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la granja

Raúl Trejo Delarbre

1 Atascados

Obligada a defender los derechos de peatones y automovilistas, la administración de la ciudad de México tuvo que levantar el plantón que interrumpía el Periférico Sur hace una semana. Los huelguistas de la UNAM emprendían una nueva fase de la escalada de un conflicto tan largo como enmarañado.

Rosario Robles, jefa de gobierno, aseguró que no permitiría ni uno más de esos atascos.

No le queda de otra: la jefa de gobierno tiene que responder a las exigencias de los habitantes de la ciudad de México, incluso más allá de sus probables, e incluso comprobables, simpatías por alguno o algunos de los grupos inmiscuidos en la huelga universitaria.

Está ahí para gobernar. Pero además, ya se ha abierto la temporada preelectoral y serían muy tristes las cuentas que doña Rosario le entregaría al ingeniero Cárdenas si, por negligencia o indecisión, aumentase el déficit de popularidad de la actual administración de la ciudad de México.

Ese gobierno, a pesar de las declaraciones de neutralidad que puedan proferir sus autoridades, no es ajeno al conflicto universitario. De hecho, la enconada respuesta que el desalojo a cargo de mujeres granaderos (¿hay que escribir "granaderas"?) recibió en el Consejo General de Huelga, se debe a las rivalidades ya irremediables entre los dirigentes del paro y el partido que gobierna a la ciudad de México.

2 Poca influencia

El PRD nunca ha estado al margen de la huelga universitaria. Pero tampoco la ha dirigido.

A pesar del macartista y sobre todo profundamente erróneo diagnóstico que en los primeros meses del conflicto compartieron la Secretaría de Gobernación y la rectoría de la UNAM, la influencia perredista en la huelga ha sido marginal.

De hecho, ese partido no quería que la huelga estallase. Sus dirigentes sabían que, de una u otra manera, un conflicto del tamaño que podía alcanzar el paro estudiantil sería estorboso, y hasta oneroso, para el gobierno cardenista de la ciudad de México.

El PRD no simpatizaba con una huelga cuya dirección no estaba en sus manos. Los militantes estudiantiles que además son miembros de ese partido nunca lograron desplazar a los grupos de ultraizquierda que, con mayor beligerancia y apoyándose en el patético atraso político de las bases huelguistas, se han mantenido a la cabeza del movimiento.

3 Instituciones

De varias maneras el gobierno del DF quiso congraciarse con los huelguistas para, así, facilitar la inserción de los jóvenes perredistas en ese movimiento. Los respaldó con asesoría jurídica cuando se presentaron denuncias judiciales en contra de ellos. Los apoyó con recursos materiales de diversa índole (hay quienes aseguran que la malla metálica utilizada para cercar los accesos al campus llegó en camiones del gobierno del DF, aunque esa versión no la hemos podido confirmar).

Varios funcionarios de la administración capitalina se ofrecieron como intermediarios con las autoridades universitarias y, luego, delante del gobierno federal.

Nada de eso sirvió para que el PRD ampliara su ascendiente entre los huelguistas. Al contrario, tales demostraciones de poder, aunque se hayan practicado con disimulo, convencieron a los paristas más radicales de que a ese partido le interesa más la disputa política nacional que el litigio específicamente universitario.

La paupérrima cultura ciudadana que campea entre los jóvenes paristas y, desde luego, la falta de claridad de los partidos, los lleva a desconfiar de todo lo que parezca política institucional. Y, quiérase o no, el PRD es hoy parte de las instituciones políticas mexicanas.

4 Sin horizonte

La huelga universitaria cumplió medio año sin que pueda apreciársele horizonte alguno.

Es una lástima que el PRD no tenga allí mayor presencia, porque quizá de esa manera habría puentes para una conciliación. En ausencia de ellos, el destino de la universidad es desesperantemente incierto y su presente de terrible deterioro en sus tareas académicas y en su presencia pública.

Ese descrédito afecta antes que nada al gobierno federal, que no ha hecho más que contemplar con inmoral pasividad el deterioro de la crisis universitaria. Y ahora, también al gobierno de la ciudad, que si no influyó para que comenzara, sí ayudó para que la huelga se mantuviera en algunos de sus momentos iniciales. Ahora no saben cómo contener el desbordamiento de ese conflicto, que se encuentra más atascado que el Periférico en manos del "Mosh".

Correo: rtrejo@mpsnet.com.mx

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