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La mano de Dios

Pablo Hiriart

Cuando algo está destinado al fracaso o su fin trágico parece inevitable, y de pronto por un azar inesperado la suerte cambia, los creyentes suelen decir que fue "la mano de Dios". Incluso a Diego Armando Maradona se le llegó a perdonar que en la Copa del Mundo de 1986 metiera un gol ilegítimo que eliminó a la selección de Inglaterra, porque se dijo que fue "la mano de Dios". Lo malo se vuelve bueno, lo impuro se purifica y lo pecaminoso se troca en divino por la intervención de "la mano de Dios".

En política también suelen darse estos fenómenos de limpieza mágica de lo maligno, gracias al contacto con la fuente purificadora de pecados. Así, Marcela Bodenstedt puede estar al servicio del mal si es descubierta en una relación cariñosa con José Córdoba Montoya, o puede ser una simple ciudadana que no merece mayor atención si se pasea del brazo de un senador del PRD.

Hace algunos años en México se hizo público lo que a la postre sería el mayor escándalo sentimental de la década. El ex jefe de la oficina de la Presidencia José Córdoba fue descubierto en una relación en extremo cariñosa con Marcela Bodenstedt, quien había sido acusada de pertenecer a un cártel de drogas. Bodenstedt fue perseguida con un escarnio brutal por los medios de comunicación, especialmente los cercanos al PRD, y legisladores de ese partido exigieron una y otra vez su aprehensión para establecer a través de ella el vínculo entre el narcotráfico y Los Pinos.

Esta mujer tuvo que esfumarse de la ciudad, seguir un tratamiento psiquiátrico para sobreponerse a una persecución tan fuerte y se ocultó de los reflectores para evitar que el escándalo siguiera y poder rehacer su vida privada.

Pero hace unos días reapareció en la escena pública y los medios que anteriormente se ocuparon de ella ocultaron el asunto o lo tomaron con generosa naturalidad, sin promover ninguna opinión ni asombro por su regreso. Quizá así debió haber sido siempre, pues nadie tiene derecho a ser molestado en su vida privada. Pero si somos sinceros lo que ocurrió en Acapulco no fue un acto de contrición del perredismo ni la reparación de algún error.

Bodenstedt apareció ante la prensa del brazo de dos prominentes figuras del PRD: el senador Cuauhtémoc Sandoval y el actual secretario de Gobierno en Zacatecas, Raymundo Cárdenas.

Marcela tuvo suerte, pues fue tocada por "la mano de Dios", y su expresión política: el PRD. Pero no es la única agraciada con esa facultad divina del partido del sol azteca; la lista es larga y habría que encabezarla con todos los priistas que cuando estaban en su partido eran catalogados de corruptos y vendepatrias, pero de la noche a la mañana se convirtieron en heraldos de la democracia y el nacionalismo por el solo hecho de haberse pasado a las filas del PRD.

La intervención telefónica que siempre fue denunciada por la izquierda como un instrumento ilegal y atentatorio de las libertades civiles se vuelve positiva cuando quien la usa es, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador.

Citar por la vía judicial a reporteros para que revelen la fuente de sus informaciones siempre se consideró una monstruosidad. Pero de pronto esa práctica ya no se considera mala, y ni siquiera la impugnan los medios de comunicación. ¿Por qué? Porque la realiza el gobierno del PRD. Ya está purificada.

Usar los faxes de oficinas públicas para cuestiones partidistas era un asunto malo cuando lo hacía Hank. Pero si el gobierno perredista los utiliza para distribuir propaganda con ataques a medios de comunicación que no le son afines entonces no hay problema.

Lo mismo con la leche, los frijoles, el aceite y demás artículos que venden los diputados perredistas. Cuando lo hacen otros es medrar políticamente con el hambre del pueblo. Cuando lo hacen ellos es un sólido compromiso con el abasto popular. Por eso, aunque el PRD no tenga el apoyo popular en las urnas, nadie puede escatimarle méritos: tienen la mano de Dios.

Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

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