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Marina Robles

 

 

 

 

 

Cuando la tierra crece

Marina Robles

Hace algunos años un señor yucateco, a quien conocí buscando hospedaje en los pueblos de Quintana Roo, afirmaba (sin consideración a mi procedencia), que la Baja California ya no importaba a los mexicanos. Inicialmente, el comentario me llevó a pensar en las tradicionales disputas norteñas contra chilangos, o las ideas de que los fronterizos ya son más gringos que mexicanos o cosas por el estilo; sin embargo, su reflexión (que conocí más tarde) iba más en el sentido de la progresiva separación física que vive la península californiana respecto del continente y eso hacía que ya la diéramos por perdida.

Su argumentación se hallaba cubierta por mitos y fantasías, como bien corresponde a un sitio como éste, que desde sus primeras descripciones aparecía como una isla habitada por amazonas, mujeres enormes que sólo traían, de vez en vez, hombres del continente para procrear; o como una isla plena de oro y plata, habitada por gigantes. El decía que las muestras más evidentes de la separación se encontraban en las migraciones de las ballenas de uno a otro lado de la península, atravesándola por cuevas submarinas que eran reflejo de la debilidad de esa tierra.

A pesar de sus imprecisiones, el señor tenía razón y la Baja California y parte de la California estadounidense viven un proceso lento pero constante de separación del continente. La razón es un sistema de fallas que atraviesa la zona desde el Golfo de California hacia el norte, porque el planeta, en ese sitio, está formando nuevo suelo oceánico y haciendo realidad lo que antes de 1700 se creía: que al norte de la Nueva España había una isla llamada California.

Además de las evidencias que múltiples científicos han encontrado sobre este proceso, las cuales dan idea de la magnitud de la separación anual, los continuos movimientos en la región (algunos imperceptibles para los humanos) son una muestra más clara. En fechas recientes, a las fallas ya conocidas se han agregado otras más; una de ellas considerada inactiva, la cual provocó el 17 de octubre de este año un temblor de alta magnitud en una región cercana a Los Angeles, California.

Según los sismólogos californianos, la nueva falla no merece gran atención, no por su magnitud o actividad, sino porque se encuentra en el gran desierto de Mohave, cuyos habitantes principales son las víboras de cascabel y los jugadores de pókar que gozan de los casinos en Las Vegas.

La falla que tiene preocupados a los científicos es la encontrada cruzando el centro de la ciudad de Los Angeles. Al parecer, esta fractura de la corteza terrestre es capaz de producir un devastador terremoto en la zona y es la primera prueba clara que se tiene de que esta ciudad y el área vecina se encuentran montadas en una zona de múltiples y activas fallas geológicas.

Otra causa de preocupación sobre este nuevo hallazgo es que la falla, según la clasificación de los geólogos, es un tipo de "falla verdadera". Esto y la forma del movimiento de las placas de tierra que la conforman hacen suponer que los riesgos son muy grandes, pues los movimientos que pueden darse son diagonales e incluso muy cercanos a la verticalidad. Las dificultades relacionadas a este hallazgo radican en que el centro de la ciudad de Los Angeles sostiene enormes edificios y una vasta población.

A pesar de que los geólogos hablan de millones de años con una enorme tranquilidad para decir que ese es el tiempo que se tomará la separación de las Californias, las muestras de que el proceso se está dando son asunto de minutos, y en muchos casos implica importantes riesgos sociales.

Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM.

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