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Raúl Trejo Delarbre

1 El nuevo rector

El nuevo rector tratará de encabezar a una universidad desarticulada, sin rumbo claro, víctima de una creciente devaluación social. La de hoy es, sobre todo, una universidad escindida y abatida.

Siempre en situaciones peliagudas, las dificultades que ahora experimenta la Universidad Nacional son, quizá, más acuciantes que nunca.

Las tensiones internas son parte de su naturaleza. Sin discrepancia no sería universidad.

Pero a los litigios domésticos, ahora la UNAM añade una quizá irreparable ausencia de objetivos y una inédita (en esta segunda mitad del siglo) animadversión por parte del poder político.

De ese tamaño son los obstáculos que el nuevo funcionario universitario encontrará en su camino hacia la rectoría

2 En el exilio

El sucesor de Barnés tomará posesión en el exilio. Secuestrada la universidad, el nuevo rector asumirá el cargo cuando se cumplan siete meses de una huelga absurda, extensa y a estas alturas extraviada por quienes la promovieron y aquellos que la han sostenido.

El nuevo rector despachará en las oficinas alternas que Francisco Barnés instaló muy cerca de Ciudad Universitaria, pero fuera de la sede por excelencia del gobierno de esa institución.

La Torre de Rectoría está cerrada, desde hace más de 30 semanas, por un grupo de huelguistas numéricamente pequeño pero que ha alcanzado una inusitada influencia política. La debilidad, el pasmo y la complacencia de sus interlocutores y otras fuerzas multiplicaron la presencia pública de los segmentos más radicales en el CGH.

Aturdido el gobierno federal a tal grado que el Presidente aseguró que en la UNAM la ley no podía ser aplicada, el secuestro de las instalaciones universitarias se ha extendido más de lo que nadie esperó. Han transcurrido siete largos y costosos meses y todo para nada

3 Cuotas, pretexto

La próxima semana, una vez que se haya instalado en sus oficinas provisionales y quizá cuando haya designado a sus principales colaboradores, el nuevo rector tendrá que consagrarse en alma y cuerpo a tratar de destrabar un litigio para el cual no tendrá todos los recursos.

No los tuvo Francisco Barnés. Ahora se dice, con tardía facilidad, que a ese doctor en Química le faltaron capacidad negociadora y ánimo conciliador. Se olvida que su propuesta para aumentar las cuotas pasó por todas las instancias de deliberación y acuerdo en la UNAM, desde los consejos técnicos de cada escuela y sistema, hasta el Consejo Universitario.

Pocas veces una iniciativa ha sido sometida a un consenso interno tan intenso como aquella modificación al Reglamento de Pagos. Sin embargo, el rechazo de un sector pequeño pero beligerante entre los estudiantes demostró, por una parte, que los mecanismos de representación interna en la universidad se encuentran gastados. Por otra, pudo advertirse cómo el de las cuotas era pretexto para iniciar un movimiento que, independientemente de su detonador, tenía el propósito de extenderse y proseguir por largo rato.

Tanto así que cuando el 7 de junio se aprobó la propuesta de Barnés para abolir el aumento en las cuotas, la huelga se mantuvo

4 Seguir la huelga

Los paristas no pelean por unos pesos más o menos, ni por reivindicaciones académicas. Sus dirigentes entienden a la huelga como detonador de movilizaciones sociales más amplias. Por eso están dispuestos a sostenerla el mayor tiempo que puedan, al costo que sea.

Enfrentar ese desafío era imposible solamente con los recursos de la razón o únicamente con el respaldo de los universitarios. El rector necesitaba que el Estado cumpliera con su obligación de aplicar la ley, una vez que se comprobó que la negociación era imposible, al menos en esas circunstancias, con los grupos que dominan la huelga

5 Reconstrucción

El nuevo rector tiene que hacer un esfuerzo para restaurar el frente interno y, además, restablecer la presencia pública de la universidad.

Lo primero exige reconocer el desgajamiento que experimentan las comunidades de la universidad y hacer lo posible para reconstruirlas alrededor de principios y objetivos académicos. El restablecimiento de la imagen de la universidad también demorará, si es que resulta posible, porque después de siete meses al menos alguna porción de la sociedad mexicana le ha retirado la confianza que esa institución había merecido.

Antes que nada el nuevo rector debe constituirse en interlocutor de los huelguistas, con propuestas capaces de resolver pronto y sin mayores desgarros la huelga que tanto le ha costado a la universidad y a la nación.

Será muy difícil, porque los paristas consideran que la renuncia del doctor Barnés ha constituido su mayor éxito en estos siete meses de huelga. Y quieren más.

Quienes desde el gobierno federal o el gobierno del DF promovieron esa renuncia, suponen que los grupos hegemónicos en el CGH son actores políticos capaces de conformarse con un triunfo de ese tamaño. Suponen que ahora querrán negociar con el nuevo rector.

No será así, o no será de manera fácil, porque tanta huelga para que caiga un rector es tan anticlimático como pírrico

6 Y el gobierno

El nuevo rector tendrá varios frentes de negociación. Debe crear puentes con los paristas más ultras y con los (mal) llamados moderados.

Además, tiene que restablecer un trato respetuoso pero estrecho con el gobierno federal: por muy grave que haya sido el agravio causado por la indiferencia del gobierno acerca de la crisis detonada por la huelga, la UNAM no puede romper con él.

Eso es fundamental. Pero si no busca afianzar su presencia entre los estudiantes no paristas y muy especialmente entre los académicos, el nuevo rector sólo habrá sido designado para encabezar la transición de la UNAM hacia una inevitable extinción.

Ese reencuentro con sus comunidades requiere que la huelga termine. Y luego, exigirá del nuevo rector dosis de perseverancia y paciencia incluso superiores a las que ponga en juego para lograr la devolución de las instalaciones.

Necesitará fuerza. Será preciso que, aunque sea como elemento de persuasión, el Estado apoye al nuevo rector en su trato con los paristas. El dilema que el gobierno federal ha rehuido, no desapareció con la renuncia del doctor Barnés. El nuevo rector tendrá que exigir por todas las vías que cese el secuestro de la universidad. Y el gobierno, aunque le pese, tendrá que respaldarlo

Correo: rtrejo@mpsnet.com.mx

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