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difusiones Política en TV
Francisco Báez Rodríguez
Cuando la campaña interna del PRI llega a su apogeo y empiezan a calentarse las presidenciales de los otros partidos, surgen en el espacio catódico nuevos programas de corte político. Tienen diferente calidad, público y pretensiones. El más relevante de ellos es Zona abierta, que se transmite los sábados cerca de la medianoche (aunque la hora oficial es 11:15) por el Canal de las estrellas de Televisa. Lo conduce Héctor Aguilar Camín. Se trata, esencialmente, de una versión remodelada de NexosTV, ligeramente más ágil y con un panel semipermanente de expertos. Ha tenido, en sus primeras emisiones, invitados importantes. Felipe González y candidatos y precandidatos a la Presidencia se cuentan entre ellos. Ha intentado ser plural en la composición de su panel, tanto en términos políticos como de género y ha producido algunos momentos interesantes. Sin duda, se trata de una muy buena opción para el sector del auditorio interesado en la cosa pública. Empero, a pesar de que lo produce el famoso Federico Wilkins, no ha podido superar el esquema de señores-que-hablan-de-cosas-trascendentes-alrededor-de-una-mesa. Eso hace que su capacidad para atraer al público no tan politizado dependa demasiado del invitado. Canal 11 ha presentado Primer plano, en el que ha destacado la presencia de Lorenzo Meyer y Carlos Castillo Peraza. En este caso se trata de debates más teóricos y, al menos los que yo conozco, en donde se aborda gran cantidad y variedad de temas, en donde no queda claro el hilo conductor. Lo que salva al programa es la inteligencia y los conocimientos de la mayor parte de los participantes. Televisión Azteca tiene En la línea de fuego, que conduce Eduardo Ruiz Healy. Es, de lejos, el más flaco de los programas, en términos intelectuales. Y también el de peor ritmo. Presenta, normalmente, a personajes de segundo o tercer nivel, pero se lleva un rato largo describiendo sus currícula. Ese rato es suficiente para que cambie de canal hasta Don Pasiflorino. El programa va en el mismo tono. Si Zona abierta está destinada a la parte del público en general más informada y politizada, Primer plano parece dirigido a una audiencia más especializada y acostumbrada a este tipo de programas y En la línea de fuego obedece más a intereses editoriales o de grupo que a una búsqueda seria del rating. Las dos emisiones primeramente reseñadas comparten algunos analistas. Esto nos lleva a cuestionarnos si en realidad hay tan pocos en el país. Y una característica común a los tres es la dificultad que tienen para presentar a alguien menor de 40 años (los ha habido, pero quién sabe cómo le hacen para aparentar ser "maduros"). Si bien hay un esfuerzo explícito en Zona abierta para evitar intervenciones demasiado extensas, en general los participantes de todas estas emisiones gastan mucho tiempo en armar frases complejas, que tal vez los hagan sentirse bien pero a muchos les cortan la atención. El año que se avecina asegura la continuidad de al menos los dos programas principales. La apuesta que deberán hacer es para el plazo inmediatamente posterior: la ganarán si pueden ser más ágiles e incluyentes_ o si se genera una efervescencia o un caos políticos que los hagan imprescindibles. Los ratings de noticieros Hace un año, Guillermo Ortega Ruiz tenía un dominio absoluto de la audiencia nocturna de noticieros, similar al de Zabludovski en sus mejores épocas. Ya no es el caso, terminó el encanto. Sigue estando muy arriba de Hechos del 13, pero la diferencia se ha reducido a ocho puntos de rating. Para complicar más las cosas, Hechos del 7 cubre seis puntos de rating y supera ya al noticiero de Lolita Ayala, que va de capa caída. En las mañanas, a pesar de que el programa de López-Dóriga es notablemente más denso que Hoy, ha tenido buena aceptación. Tiene seis puntos de audiencia, que son mucho menos de los que obtenía Ortega con En contacto directo, pero suficientes para rebasar ya, por una nariz, a Hechos de la mañana, una emisión más movida pero un poco caótica, entre otras cosas, porque no se sabe quién es el ancla, ya que Lomelí y Fregoso se quitan la palabra y se contradicen a cada rato. Eso, al menos, sirve para despertar a los desvelados. El caso es que, juntos, los noticieros matutinos de Televisa y Azteca tienen lo mismo que se llevaba, solito, Ortega Ruiz. Esto significa que menos gente está sintonizando la tv en la mañana que hace tres años. Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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