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memoria Las urgencias de López Obrador
Pablo Hiriart
El PRD ya tiene candidato al gobierno del Distrito Federal. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones internas de su partido fue tan contundente que dejó con pocas posibilidades de prosperar las impugnaciones de sus contrincantes. López Obrador calló con votos los reclamos de Pablo Gómez, Demetrio Sodi y Marcos Rascón, quienes pretendieron impedir su candidatura bajo el argumento de no cumplir el requisito de la residencia. Si ése es un impedimento constitucional para que en efecto pueda participar en las elecciones del 2 de julio del próximo año, el asunto quedará en manos de los juristas. En cambio, lo que resulta claro es que los perredistas capitalinos no dieron ninguna importancia al hecho de que su candidato sea tabasqueño sin residencia efectiva en la capital que aspira a gobernar. Eso es lo importante: lo demás son cuestiones técnico-jurídicas que deben ser despojadas de contenido político. Donde no hay tanta claridad es acerca de si la decisión de los perredistas del DF fue acertada como para que el electorado les brinde la oportunidad de seguir gobernando la capital. Según las primeras cifras de las elecciones primarias del PRD en el DF la abstención superaba 40% del padrón de ese partido. En efecto, López Obrador "barrió" en los comicios del domingo al computar alrededor de 76% de los sufragios en su favor, lo que significa que cerca de 106 mil personas votaron por él. Lo que es un dato alentador para López Obrador, no lo es para el PRD. Los votos que sacó el triunfador de esas elecciones apenas si le sirven para superar la votación que obtuvo el 7 de noviembre Silvestre Fernández Barajas, que obtuvo 65 mil sufragios. La votación total que alcanzaron los cinco aspirantes perredistas el pasado domingo fue de 143 mil sufragios, lo que ni siquiera significa la mitad de los votos que alcanzó quien llegó segundo en la contienda priista, Roberto Campa, con 309 mil sufragios. Los resultados para el PRD son evidentemente pobres. Las 143 mil personas que acudieron a las urnas son muy pocas junto a las 826 mil que fueron a votar por los candidatos del PRI. Esos números deben dejar fríos a los líderes de un partido que hace dos años arrasó en la capital con mayoría absoluta de votos. Era el PRD y no el PRI el que tenía en su mano los resortes para impulsar una votación masiva en sus elecciones internas, pero su poder de convocatoria y el trabajo del "aparato" partidista ligado al poder que detentan sólo les sirvió para que López aplastara a Demetrio Sodi y a Pablo Gómez, pero nada más. Las elecciones primarias del PRD en la capital no le van a servir para inyectar un renovado ánimo a su militancia, como sí le sirvieron al PRI para reposicionarse ante el electorado capitalino y ver con optimismo la prueba de fuego que tendrá lugar en julio del próximo año. Es difícil saber qué pesó en el electorado perredista para no acudir a votar. El desencanto es evidente y puede estar conectado a la mala gestión de gobierno realizada por Cárdenas en los dos años que estuvo al frente del DF. Puede ser también que sumado a lo anterior exista un desánimo natural derivado de la falta de liderazgo en el PRD capitalino: ninguno de los aspirantes que contendió el domingo pasado brilla por sus ideas, por su presencia pública o su popularidad. El ganador ya había dejado en el abandono a su partido cuando renunció a la dirigencia nacional del PRD, lo que provocó se convocara a elecciones de manera anticipada con las consecuencias por todos conocidas. A López Obrador no le importó dejar a la deriva a su partido a nivel nacional, pues le urgía irse a "reorganizar el partido" a Tabasco. Y, de pronto, dejó a su partido en Tabasco porque le entró la urgencia de regresar al DF a gobernar a quienes aquí vivimos. Ya ganó la candidatura interna, pero será muy difícil que ese paso tenga el suficiente vigor como para cumplir su cometido Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.
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