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por los caminos de sancho bahías el revés de la trama guía de perplejos
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freakziones Inútil mi pancho
Patricia Peñaloza
No andaba muy de buenas, porque el fin de semana fui a Tampico, en un viajecillo casi todo pagado, a cubrir un concierto en favor de las ballenas, donde hubo muchos bemoles disminuidos debido a una mala organización; además, eso de viajar de noche en camión no es para mí, y menos si no hay individuo de confianza sobre quién recargarse: jamás he podido dormir sentada... Luego llego a la bendita capital, y resulta que una bola de imberbes ocupan el estacionamiento privado, el área común de mi edificio; las escaleras, la azotea, y que están laborando en torno a las cerca de 50 cajas de Tequila Margarita y a unas bolsotas negras que desde hace como tres semanas entorpecen la comodidad de nuestros pisos de alquiler. Primero parecían inofensivos paquetes de papel bond en blanco; mi hermana sugirió si no se trataría de droga empacada. Yo sólo pensé: "Deben ser enciclopedias para vender del subnormal del hijo de la del uno". El martes en la mañana ya me tenían harta, porque hacían un escándalo de Satán: rebotaban por todo el edificio sus rancios albures, sus risillas imbéciles. Cuando me disponía a salir e iba muy decidida a mentarles la jefa con toda educación y respeto, al ir bajando la escalera, que echo un oclayo, y que diviso que lo que a los chamacos tenía tan entretenidos era el doblamiento de miles de cartitas impresas a todas tintas, para ser introducidas en sobres. Y a que no saben a quién promovían las bellas cartitas... ¡¡A Labastida!! ¡¡Propaganda de Pancho Labastida en mi propio domicilio!! Uuy, entonces sí que me encabroné. Con cara de mamá regañona, pero con voz templada, les dije que ahí no era lugar de trabajo, que hacían mucho ruido, siendo que se trata de un edificio muy tranquilo. "¿Para quién están trabajando?". El típico despistado contestó: "Para Labastida". Otro sí entendió: "Para el señor del ocho". Dije: "Pues díganle que voy a hablar con la administración. Yo misma voy a hablar también con él. Vivo en el número tres; por favor díganle sobre mi queja". Al regresar yo por la tarde, el señor Faruk (neta que así se llama), el del ocho, que no es ningún chavo, estaba solito, acabando de ordenar su mercancía. Imaginen al vecino judío y bigotón que siempre que paso me sonríe con todo y quezque coqueto guiño de ojo, el muy rabo verde. En esta ocasión, me miró apesadumbrado: "Ay, señorita, quiero pedirle una disculpa, estoy muy apenado con usted y con todos los vecinos, pero yo tenía que participar en esta labor y no tenía dónde. Pero ya mañana se lo llevan todo". Le dije que ojalá fuera así. Ya no llamé a la administración. Pero si al otro día seguían, entonces sí que les iba a armar pancho. Para la tarde se estaban llevando bolsas y bolsas negras, de ésas que son para la basura, conteniendo lo propio, es decir, los miles de sobres armados; bolsas que eran llevadas a un camión sin insignias. Al subir la escalera, la vecina del cuatro iba entrando, muy enojada. Venía de hablar con la viejita del dos: "Ya les estoy diciendo a todos que nos quejemos con la administración por este escándalo. Yo hablé, y dicen que nadie les había dicho nada. ¿Por qué nadie les hablaba? El domingo estuvieron peor, hasta trajeron música y todo. Quería yo pasar, y los chamacos ahí sentados en la escalera... ¿Crees que se quitaban para que yo pasara? ¡No! Además, en el departamento ocho tienen una imprenta, donde maquilaron todo. Yo soy diseñadora, y sé que en esta zona no se puede tener una, pues se requiere de un permiso, y hay que pagarlo. ¿Crees que éstos pagaron algo? ¡Qué va! ¡Esa es una imprenta clandestina!". En eso, que llega mi tocaya, la del seis, quien oyó de qué hablábamos: "Lo que yo ya no soporto es el ruidajal de la imprenta día y noche, porque está justo arriba de mi departamento". Tomó de nuevo la palabra la diseñadora, ya instaladas en mitin a media escalera: "Lo peor de todo fue cuando vi que se trataba de propaganda de Labastida... ¡casi me vomito!". Parecía que nos habíamos puesto de acuerdo; desde que vivo ahí, no habíamos coincidido de tal manera. En eso, pasó la chava del cinco, con prisa: "Urge que hagamos junta vecinal sobre muchas cosas más". Decidimos llamar todas a la administración (ya se ve que hay mayoría femenina en mi chante). Después de un rato, salí a comer. Cuando regresé me asomé a uno de los recovecos del estacionamiento. Aún había montones de hojas empacadas sin doblar, y dos pilas sin resguardo. Yo no sé si estén reglamentados los procedimientos para precampañas, pero tuve ganas de que algo empezara a olerme apestoso (es una metáfora, porque no somos tan cochinos en mi edificio), al menos para sentirme la 99. Agarré un bonche de hojas y me las llevé bajo la chamarra. Si no me iban a servir como prueba detectivesca para acusar de no sé qué a sepa la bola quién, al menos me servirían como papel de segundo uso, que siempre hace falta. Ni cuenta se iban a dar. Las cerca de 50 hojas membretadas están fechadas en Xalapa, Veracruz, en septiembre de 1999. Cada una dice: "Me dirijo a usted porque quiero ser el candidato de las mujeres veracruzanas para que juntos (¿checaron la redacción boomerang? -Nota de PP) impulsemos un proyecto nacional que brinde mayores y mejores oportunidades a las mujeres en el campo de la cultura, las artes, el deporte, la política, en el ámbito empresarial (y que a las amas de casa, las de nivel técnico -y rudo-, las obreras, se las lleve Gestas -Nota feminista de PP), en una palabra, para que le otorguemos a la mujer (ya fue más de una palabra -Nota matemática de PP) el papel que legítimamente le corresponde (¿el acta de divorcio? ¿el Scottis para cocina? ¿el guión de lo que debe responder en bajito al marido? -Nota confundida de PP). Confío en la lealtad y en el trabajo de las mujeres mexicanas y veracruzanas, por ello le pido que me dé su (¿su cucu? -Nota asustada de PP) voto (¡fiuuu! -Nota aliviada de PP). Espero contar con su voto razonado (¿es necesario subrayar lo indispensable del uso de la razón en el voto, no fuera a ser que a las viejas, digo, mujeres, se les olvidara? -Nota feminista II de PP) y el de su familia (porque las madrecitas santas son quienes convencen a las familias... ¡Aahh...! -Nota enternecida de PP) el próximo siete de noviembre. Trabajemos unidos por México". Luego el eslogan de que si tengo la voluntá, tons la Juerza estará conmigo. A un lado, la oficial foto retocadísima de Pancho Skywalker a todo color, Cordialmente su firma, una dirección electrónica, y ya. Me dan ganas de reportear más y darles un informe más extenso: ¿De dónde vienen las cartas y el varo? ¿Por qué en mi edificio? ¿Por qué una imprenta clandestina? ¿Valen madres las respuestas a ello? ¿Vale para puro calcetín esta reseña y el pancho colectivo de Coahuila 101? ¿Alguien nos observa? ¿Hay vida en Saturno? Sé que ansían saber si iré a prisión por volarme unas hojitas. Pero ya son las 23 horas, tengo que entregar este rollo, y Marco Levario se va a enojar porque otra vez está muy largo (el choro). En el próximo etcétera sabremos, amiguitos, qué clase de nuevo pancho armé.... Patricia Peñaloza es periodista, escritora y cantante. Correo: futuram@yahoo.com |
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