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Banquete para cinéfilos

Patricio Cervantes Conde

Con un programa que incluye 14 películas y tres cortometrajes, la XXXIV Muestra Internacional de Cine se proyecta desde el pasado 19 de noviembre en 17 salas del Distrito Federal.

Como sucede desde hace algunos años, un clásico abre el suceso más esperado por los cinéfilos mexicanos. En esta ocasión el homenaje corresponde a Federico Fellini y sus Noches de Cabiria, filme que en 1958 obtuvo el Oscar como mejor película no hablada en inglés. Alejado de los tradicionales desfiles surrealistas, el director de La strada centra su narración en una prostituta que tiene la ilusión de encontrar en cada uno de sus clientes al príncipe que le dará una vida mejor.

En la primera semana se encuentran programadas, además, dos cintas estadounidenses: El honor de los Winslow (ver reseña) y Los últimos días, un documental del director James Moll. Esta producción contiene imágenes de archivo nunca antes vistas sobre el holocausto, donde cinco sobrevivientes húngaros relatan sus experiencias en los campos de concentración.

Como exponente del cine australiano se proyecta Alabanza, dirigida por John Curran. La fuerza de este filme independiente apunta a sus personajes llenos de vicios y promiscuidad, en el que se conjugan el amor con las limitaciones físicas. Cynthia (Sacha Horler), una mujer con una larga lista de amantes, adicciones y problemas, escoge a un asmático alcohólico como una especie de salvavidas emocional.

EU y Vietnam coproducen Tres estaciones, cinta dirigida por Tony Buil, director estadounidense de padres vietnamitas que, influenciado por un viaje a la nación asiática a los 19 años, entrega un filme íntimo y sensible lleno de fantasía, que en EU sería completamente incorrecto. Buil da un toque romántico a la prostitución y describe en forma pintoresca a la pobreza, a través de Woody, el niño que vende baratijas en bares.

La última película de esta primera semana de exhibición es La vendedora de rosas. Producción colombiana dirigida por Víctor Gaviria. Se trata de una cruda y sórdida fábula (campean prostitución, violencia, drogadicción y miseria) basada en el cuento "La vendedora de los fósforos", de Hans Christian Andersen. Al igual que en el cuento original, esta cinta se desarrolla en la víspera de Navidad, pero no son los fósforos sino las luces de bengala las que marcan el destino del personaje central. El director opta por la cámara en mano y el cine sin maquillaje para realizar una cinta muy emparentada con el neorrealismo italiano

Patricio Cervantes Conde estudió Cine en la UNAM y en la UIC.

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