![]() |
el país | el mundo | dinero | columnas |
| gente | medios | calaveras | ensayos | |
| tianguis | libros | cultura | espectáculos | |
| mañana | etcétera | |||
|
el país |
||
|
la granja textos personal
|
memoria El discurso del Presidente Pablo Hiriart
Más vale tarde que nunca, pueden decir los convencidos de las bondades de que el presidente Zedillo haya lanzado una clara exigencia de imparcialidad a los funcionarios priistas dos semanas antes de la elección del candidato presidencial de su partido. Con resignación y ganas de ser optimistas, se puede decir lo mismo de las reuniones que el jefe del Ejecutivo ha programado con los precandidatos para la presente semana. Pero esta dispensa del tiempo en que se hacen las cosas no puede ser tan generosa cuando se trata de un acontecimiento inédito: se enfrentarán en unas elecciones abiertas precandidatos del PRI, a quienes se supone conocedores y practicantes de todas las buenas y malas artes para ganar unos comicios por competidos que sean. Es claro que el planteamiento presidencial fue tardío. Casi todo lo que se pretende conjurar ya se dio: hay cargada, uso de la estructura priista para promover a un candidato y, desde luego, ha sido evidente la participación de los gobernadores para apuntalar y beneficiar a uno de los contendientes. También cuenta el hecho de que en la parte baja del poder piramidal, en las presidencias municipales, se presentó el fenómeno de alineamiento detrás de una candidatura y eso permea hacia la base. El discurso presidencial tiene menos valor ahora que hace dos meses. Quizá el resultado sería el mismo en términos de quién va a ganar, pero lo sustancial de la diferencia es que el proceso habría sido más limpio y el PRI tendría menos riesgos si Ernesto Zedillo hubiera leído la cartilla en agosto y no 15 días antes de la votación. Lo mismo en el caso de la reunión con los precandidatos. Si el jefe del Ejecutivo los hubiera recibido hace dos meses, seguramente los priistas no estarían ahora amenazados por el fantasma de la división. A José Antonio González Fernández no se le reconoce autoridad alguna por parte de los contendientes. Es más, se le considera un peón de Francisco Labastida y así lo han denunciado Bartlett y Madrazo. Por otra parte, es iluso pensar que Fernando Gutiérrez Barrios podría aquietar las cosas sólo con la fuerza de su trayectoria. El único priista con autoridad para evitar los excesos pendencieros de los precandidatos que ponen en riesgo la elección priista, e incluso su unidad interna, es el Presidente de la República. La suerte está echada y no se puede revertir esa prescindible y costosa cargada que amenaza con ensuciar por completo la elección del precandidato del PRI a la Presidencia. Ahora bien, que el Presidente haya salido tarde no quiere decir que haya salido mal. Sus expresiones de que el fraude es un absurdo en un proceso tan grande como el que tiene el PRI para elegir a su candidato, donde podrán votar millones de personas en casillas distribuidas por toda la geografía nacional, tienen un sustento inobjetable si las entendemos bien, pues va a resultar demasiado evidente si el día de los comicios se quieren hacer carruseles y ratones locos, pues en ese partido y en los cuatro equipos de campaña hay experiencia para detectar y hacer evidente una chapucería de tal naturaleza. Más que un regaño, el mensaje presidencial es un aviso de algo elemental. Y si el proceso priista está marcado por la inequidad, ensuciarlo además con un fraude el día de los comicios sería el acabóse. El discurso presidencial intentó traspasar la responsabilidad de la unidad interna a los precandidatos y a sus respectivos elencos de campaña. La unidad priista es responsabilidad de ellos, pues la dirigencia cumplió y el Presidente no tiene candidato, es uno de los mensajes de fondo del texto leído por Zedillo. Por esa razón, quizá el precandidato que con mayor atención debe leer el discurso del Presidente es Francisco Labastida. Y la unidad interna no la van a preservar con exhibición de cargadas y favoritismo porque, como lo señaló el Presidente, esas prácticas tienen el peligro de revertirse. Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica. |
|
|
|
![]() |