etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
águila y sol mañana tianguis libros
cultura espectáculos etcétera
columnas

por los caminos de sancho
Hora del PRI
Renward García Medrano

bahías
El 68 y el 99
Rafael Cordera Campos

guía de perplejos
Política nazi
José Luis Durán King

freakziones
Santitos
Patricia Peñaloza

 

 

 

 

 

nostalgia

El día D
Riesgos del PRI

Julián Andrade Jardí

El proceso electoral priista es un riesgo y una oportunidad mayor. Los organizadores de la jornada calculan que acudirán a las urnas alrededor de 6.5 millones de votantes, aunque las boletas impresas alcanzan la cifra de 16 millones. Los cálculos sobre electores potenciales se hicieron con el promedio de las últimas tres elecciones y tan sólo en papelería se gastaron 35 millones de pesos.

El PRI movilizará, entre funcionarios y representantes de los candidatos, a 400 mil personas, lo cual no deja de ser una muestra de la capacidad de convocatoria de un partido al que frecuentemente solemos dar por muerto. Los datos hablan por sí mismos: serán instaladas 64 mil 500 mesas receptoras, una muestra más que clara del tamaño del evento.

No es descartable, por lo demás, un escándalo mayúsculo, pero al parecer se crearon los candados adecuados para evitarlo.

Los comités electorales locales, por ejemplo, fueron integrados por consenso y los encabezan priistas respetados por los contendientes. Lo anterior es importante porque sería desastroso un fraude o que las cochinadas alcanzaran elevadas proporciones.

Lo que no está claro es cómo operará el priismo en el caso, remoto pero a fin de cuentas factible, de que el candidato vencedor lo sea con menos votos que su contendiente. Hay que recordar que el 7 de noviembre se realizarán 300 elecciones, pues el triunfo se medirá a partir de los distritos ganados.

El PRI se conoce, de ahí que las medidas de seguridad sean múltiples, con boletas foliadas y con la imposibilidad de votar en un lugar distinto al de la sección electoral que marca la credencial; además, por supuesto, de la utilización de tinta indeleble.

Soy de los que aún creen que las cosas pueden terminar con rupturas, pero es evidente que el nivel de la organización las dificultarán. Qué bueno. Supongo que a nadie conviene que el partido oficial se parta, con la incertidumbre que se crearía.

Con el paso de los meses y con lo ríspido de las campañas, con sus cargadas de por medio, debemos admitir que el PRI aún genera sorpresa y que será un serio competidor en el año 2000.

De salir las cosas como las imagina la dirigencia de ese partido, estaremos ante un candidato poderoso, con un nivel de legitimidad democrática que envidiarán sus contendientes. Sin duda las cosas pudieron ser mejores, pero creo que en ningún modo es malo que el PRI se haya abierto a la democracia, imperfecta, pero a fin de cuentas convocante de una militancia que existe y se expresa.

Dice Manuel Bartlett que la elección del 7 de noviembre puede darle voz al PRI, otorgándole independencia del gobierno. No se equivoca. Es tiempo de que el priismo adquiera una dignidad perdida en el dedazo y en el sometimiento. Con esto, sin duda, terminará por renovarse y por tener mejores candidatos, lo que más allá de posiciones servirá para nuestra tranquilidad institucional.

Queda, es cierto, el recuerdo de una contienda desigual en la que imperó el dinero, en la que las propuestas estuvieron ausentes en casi todos los candidatos, y en la que existió la predilección oficial por uno de ellos. Ahora es momento de esperar y de ver hasta dónde el PRI es capaz de sobreponerse a su historia y de encontrar un nuevo camino.

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores