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"¡Me voy!" Poeta exquisito, En mi interior siempre sigue latiendo un muchacho
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Alberti, poeta del siglo Francisco Umbral
Con Rafael Alberti se despide la Generación del 27, tras haber celebrado el centenario de Gerardo Diego, otro de los grandes en una generación singular por su densidad, por su longevidad y por el tono y el acento diferentes que trajeron a la vida española. Con ellos puede decirse que principia nuestro siglo XX, o nuestra verdadera europeidad. Alberti, como Lorca, se inicia en el costumbrismo andaluz, pero un costumbrismo estilizado hasta la poesía pura. Una tierra, un paisaje, un mundo tan espacioso y cerrado al mismo tiempo, tan denso como la plural Andalucía, gravita muy dulcemente sobre el poeta joven. Pero Alberti no se quedaría en ninguna clase de localismo (como tampoco Lorca), sino que es un poeta que participa como ningún otro en la historia y el tiempo: guerra de España, revolución soviética, vida viajera, compromiso, incardinamiento en todos los momentos del siglo. Primero se salva en el neoclasicismo de su libro A la pintura y luego es el poeta político de las revoluciones española y rusa, el existencial de El hombre deshabitado, el expresionista de El esperpento, el surrealista de Sermones y moradas y Sobre los ángeles, el memorialista de La arboleda perdida, el caminante de Roma que se reencuentra allí con su apellido italiano. En Alberti se da, pues, el poeta más cosmopolita de su generación, el poeta de la historia, el más "vivido", el más viajado. Su destino se asemeja más al de su amigo y correligionario Pablo Neruda que al de los otros hombres del 27, de vida más bien burguesa y estudiosa, incluso en el exilio. Lo que ha quedado entre el gran público es el poeta andaluz (a lo que él vuelve siempre, con poderosa fidelidad a los orígenes), pero Rafael Alberti también tiene algo de Blas Cendrars y de aquella poesía cosmopolita de los años 20. Sólo que en Alberti no se trata de un cosmopolitismo frívolo, sino de un exilio itinerante y un afán, muy de la época, de convertir el mundo en texto, por los cuatro continentes. Las grandes corrientes del siglo, que ya hemos enumerado, le atraviesan más que a cualquier otro de su generación. Gustaba definirse como "poeta en la calle". Poeta en el siglo, diríamos ahora, por la pluralidad de su peripecia biográfica, tenazmente cantada, fieramente contada. Tomado de El Mundo. |
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