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La igualdad: ¿Cuotas u oportunidades?
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La igualdad: ¿Cuotas u oportunidades?
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Dejar de ser el segundo sexo
Lutero decía que "una mujer nunca es su propia dueña"

María Esther Espinosa C.

¿Cuáles son los progresos que en los distintos terrenos de la vida social y políticahan logrado las mujeres? ¿Cuál es su situación en este final de siglo? María Esther Espinosa echa una mirada hacia el pasado, hace una evaluación del presente, y pone en la discusiónlos desafíos que ese sector de la población deberá enfrentar en el futuro. Asimismo, Lenia Batres y María Emilia Farías escriben en torno a si la igualdadentre sexos tiene que ver con cuotas u oportunidades.

Hablar de la lucha y los triunfos de las mujeres en todos los terrenos, así como de los retos que deben enfrentar para el milenio entrante, parecería un lugar común; sin embargo, es necesario hacer una pequeña evaluación del presente, volver la mirada hacia el pasado para esperar y enfrentar los desafíos del futuro.

Porque si bien es cierto que durante la segunda parte del siglo que está por terminar se han observado grandes progresos en distintos terrenos de la vida social y política de las mujeres en casi todos los países, también lo es el hecho de que el avance no ha sido igual.

En las naciones desarrolladas aportan más de 40% de la fuerza laboral y han ganado grandes espacios políticos y económicos; en contraste, en los países en vías de desarrollo su contribución va de 10 a 20%, comparativamente con los hombres el nivel alcanzado es mínimo. No se goza aún de la totalidad de los derechos políticos, legales, económicos, sociales y de igualdad sexual.

No obstante que las mujeres representan 50% de la población, un tercio de la fuerza laboral y realizan cerca de dos tercios de todas las horas de trabajo, reciben solamente una décima parte de los ingresos del mundo y son dueñas de menos de 1% de la propiedad mundial.1

La condición de la mujer en México no es distinta a la del resto del mundo, constituye más de la mitad de la población (46.2 millones de habitantes), trabaja por lo menos el doble, la remuneración que recibe no siempre es la misma que la del varón. Existe también la segregación y discriminación, se le relega a labores de bajos salarios y categoría, y cuando realiza el mismo trabajo que el hombre se le paga de 30 a 40% menos.

Es una lucha que no ha terminado, apenas comienza y es uno de los grandes desafíos que debe enfrentar como género humano porque -a pesar de que ha logrado traspasar algunas fronteras y ha salido de su espacio doméstico para conquistar el político y el público- persiste la ideología (patriarcal) que le impide una realización total en todos los campos.

La vida en las ciudades ha representado nuevos retos. Se abrieron las posibilidades de acceso a la educación, a la salud y al empleo, de las que se carecía -y se carece aún- casi por completo en la vida rural. En el campo, la pobreza es más generalizada y los patrones de comportamiento, mitos y creencias de la superioridad del hombre cobran mayor fuerza, privando así a la mujer de nuevas oportunidades y defensa de sus derechos.

Cada vez crece el número de hogares sostenidos por una mujer. En 1990 eran alrededor de tres millones, que representan 17% del total de hogares del país. No sólo su labor fuera de la casa sino la doméstica también, es decir, carga con el peso de la doble jornada. En una de cada tres familias sólo aportan parte de sus ingresos; en uno de cada cinco hogares su contribución es la principal y en una de cada diez familias su sueldo es el único que entra a la casa.

En relación con los años 70, su participación en la actividad económica se ha incrementado en más de 33%. Sin embargo, comparativamente con la del hombre es menor. En 1993, de cada 100 varones 79 eran económicamente activos, en tanto que sólo 33 de cada 100 mujeres lo eran.

Otro de los desafíos para el siglo entrante es luchar por ganar mayores espacios, mejorar las condiciones de género, contra la discriminación y asumirse como mujer, porque culturalmente cuando llega al poder actúa igual que el hombre. "En la historia no ha habido un ejercicio del poder precisamente femenino. Si revisamos las conductas que como gobernantes o jefes de Estado han tenido grandes figuras femeninas, encontramos por lo general que se comportan como jefes de Estado".2 Por ende, no llevan a cabo programas para favorecer a su mismo género.

Su actuación no cambia, una vez en la cima responden a patrones sociales, ideológicos y políticos de la organización que representan, parte importante para su ascenso, por lo que si ese organismo no plantea propuestas reivindicatorias de las demandas femeninas difícilmente aplicarán medidas al respecto. En un mundo regido por hombres, es natural que las mujeres actúen de forma masculina.

Para la investigadora y politóloga Jacqueline Peschard, cuando ocupan un alto cargo de gobierno no tienen como prioridad a la mujer: "Todavía sigue siendo un asunto que no pesa como la cuestión de los hombres, porque la cultura sigue teniendo a las mujeres en un lugar secundario. Este es un factor que determina que no se hagan políticas en ese sentido. Se hacen a partir de diversas consideraciones como los intereses económicos, de grupos o la capacidad de opinión, entre otros".

No se asumen como tales; por la misma formación cultural no existe solidaridad entre ellas, "viven dispersas entre los hombres, sujetas por el medio ambiente, el trabajo, los intereses económicos o la condición social, a ciertos hombres",3 aseveraba Simone de Beauvoir en El segundo sexo en 1949 y pareciera que aún está vigente. Lograr esa solidaridad manifestada sólo en momentos difíciles es otro de los retos que como género tiene que enfrentar la mujer para el milenio entrante.

La mujer ha tenido que rehacer su propia historia y analizar que llegar al lugar que actualmente ocupa no fue gratuito, existió una lucha de por medio que aún perdura, como permanecen (aunque no en la misma medida) los prejuicios y la discriminación. Dice Marcela Lagarde: "En la cultura patriarcal la mujer se define por su sexualidad frente al hombre que se define por el trabajo".4 Mentalidad que con el trabajo conjunto se debe cambiar.

La mujer ha estado presente en todos los momentos históricos de las naciones, no sólo como creadora de vida sino como ente activo. En un principio las que destacaban eran casos aislados, actualmente no existe sitio donde no hayan llegado: presidentas, ingenieras, arquitectas, albañiles, pintoras, carpinteras, pilotos, karatecas y hasta choferes, entre otras profesiones y oficios. No se puede negar que los logros han sido muchos, sobre todo después de los años 60, cuando cobra fuerza el movimiento feminista, y la mujer reivindica su derecho al trabajo, a la educación, a la sexualidad, a conquistar espacios destinados exclusivamente a los hombres.

A lo largo de toda la historia, un gran porcentaje de mujeres han sido víctimas de violencia sexual, en sus diversas manifestaciones, incluso dentro de la supuesta seguridad que ofrece la fortaleza del matrimonio. "Exaltadas por su maternidad se les repudiaba por el proceso que las convertía en madres; definidas y limitadas por su sexo, se les castigaba a través de su sexualidad mediante una amplia gama de técnicas diseñadas para que los hombres pudieran controlar todo su uso y destrucción de los cuerpos femeninos".5

La violencia intrafamiliar hacia las mujeres también está presente en todas las regiones, clases y culturas. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, no existen estudios completos sobre la violencia contra la mujer, pero algunos datos indican que entre 20 y 50% de mujeres encuestadas en diversas naciones, tanto desarrolladas como en vías de desarrollo, informaron haber sido golpeadas por sus parejas. El maltrato va desde el físico y mental, hasta la privación de las necesidades básicas y el abuso sexual.

En México, después de la formación de varios organismos no gubernamentales que prestan ayuda legal y psicológica a las mujeres maltratadas, así como la creación del Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar (CAVI) de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, se tienen más datos al respecto, aunque muchas de las víctimas prefieren callarlo. El maltrato comienza a echar raíces a muy temprana edad con la educación diferente que reciben los niños y las niñas. A ellos se les enseña a dominar con fuerza y a no mostrar signos de "debilidad", ellas aprenden a ser sumisas y dependientes. Uno de los mayores retos por enfrentar para el siglo XXI es dar un viraje total en la formación de los hijos, de no ser así, se continuará en el mismo tenor de siglos pasados.

Por ejemplo, a lo largo de la vida colonial e independiente de nuestro país, la Iglesia, el Estado, a través de la moral y sus preceptos, así como la educación y la legislación, solaparon la violencia sexual hacia las mujeres.

Las agresiones sexuales por parte de sus cónyuges constituye uno de los sucesos más reiterados en los archivos del ramo criminal de esa época. El uxorcidio -cuando el esposo mata a su mujer- fue considerado por la Iglesia y el Estado como una provocación por parte de las mujeres. Para las autoridades era más importante el control del orden social que la impartición de justicia. Increíble pero cierto: en algunos países dicha práctica sigue vigente; el hombre, por el solo hecho de sospechar que la mujer le es infiel, tiene el derecho de matarla y ser protegido por la ley.

Para el siglo XXI, la mujer tendrá que seguir luchando por su total libertad, por el derecho a hacer con su cuerpo lo que desee, dejar de lado la tutela del hombre, del Estado y de la Iglesia.

En el Medio Oriente militantes islámicos hacen campañas en contra de los derechos de la mujer, amenazando de muerte a las feministas. En China, India y otras naciones donde los hijos son todavía más valorados que las hijas, los avances de la tecnología médica -como el ultrasonido, que permite conocer el sexo antes del nacimiento- han provisto un nuevo medio de disponer de las hijas que no se quieren. Si no es varón, son presionadas para abortar.

En algunos países, como India, los prejuicios están tan arraigados que las mujeres prefieren la muerte antes que el divorcio. Además, tener un hijo varón les abre a los padres las puertas del cielo.

La lucha por liberar a la mujer se encuentra lejos de haber concluido. Es el gran desafío. En este siglo las nuevas tecnologías, los avances en el campo de la medicina y la generalización del fenómeno urbano han ofrecido a las mujeres libertades sin precedentes, pero también han traído consigo un factor contraproducente que ha permitido la utilización en su contra facilitando nuevas oportunidades para la "degradación y explotación, de nuevas formas de trabajos esclavos, nuevos ataques contra la vida y la esperanza".6

Esto nos remite a lo que Lutero decía: "Una mujer nunca es su propia dueña", argumentaba: "Dios creó al cuerpo de la mujer para que perteneciera al hombre, para que tuviera hijos y los criara".7 Es la misma mujer quien tiene que tomar conciencia de su condición y luchar por mejorarla, pasar por encima de los poderes que la someten: llámense tradiciones, costumbres, leyes y religiones.

Dejar de ser posesión del hombre y actuar y vivir con libertad, sin discriminación, es uno de los grandes retos que debe enfrentar la mujer para que el próximo siglo nadie vuelva a decir lo que escribió en 1529 un juez de la Nueva España a un amigo que tenía en Sevilla: "Si debes enviar mercancía, envía mujeres, pues constituye el mejor negocio en este país".8 No, la mujer no es negocio ni mercancía, es un ente pensante y actuante.

Para el siglo entrante, la mujer no debe jugar el mismo papel ni hacerse la víctima, sino trabajar constantemente para dejarle a las otras generaciones un mundo de libertad y de lucha junto con el hombre, como iguales y diferentes a la vez, alcanzar la igualdad no sólo de jure sino de facto, recordar que en el pasado no todas las mujeres vivieron como víctimas ni murieron como esclavas. Sería injusto e inexacto presentarlas como seres pasivos y derrotados ante las opresiones que sufrían. Evocar, por ejemplo, a Agnocide, contemporánea de Aristóteles -quien exponía la inferioridad innata de las mujeres-, consiguió penetrar en el mundo masculino del saber, vestida de hombre logró practicar la ginecología, siendo la primera mujer en la historia que se dedicó a ello. O como Sor Juana Inés de la Cruz, o Matilde Montoya, la primera médica mexicana, o María Sandoval Zarco, la primera abogada del país. Se podrían citar muchosejemplos, pero para muestra sólo unos botones.

Es necesario trabajar en todos los niveles porque, como se ha visto, es más fácil cambiar estructuras políticas y económicas que las estructuras mentales y han sido siglos de dominio y poder masculino donde la mujer ha estado subordinada al hombre, lo que ha provocado que hasta encuentre cómodas sus relaciones con el sexo opuesto. Ellas son un factor importante en la transmisión de las actitudes machistas a sus propios hijos. Ante un planeta en crisis se debe impulsar cambios racionales en la mentalidad tradicional, cambios dirigidos a una verdadera igualdad que beneficie a todos.

La reivindicación de la mujer va más allá de una guerra de sexos. Se debe dejar de buscar culpables y asumir una actitud diferente, pues la verdadera problemática reside en la misma mujer, en la autoaceptación histórica de ser marginada. El cambio fundamental depende de ella misma en lo individual. No reproducir esa conducta discriminatoria y alienante en la educación de sus hijos sino educarlos por igual.

La lucha femenina no es nada más el movimiento de mujeres organizadas que buscan intereses personales, sino el de una revaloración de la mujer de cara al nuevo siglo. Su papel es fundamental para el desarrollo humano, su función como núcleo de la familia la convierte en un elemento determinante para la formación de los nuevos individuos y, con ello, la solución de muchos de los problemas que aquejan al mundo: hambre, contaminación, guerra, pobreza extrema, erradicación de enfermedades, que exigen de su participación activa, sin la cual definitivamente lograrán resolverse.

"En los últimos 20 años, las mujeres hemos cruzado varias fronteras, de la marginalidad al poder, de la sociedad al Estado, de la protesta a la propuesta; nos hemos hecho visibles, además de llamar la atención sobre nuestros deseos, transformar la manera de ver al mundo. Hemos conseguido que tecnócratas, sacerdotes, presidentes y burócratas se conviertan en aliados y respetuosos adversarios".9 Son sólo algunos pasos que abren brecha para que las nuevas generaciones continúen en la lucha, porque la esperanza para el futuro, al igual que el triunfo del pasado, radica en la cooperación y complementariedad entre mujeres y hombres. El problema de la discriminación de la mujer apenas se está enfrentando y tiene que ser una tarea conjunta de gobierno, instituciones y sobre todo de la familia.

Notas

1 Almanaque mundial, México, Ed. Televisa, 1996.

2 Beatriz Paredes Rangel, "Algunas consideraciones sobre el ejercicio del poder y la condición femenina", en Seminario sobre la participación de la mujer en la vida nacional, México, UNAM, 1989.

3 Simone de Beauvoir, El segundo sexo, los hechos y los mitos, trad. Pablo Palant, tomo I, Argentina, Ediciones Siglo Veinte, 1985.

4 Marcela Lagarde, Cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, México, UNAM, 1990.

5 Rosalind Miles, La mujer en la historia del mundo, España, Ediciones Civilización, 1989.

6 Miles, op cit, p. 15.

7 Ibídem, p. 104.

8 Jean Franco, Las conspiradoras, México, El Colegio de México/FCE, 1993.

9 Sonia Montaño Virreira, "¿Abrimos la puerta a los suegros del feminismo?", en "Doble Jornada", 3 de julio de 1995.

María Esther Espinoza C. es Periodista.

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