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por los caminos de sancho

Hora del PRI
Optó por la elección abierta

Renward García Medrano

¡Bien estás en el cuento! Ahora me falta rasgar las vestiduras, esparcir las armas, y darme de calabazadas por estas peñas, con otras cosas de ese jaez, que te han de admirar.

Hay una explicable expectación por lo que ocurrirá el próximo domingo 7 de noviembre en la elección interna del candidato del PRI a la Presidencia de la República. No sólo se especula sobre quién, entre Labastida y Madrazo, será el vencedor, sino sobre cómo reaccionará el que resulte derrotado e incluso qué harán Bartlett y Roque.

Se entiende el interés de la clase política en este proceso, no sólo porque el PRI sigue siendo el partido mayoritario, sino también porque es posible que su candidato presidencial gane la elección del año 2000 e incluso que los priistas recuperen el gobierno del Distrito Federal y una parte de lo perdido en las cámaras legislativas y la Asamblea capitalina.

Sin embargo, no son pocos los políticos y analistas que parecen estar equiparando el proceso interno del PRI con el viejo ritual del "dedazo". Priistas y no priistas discuten acaloradamente si Labastida es o no el "candidato oficial" y si es creíble o no la imparcialidad del presidente Zedillo, reafirmada una vez más en su discurso ante la dirigencia formal de su partido el pasado domingo 24 de octubre.

No sería ocioso recordar y tener presente en el análisis que la importancia del sistema del "dedazo" y el "tapado" radicaba en algo que ya no existe: el candidato del PRI a la Presidencia de la República era prácticamente el sucesor del Presidente en funciones y lo mismo ocurría con la mayor parte de las gubernaturas de los estados y las diputaciones y senadurías. Hoy, supongo que nadie lo duda, los candidatos del PRI al cargo que sea son sólo eso, candidatos, y nadie puede asegurarles el triunfo, como ha ocurrido en varios estados de la República y como todos sabemos que ocurrirá en las elecciones del 2 de julio del 2000.

Esta precisión es importante, porque el PRI, como cualquiera de los otros partidos, tiene toda la libertad para designar a sus candidatos como mejor le parezca, y los resultados de esa selección dependen de las fuerzas reales, democráticas o no, que operen dentro de cada partido.

Vicente Fox, panista heterodoxo por decir lo menos, se impuso como candidato presidencial al partido democrático por excelencia, el PAN, debido a que el poderoso grupo de interés autonombrado "Amigos de Fox" financió la larguísima campaña que lo "posicionó" como candidato indiscutible de Acción Nacional, al grado de que por primera vez en la historia de ese partido, habría sido imposible el triunfo de otro precandidato y, peor aún, si el PAN le hubiera negado la candidatura a Fox, habría tenido que pagar con una ruptura más grave que todas las del pasado y Fox, apoyado en el membrete de cualquier partido pequeño, habría tenido más votos que el candidato panista.

No es menos claro que el PRD tenía que postular a Cuauhtémoc Cárdenas porque es el único capaz de mantener unidas a las distintas facciones perredistas, con excepción de la de Porfiio Muñoz Ledo, cuyo peso específico en el seno del partido no es significativo en términos de votos, aunque es de la mayor trascendencia desde el punto de vista moral y del prestigio y congruencia del partido. Como lo habría hecho Fox, Porfirio competirá con un membrete y será un candidato muy incómodo para Cárdenas, aunque difícilmente logrará una masa de votos superior a la del ingeniero, pues a diferencia de Fox, no cuenta con una estructura paralela que lo haga posible.

En esta lógica, el PRI podría haber seguido con el "dedazo" sin violar con ello ley alguna ni incurrir en la inmoralidad. Optó por la elección abierta, porque una parte sustancial de la militancia y los cuadros medios y operadores, se opone al grupo amplio que llegó al poder en 1982 y a la política económica prevaleciente desde entonces. Los políticos tradicionales prefieren creer que fueron los "tecnócratas", y no su propia incapacidad para entender el mundo de hoy, la causa de su marginación del poder.

La elección interna del PRI es entonces una medida necesaria para tratar de evitar una escisión, aunque aún falta que el proceso sea legitimado por los perdedores, especialmente por el precandidato que quede en segundo lugar, y que la violencia verbal entre los aspirantes no haya permeado tanto a los cuadros medios y operadores como para impedir su reagrupamiento para la campaña política que culminará con las elecciones del 2000.

En todo caso, el método de selección de candidatos es asunto de cada partido y, como lo demuestran el PAN y el PRD, no necesita involucrar a toda la militancia para que tenga validez política y moral. Lo que tendrán que resolver los priistas después del 2000 es si en circunstancias políticas ahora impredecibles, les conviene o no adoptar la elección abierta como método permanente para elegir a su candidato presidencial. En mi opinión, esta vez era indispensable, pero el riesgo que entraña puede no ser recomendable para el futuro.

Renward García Medrano es periodista.

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