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cuentas claras
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Presupuesto 2000: Paradojas neoliberales Ricardo Becerra
La discusión económica más importante en lo que resta del año está en puerta: la definición del presupuesto federal para el año 2000. La Secretaría de Hacienda esgrime una pinza contable como argumento: existe presión para el gasto público, derivada de compromisos excepcionales (rescate bancario, censo, elecciones federales) y, al mismo tiempo, la Federación recaudará menos recursos por efecto de medidas tomadas un año antes. O sea: se necesita gastar más pero se recauda menos... típica paradoja debida a la irresponsabilidad de los antiestatistas y de los economistas liberales. Veamos. Hace un año, el PAN y el PRI tomaron acuerdos que determinan los límites de los que hoy se queja el secretario Gurría: 1) eliminar el impuesto especial al servicio telefónico, con lo cual se dejaron de cobrar 11 mil millones de pesos; 2) se reducirá la tasa al impuesto sobre la renta (sobre las ganancias) de 32 a 30% (unos seis mil millones de pesos), y 3) como consecuencia de los acuerdos comerciales con Europa, habrá una desgravación arancelaria que reducirá el ingreso del gobierno por unos 23 mil millones de pesos. Hagamos cuentas: la suma de estas cantidades nos arroja un gran total de 40 mil millones de pesos, una renuncia premeditada al ingreso del gobierno que representa casi 1% del PIB. Es paradójico que los de Hacienda ahora se quejen: han tomado decisiones y han tenido negociaciones que implican un achicamiento drástico de los ingresos del Estado, repito, por 40 mil millones de pesos. Ahora pasarán la factura al resto de la sociedad para pagar sus pactos, prejuicios y proyecciones econométricas. A todo esto llaman "rigideces". Además de que no podemos confiarnos en el precio del petróleo que puede descender, habrá una reducción muy importante en la captación monetaria del Banco de México, y los ingresos del Estado, vía privatizaciones, cada vez será menor (en el 2000 habrá que limitarse a la sola venta de aeropuertos). Es la paradoja de la que habla Paul Krugman: acotar, restringir el gasto del Estado (en pro del equilibrio y la macroeconomía sana) implica también acotar y restringir la capacidad de seguir impulsando las reformas estructurales, y equivale también a restar legitimidad al programa neoliberal. Una serpiente que se muerde la cola: quiere un Estado más pequeño, quiere menos gasto, pero por eso mismo se queda con menos recursos para administrar, para atender demandas crecientes. Así, la consigna gubernamental deviene: no tiene dinero, es necesario restringir el gasto, hay que recortar. Como vemos se trata de una típica profecía autocumplida: resulta aceptable reducir impuestos pero no se puede, es inviable, aumentar la recaudación. Algún día tendremos que discutir como adultos el problema del presupuesto, y asumir que no habrá Estado que cumpla con sus tareas sin un ingreso suficiente. Y que esto supone el peor escenario para los políticos del corto plazo: incrementar impuestos a toda la sociedad, sobre todo a los que más tienen, a cambio de un Estado que sepa cumplir con sus funciones. Tarde o temprano esa será una de las grandes definiciones nacionales que en estos años neoliberales (los años del infantilismo democrático) no se pudo, no se supo o no se quiso dar. Rigideces del presupuesto según Hacienda Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
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