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textos Nuevo rostro argentino María Bartolucci Blanco
A partir del 24 de octubre la política argentina comenzará a andar un camino nuevo. El ritmo y la cadencia de este recorrido estarán marcados por dos hechos fundamentales: la primera transición ordenada y democrática del poder presidencial en muchos años y el éxito de la gran alianza opositora que arrasó con cerca de 50% de los votos. El primero de estos fenómenos es vital para el futuro desarrollo de la vida política del país, pues la alternancia pacífica y democrática había estado ausente en Argentina desde hace tiempo. La larga historia del autoritarismo de los gobiernos militares y más tarde la renuncia anticipada de Alfonsín, así como el doble -y controvertido- periodo de gobierno de Carlos Menem, frenaron un proceso indispensable en toda democracia. La alternancia -a la que podríamos llamar una "forma" democrática- se conjuga en este caso con un "fondo" igualmente inédito en ese país: la llegada de Fernando de la Rúa a la Presidencia tiene detrás el triunfo de un amplio grupo opositor que conjugó una lectura relativamente exitosa de la realidad política -sólo unidos podrían vencer a Menem y a su partido-, con el acuerdo de líderes de diversa inclinación ideológica, pero con decisión de gobernar. A pesar de sus diferencias ideológicas, los representantes de la oposición lograron consensos y pactaron, en un solo día, la alianza para las elecciones legislativas de 1997 y el acuerdo que derivó en la alianza para las elecciones presidenciales de 1999. El proceso fue todo un éxito. A partir de diciembre esta nueva cara de la democracia argentina será puesta a prueba, si bien el proceso electoral per se ha resultado un ejercicio renovador y que alienta el curso de la consolidación democrática, los retos venideros son muchos y nada simples. Para empezar, los peronistas no perderán toda su fortaleza y el Presidente tendrá que negociar con ellos. Cuando el nuevo gobierno jure su cargo el 10 de diciembre, la Corte Suprema contará con una mayoría de jueces designados por el peronismo (cinco de nueve). La solidez y credibilidad del Poder Legislativo en Argentina ha sido muy cuestionada durante el gobierno de Menem y la alianza tendrá que restituirle su independencia. Además, el Partido Justicialista tiene mayoría en el Senado y 18 de los 24 gobernadores de provincias son parte del peronismo. Si a eso le sumamos las supuestas intenciones de Menem de recobrar el poder en el 2003, De la Rúa tendrá que actuar rápido y con mucha eficiencia para conservar el apoyo de quienes votaron en su favor. Aunado a ello, el nuevo gobierno deberá enfrentar un momento muy difícil para la economía del país, que se conjuga con serias dificultades en el ámbito social. Según estadísticas oficiales, 10% de la población se encuentra ahora 25 veces mejor que los sectores más pobres, cuando hace apenas 20 años esta brecha era un tercio de la actual. En este escenario, De la Rúa tendrá que mantener la estabilidad macroeconómica, al tiempo que cumple sus promesas de mejorar la calidad de vida. Además, el Presidente deberá mantener unida su coalición que podría debilitarse sobre todo si De la Rúa pone el acento en fortalecer la reforma económica y descuida los reclamos sociales. María Bartolucci Blanco es licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de México. |
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