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La belleza a subasta Fedro Carlos Guillén
Independientemente de los criterios estéticos que han permeado a lo largo de la historia y han hecho igualmente atractivas a una gorda bamboleante o a una rubia anémica, es un hecho que la búsqueda de la belleza es una de las obsesiones humanas más presentes. La vida contemporánea nos ofrece opciones muy diversas, como la de pedalear 40 kilómetros en una bicicleta fija o tornear el cuerpo al gusto ayudados por un señor que es médico y además millonario. El hecho es que el atractivo físico rifa e inclusive se asocia causalmente al éxito (desde luego, para aquellos badulaques que piensan que "éxito" es la capacidad de despedir tres mil gentes apretando un botón o usando una pluma que vale más que mi coche). Más aún, estudios psicológicos realizados en niños han mostrado que éstos responden de forma más positiva a ciertos patrones de características físicas (la gente guapa) que a otros. Todo padre que se respete desea que su hijo sea hermoso y no conozco uno que declare lo horrible que está su criaturita aunque la evidencia sea contundente. Claro que existen enormes muletas sociales políticamente correctas en las que se afirma que "lo importante es lo de adentro" o "que la suerte de la fea la bonita la desea"... Mentira. En tiempos premodernos no había vuelta; la carga genética de los padres era la que determinaba el futuro estético de un recién nacido; sin embargo, con el desarrollo de técnicas para asistir la reproducción todo ha cambiado y se han abierto resquicios para que los mercaderes hagan su agosto. Ron Harris, un fotógrafo que realizaba videos para Playboy, ha creado un sitio de Internet donde subasta óvulos fértiles de bellísimas modelos con el fin de que sean implantados en madres un poco más feonas y, de esta manera, se puedan producir criaturas que vengan a este mundo siguiendo un patrón de belleza adecuado. Para que usted, querido lector, se dé un ligero quemón, le informo que un óvulo en buen estado puede llegar a costar hasta 150 mil dólares sin contar con los gastos médicos. Al respecto no hay ningún obstáculo legal pero sí muchas voces que se han opuesto de inmediato argumentando que abrir estos mercados implica una devaluación de la vida humana, pues promueven un estilo de desarrollo basado en el aspecto y no en las ideas. Evidentemente estos idealistas nadan a contracorriente con el signo de los tiempos que han hecho del libre mercado y de la superficialidad una bandera. Justamente, Harris defiende su negocio bajo el argumento de que es un ejercicio de libre empresa en el que las bellas donadoras pueden obtener un beneficio sin hacer daño a nadie. De hecho, el argumento avanza más lejos y sostiene que si los padres tienen el dinero suficiente para pagar tutores privados o clases de tenis, podrían hacer comprar óvulos pensando en el mejor futuro para su prole. Nos encontramos nuevamente con una tendencia social permeada por grandes avances científicos; es evidente que los avances biotecnológicos han sido más rápidos que las reflexiones humanas acerca de su pertinencia ética. El hechoes que hay enormes vacíos legales y de reflexión sobre estos temas. Mientras tanto, los científicos siguen realizandohallazgos que en su expresión públicason fuente de controversia y, como en este caso, de dinero. Ojalá que estos debates se actualicen y ojalá también que todo aquel que compre un ovulito de miles de dólares sea castigado de manera irremediable por las leyes de Mendel y que su hijo, en lugar de parecerse a mamá que va por la vida en pasarelas, salga igualito a él, así aprenderá una enseñanza básica del libre mercado: toda inversión tiene riesgos. Fedro Carlos Guillén es biólogo, con doctorado en Ciencias por la UNAM y Fellow del programa LEAD-México. |
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