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memoria Camacho: Genio y figura
Pablo Hiriart
Manuel Camacho ya lanzó su candidatura presidencial, y esto no tendría nada de relevante si no fuera por la catarata de contradicciones e incongruencias que representa esta nueva aventura del ex regente capitalino. La candidatura de Camacho surgió de la noche a la mañana: sin previo aviso ni preparación de la opinión pública. Simplemente decidió que iba a ser candidato a la Presidencia de la República. ¿Con quién lo consultó? O más precisamente, ¿quién lo eligió para ser candidato a la Presidencia? Las dos preguntas tiene una sola, lamentable y penosa respuesta: nadie. Camacho será candidato por el Partido del Centro Democrático, que él fundó luego de su separación del PRI en 1995, debido a la ausencia de democracia en las filas del partido gobernante. La verticalidad le provocaba náuseas y todo el sistema de toma de decisiones en el priismo le llevaron a declararse compadecido y al mismo tiempo comprensivo de los pobres militantes tricolores que debían seguir aferrados a la cultura de la línea aun cuando ella fuera en contra de sus convicciones. Ahora Camacho anuncia su candidatura presidencial sin que absolutamente nadie lo elija para esa alta responsabilidad. El mismo se nombró candidato presidencial. No hay ninguna información que nos hable acerca de las asambleas del PCD para elegir a su abanderado a la primera magistratura. Tampoco se conoce que se hubiera dado en ese partido algún tipo de discusión de los militantes sobre quién los representaría en la justa electoral del 2 de julio del próximo año. Vaya, ni siquiera se tiene conocimiento de que el Comité Ejecutivo Nacional del PCD haya dado un dedazo para lanzar la candidatura de Camacho Solís, por encima de cualquier aspiración de otros militantes de ese partido que cuenta con registro y financiamiento del Instituto Federal Electoral. Desde que fundó su partido, Camacho había desdeñado la posibilidad de ser candidato a la Presidencia porque, según decía, su candidatura le comería votos a la oposición y no al PRI, razón por la cual no era políticamente correcto que él se lanzara tras la silla presidencial. ¿Qué pasó? Camacho consideró que ahora lo políticamente correcto consistía en hacer exactamente lo contrario. Está en su derecho, pero... ¿a quién le consultó?, ¿en qué órgano de deliberación partidaria se debatió el asunto y se acordó girar 180 grados la estrategia política que se había enarbolado? Este cambio radical de postura no se acordó ni debatió en ningún órgano del PCD, sino únicamente en el cerebro de Camacho Solís. En su manifiesto, dado a conocer el domingo, Camacho le indica a los demás partidos de oposición cuál debe ser la estrategia para los próximos comicios federales. En el punto dos (de un total de tres), Camacho dicta: "Alianza práctica para asegurar la mayoría opositora en el Congreso mediante el apoyo, distrito por distrito y estado por estado, al partido que tenga la mejor posibilidad de competir y de ganar". Brillante: como fracasó una alianza, Camacho propone la realización de 300 alianzas. Si el PRD y el PAN no pudieron limar las diferencias entre dos figuras que pretenden el mismo cargo, Cárdenas y Fox, el ex regente cree que será posible superar las dificultades para que 300 candidatos en todo el país depongan sus ambiciones y dejen el paso a igual número de adversarios. Por último, Camacho dejaría de ser Camacho si no dijera lo que apunta al final de su manifiesto: "Mi candidatura pondrá a prueba el discurso del presidente Ernesto Zedillo a favor de la democracia y la libertad... Mi candidatura será el caso crítico que revelará la naturaleza del régimen y la verdadera posición de Francisco Labastida". Genio y figura, pues... Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica. |
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