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el navegante Censura en China Antulio Sánchez
La censura en la red no es novedad: algunos países la ejercen y ciertos proveedores de acceso a Internet la fomentan. Para no meterse en problemas con las autoridades, éstos lo hacen de buena gana. Países como Iraq, Irán, Cuba, Bután o China conocen de sobra esta situación. En China ha aumentado el número de usuarios en los últimos años. En julio pasado ocupaba el primer lugar en Asia con cuatro millones de internautas, con proyección para el 2000 de alcanzar los diez millones de conectados y en el 2003 se estima que serán más de 30 millones. Este crecimiento ha sido posible gracias a la combinación del interés del gobierno y la baja de los costos de la conexión y de los equipos computacionales. Sin embargo, no está ausente de contradicciones: se acompaña de censura, bloqueo de contenidos y de información que el régimen considera negativos. La Asociación de Reporteros sin Fronteras ha tenido una destacada labor denunciando este tipo de situaciones y advirtiendo la doble moral del gobierno chino. Algo sobre esto se puede consultar en versión francesa en www.rsf.fr A pesar de ello, hay sites en donde se caricaturiza al presidente Jiang Zemin, donde se trucan algunas fotos públicas de él para ponerlo en situaciones ridículas, por ejemplo, la aparecida hace poco en uno de los websites más conocidos de esa nación: Sina, donde aparece con cara de cerdo. De inmediato la policía china de la red dejó al servidor por un rato. El objetivo es que ese tipo de imágenes dure muy poco; se intenta que las cuestiones censuradas de inmediato sean retiradas. Se bloquean los servidores que desde la óptica policiaca tienen contenidos subversivos y se rastrean los correos electrónicos. La política del gobierno es que el trabajo sucio recaiga en los PSI (Proveedores de Servicio de Internet). La actitud china se recrudeció a partir de 1996, cuando el Estado aplicó la política de silenciar los contenidos que consideraba peligrosos para "proteger" a la ciudadanía de las ideas extrañas que inundaban a esa nación. El control de la red es hasta cierto grado posible porque sólo hay cinco zonas principales sobre las cuales transitan los contenidos. Son cinco pasarelas que controla el gigante chino de comunicación: Telecom. Los usuarios no tienen posibilidad de acceder a ciertas direcciones de Internet, pues desde los servidores que prestan las conexiones están bloqueados los URL. Los lugares preferidos para el bloqueo son los relacionados con la violación de derechos humanos en Tibet o periódicos como el New York Times. Al principio se trataba de controlar con medidas extremas, como obligar a quienes querían conectarse a la red a pasar por un previo registro en una oficina local de seguridad pública. Hoy las cosas han cambiado. Esto empieza a ser una cuestión condenada al fracaso, en la medida que entre más usuarios chinos se conectan a la red es más difícil llevar un control de los contenidos de cada persona, por ello, en todo caso se pasa a una censura selectiva. Sin embargo, no puede soslayarse que las presiones ejercidas por el Estado chino son de tipo psicológico, actúa de forma disuasiva y obliga a los usuarios a la autocensura. Lo curioso es que los PSI no hayan elevado la voz para protestar. Acomodaticios, sólo atinan a decir que cada país tiene sus propias reglas de legalidad, que ellos aceptan las que se implementan en China. En fin, lo que sí sabemos es que la red, como otros ámbitos de comunicación, tampoco está libre de actitudes fundamentalistas y de censura a ultranza, pero eso tiene un límite y se puede solventar de alguna manera. Los que cuentan con dinero saben que con las conexiones satelitales logran saltar este cerco o pueden optar por adquirir una cuenta en otro país y a través de una llamada de larga distancia recuperan sus mensajes y salvan la censura. Antulio Sánchez es periodista, ha colaborado en diversas publicaciones. Correo: antulio@mailcity.com |
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