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Emergencia de largo plazo
Hace falta una gran convocatoria nacional

Rafael Cordera Campos

Vale la pena insistir en que lo que ha sucedido como producto de las inundaciones no se podrá resolver en el corto plazo. No es solamente un problema de números en cuanto a la solución sino, también, y sobre todo, de voluntad pública.

Muchos hombres y mujeres lo perdieron todo, incluyendo lo logrado por generaciones. El patrimonio familiar de mucha gente se lo llevaron las aguas y con eso también dejó de existir la esperanza, en los casos en los que ésta existió.

El estado de ánimo que esa situación provocó -y con seguridad seguirá provocando- no cambiará ni siquiera cuando el agua y sus efectos hayan desaparecido. Las migraciones de comunidades enteras se han iniciado, como lo han hecho saber los medios de comunicación. Las ciudades de Tijuana y Juárez lo están viviendo ya y en otras, como la de México, no tardará en sentirse.

No tengo la menor idea de cómo se podrá convencer a algunos funcionarios públicos de que la situación es una emergencia nacional, pero es algo acerca de lo cual hay que seguir escribiendo pues, como ya se ha dicho, es un problema de largo plazo.

Sin lugar a dudas, hay que reconocer la solidaridad nacional, que aunque ha sido muy importante en los días que corren, a la hora en que se tenga una cuantificación más precisa de los daños será el momento de reconocer que el trabajo a desarrollar llevará un buen tiempo y que en el centro del mismo, en la elaboración estratégica y en las acciones que de ella se desprendan, estará la función estatal y, más precisamente, la tarea gubernamental en todos sus órdenes.

Las pérdidas en vidas humanas, en primer lugar, en comunicaciones, en la agricultura y su infraestructura, más lo que representa la desilusión colectiva, entre otras cuestiones, nos hablan de una problemática que no es fácil de resolver, mucho menos en el corto plazo. Hace falta una gran convocatoria nacional no solamente para mantener la solidaridad social, sino también para combinar los recursos institucionales y los talentos con que el país cuenta para pensar con seriedad la superación de un mal colectivo.

Se trata no solamente de discutir con seriedad de dónde van a salir los recursos para una tarea tan complicada, sino también de todo aquello que se puede poner en acto para intervenir. Es la hora de los gobiernos y a la vez de las sociedades, tanto en términos federales como estatales y municipales. Y no debería existir la mínima duda de que si las respectivas convocatorias son claras y responsables, sus resultados darán buenos frutos.

Hablamos de una empresa que solamente cumpliendo con esos requisitos podrá llegar a buen puerto. La voluntad y el compromiso presidencial que se han demostrado en estos difíciles días, acompañados en primer término por las acciones del Ejército mexicano, deben traducirse en múltiples iniciativas gubernamentales y sociales.

En cada dependencia gubernamental y en cada iniciativa debería pensarse en la manera como la sociedad puede acompañar las acciones fundamentales. En muchas otras experiencias esto no se ha dado precisamente porque no se ha sabido valorar la capacidad de las instituciones sociales y su disposición a involucrarse en tareas solidarias de larga duración. Lo primero es reconocer la dimensión del asunto y, lo segundo, que hay suficientes recursos humanos y de los otros que se requieren para avanzar.

Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM.

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