita orientada en principios éticos. En muchas áreas de la comunicación privada en línea, la sanción de normas éticas puede ser apropiada para hacer efectiva una orientación moral en la práctica. Sin embargo, subsiste el problema del anonimato y el carácter pasajero de los contactos; ambos facilitan, y hasta favorecen, actos cuestionables. Probablemente el establecimiento de relaciones más duraderas y confiables en la red podría contrarrestar esta tendencia. Lo mismo ocurre en el terreno de la comunicación científica: en los foros de discusión académica y de intercambio de conocimientos e información, las normas de la posibilidad de verificación, la reputación y la credibilidad resultan centrales y necesarias como el respeto del autor y la seriedad de la discusión. En teoría, la confianza para la comunicación depende del respeto de estas normas. Pero se debe tener en cuenta que el anonimato en Internet, la falta de vínculos institucionales y la generalizada ausencia de impedimentos para publicar tienden a facilitar la circulación de enunciados dudosos, falsos y pseudocientíficos, especialmente por los precarios controles de calidad. Un problema adicional se presenta con el creciente volumen de publicaciones académicas, que si bien en el formato convencional eran ya imposibles de abarcar, con la edición en línea esto alcanza dimensiones increíbles. Por ello se tendrá que instrumentar una regulación, así como un sistema mejorado y más diferenciado de selección y evaluación de publicaciones. También en el caso de la comunicación comercial se requiere de confianza como condición necesaria para el éxito de las transacciones en la red. Con la introducción de las tarjetas de crédito en Internet esa consideración se crea parcialmente gracias a algunos mecanismos de control. En ese sentido, interviene la comunicación empresarial, sobre todo la generada por los clientes, el marketing y la publicidad. Sin embargo, el ejemplo de los datos personales extraídos de la red y la publicidad demuestran que son contraproducentes cuando interfieren demasiado con la esfera privada de los clientes. La falta de respeto a los derechos en la comunicación se puede traducir en pérdida de confianza y, por consiguiente, en daños económicos o de imagen. Por esta razón, la privacidad y el spamming se han convertido en temas centrales de discusión en torno a Internet. En este contexto, se plantea como un problema adicional que en Internet, al igual que en la realidad, no se haya resuelto el conflicto entre la maximización de los beneficios y la justicia distributiva; en ambos casos la ética empresarial y comercial se plantean a menudo como simples técnicas para mejorar la imagen. Por consiguiente, una ética eficaz en el ciberespacio puede establecerse junto con una ética comercial eficiente También el tema de la comunicación masiva es un asunto delicado. Existen muchos servicios de información en línea de dudosa calidad: Internet puede ser una gran cocina de rumores (véase el caso Clinton-Lewinsky) que facilita la circulación de cualquier cosa. Para evitar la aplicación de una censura externa, lo mejor es una autorregulación según principios éticos, aunque es evidente la dificultad para llevarla a cabo. La auto-clasificación voluntaria y verificable de ofertas podría entenderse como un paso en esta dirección. Sin embargo, resultan problemáticas las clasificaciones de este tipo, que se incorporan también al soporte lógico de filtro para la protección de menores, porque tanto los criterios de clasificación como su confiabilidad pueden ser dudosos o difíciles de verificar. A raíz de la creciente presencia en Internet de publicaciones de contenidos disímbolos, quizá los medios "convencionales" puedan proporcionar una solución diferente al problema. En el nuevo contexto pueden cumplir la importante función de seleccionar la información con base en los criterios de reputación y credibilidad. Aunque hay que recordar la existencia de medios operando de forma exclusiva en línea que se han ganado la credibilidad a raíz de su práctica seria en la red (la ezine Enredados en España, el periódico San José Mercury en California y la revista Telepolis en Alemania). De esta forma, determinadas máximas de la ética periodística, tales como la orientación hacia la verdad, la crítica, la búsqueda y la elaboración responsable de la información y el respeto a la esfera privada se pueden implementar en Internet y fuera de la red. Posibilidades y límites de la autorregulación ética Una autorregulación con bases éticas descansa en la aceptación voluntaria de determinados valores y normas, pero esta forma de regulación es ineficaz. Por regla general, sólo se puede sancionar indirectamente, apoyándose en la reputación pública y la presión social. En muchos casos se complementan con la amenaza de la exclusión o la pérdida de la pertenencia (darle de baja en el PSI o en los foros de discusión). No obstante, la eficiencia fundamental de este mecanismo de regulación radica, justamente, en su carácter voluntario. La razón y la convicción pueden motivar determinados comportamientos y formas de actuar. Otro punto en favor de la autorregulación se refiere a su aplicación en áreas (parcialmente) fuera del alcance de otros mecanismos de regulación (tales como el derecho o el dinero). La ética no sólo debe regular los ámbitos que escapan a la influencia de otros medios de regulación; sino también debe evaluar estos medios en términos de adecuación y compatibilidad, teniendo en cuenta que la política, el derecho y el dinero no pueden reglamentar todo lo que en teoría se dicen que pueden abarcar. La importancia de la regulación política y jurídica radica en su capacidad de intervenir y ordenar las estructuras y procesos de la red para crear las condiciones generales que faciliten y regulen la actividad concreta de los usuarios. Pero un exceso de regulación legal convierte este punto en un elemento contraproducente, al competir con otras necesidades y valores. La censura es el ejemplo clásico, pues todo tipo de censura interviene en la libertad de expresión y opinión. Siempre será preferible una autorregulación ética que aplique sus propios criterios (éticos) internos para separar determinados contenidos problemáticos, antes que una intervención legal, por más que en ciertos casos concretos se repitan los conflictos. De la misma manera, el mecanismo del mercado no siempre resulta adecuado y puede llegar a ser contraproducente, cuando pasa por alto otras necesidades, valores y normas igualmente relevantes. Es sabido que una economía capitalista de mercado sin un elemento social fuerte deviene capitalismo inhumano. Debido a los procesos de integración de la comunicación a través de Internet, este hecho cobra renovada actualidad. El debate público con un fundamento ético acerca de los mecanismos del mercado y sus influencias y efectos sobre Internet resultan indispensables. La ética en Internet no representa una vía meramente teórica, sino una tarea práctica que debe ser asumida por cada individuo, las instituciones y la sociedad en general. Las posibilidades y límites de la ética en Internet radican también en la redefinición permanente de las propias posibilidades y los límites del debate concreto sobre la misma Antulio Sánchez es periodista, ha colaborado en diversas publicaciones. Correo: antulio@mailcity.com Este texto se publicó el día jueves 2 de diciembre de 1999, en la edición número 357 de la primera época de etcétera. |
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