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la granja Raúl Trejo Delarbre
1 Nueva línea De "la línea es que no hay línea", la posición presidencial respecto del PRI asumió el domingo pasado tonos más definidos. Ahora, dijo el doctor Ernesto Zedillo, "la única línea es la democracia". Podía haberlo dicho antes. Cuando un partido necesita que el gobernante al que llevó al poder le señale que su comportamiento es democrático, se debe a que antes no lo ha sido y a que requiere de la indicación presidencial para que llegue a serlo. Nadie ignora los métodos que durante tanto tiempo definieron al PRI como un partido autoritario. No había cauces ni reglas ni cultura democráticas en ese partido cuyas principales decisiones se resolvían en las oficinas del Presidente de la República. Ahora las cosas cambian o, al menos, tienen que cambiar si es que el PRI quiere ganar las elecciones de julio próximo. Sus propias exigencias internas y antes que nada la desconfianza de la sociedad, han llevado a ese partido a emprender una renovación que, si prospera, será histórica y no sólo en México. 2 Sobrevivirse Los partidos autoritarios, ligados estrechamente al Estado, suelen desaparecer, o son desplazados por organizaciones más frescas, representativas de los ánimos habitualmente más participativos de las sociedades modernas. En casi todo el mundo esos partidos han tenido que refundarse y en otros casos de plano han desaparecido. Si el PRI sobrevive a sus propios defectos -y la única manera es reconocerlos y abolirlos, de ninguna manera maquillarlos y tratar de olvidarlos- constituiría un caso excepcional de renacimiento político. No se trata de un partido del todo fracasado, pues sigue teniendo enorme presencia nacional y aún gana elecciones importantes. Pero su declinación también es evidente. Sobre todo, es palmaria la dificultad del PRI para competir en las nuevas condiciones de la política mexicana. La cultura del autoritarismo, con sus secuelas de clientelismo y manipulaciones, aún existe en todos los partidos. Especialmente, ha sido la clave de la hegemonía forzosa que el PRI ha ejercido durante tantas décadas. Esa cultura ya es ineficiente, aunque en ocasiones siga funcionando. Dentro del PRI, las unanimidades ya son escasas y las incondicionalidades de plano no existen. Mucho menos en torno a la candidatura presidencial para el 2000. Por eso, los priistas han tenido que prescindir del dedazo presidencial que ya no sería suficiente para construir una candidatura no sólo con respaldo oficial, sino además con las adhesiones suficientes en la estructura partidaria y en la sociedad. 3 Confrontación Las elecciones priistas del próximo 7 de noviembre son una prueba, difícil pero inevitable, para la reciente y aún inestable apertura de ese partido. Si el PRI celebra esos comicios sin desaguisados significativos y de ellosresulta un candidato presidencial avalado por votos ciudadanos pero sobre todo respaldado por el aparato del partido, incluyendo a los precandidatosperdedores, estará en la primera línea de la competencia rumbo a las elecciones presidenciales de julio. Pero si el desaseo de unos y el revanchismo de otros se combinan para que esos comicios queden señalados por irregularidades flagrantes, o por la sospecha de desaliño, habrán sido más costosos que útiles para los priistas. Entonces, los reproches internos agobiarían de tal manera al PRI que, para enfrentarlos, tendría que descuidar la confrontación con otros partidos. Ocupados en arreglar su propia casa, los priistas llegarían tarde, y mal, a las campañas electorales que los otros dos partidos nacionales ya han comenzado. Vicente Fox y Cuauhtémoc Cárdenas acumulan adhesiones (aunque tal vez lleguen pronto a su máximo nivel de eficiencia posible) mientras los priistas contemplan las rencillas entre sus cuatro precandidatos. El 7 de noviembre está a la vuelta del calendario. De hecho, este fin de semana señalará el fin de las precampañas, que luego entrarán en virtual suspenso por el inoportuno puente del Día de Muertos. De allí, a las urnas del domingo 7, faltarán unas cuantas horas. 4 Meditación Esas horas, escasas y tensas, acaso sirvan para que los precandidatos mediten acerca de la aventura política, atractiva pero incierta, en la que se han involucrado. Quizá algunos dialoguen con otros. En los días recientes se llegó a hablar de una alianza de los equipos de campaña de Manuel Bartlett, Humberto Roque y Roberto Madrazo para enfrentar un posible abuso de los partidarios de Francisco Labastida. Las aguas han estado muy revueltas en el PRI debido a la desigualdad de las campañas más modestas respecto de la abundancia de recursos que rodea a Labastida. El tono de sus rivales, especialmente en la campaña de Madrazo, ha causado tensiones quizá innecesarias. Sin estar acostumbrados a que la competencia interna ocurra de manera abierta, muchos priistas transitan del asombro al nerviosismo y de allí al desconcierto. 5 Tomar distancia Por eso el Presidente de la República tuvo que ir a decirles que, ahora, la línea es la democracia. De esa manera los miembros del PRI reciben un mensaje desde las cúpulas del poder que habitualmente han dictado el comportamiento de ese partido. La línea, ahora, es la apertura. El hecho de que haya tenido que decirlo de manera tan enfática, sobre todo cuando aseguró que él no tiene candidato, señala en qué medida el Presidente le sigue siendo indispensable al PRI. Allí sigue habiendo línea presidencial, aunque sea en favor del juego abierto. La indicación del Presidente ocurrió cuando parecía definido el apoyo del aparato del gobierno y del partido en favor de Labastida. El caso más obvio, y burdo, de supeditación a esa candidatura, lo había ofrecido pocos días antes el gobernador de Chiapas, Roberto Albores, quien según se dijo instruyó a los diputados locales (de muy soez manera) para que no pusieran obstáculos al respaldo oficial a Labastida. A éste no le faltan adhesiones, aunque las pocas estimaciones disponibles sugieren que su triunfo no sería tan contundente como pretenden sus propagandistas. Lo que más necesita es avanzar en la construcción de un perfil propio. Eso incluye, entre otras definiciones, tomar distancia respecto del actual Presidente de la República. Ese perfil, Labastida pudo habérselo procurado en el transcurso de la precampaña por la nominación de su partido. Como no pudo o no quiso ahora tendrá que hacerlo, si gana el domingo 7, ya como candidato presidencial priista. Acerca de todo ello podrán meditar los priistas en estos días de recogimiento e introspección. Correo: rtrejo@mpsnet.com.mx |
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