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por los caminos de sancho

Universidad de masas
Engaño y demagogia

Renward García Medrano

... los diablos saben mucho, y puesto que traigan olores consigo, ellos no huelen nada, porque son espíritus, y si huelen, no pueden oler cosas buenas, sino malas y hediondas.

Después de 1968 tomó fuerza la idea de la "universidad de masas" en oposición a la universidad para las élites. La lucha por el acceso del pueblo a la educación superior cambió radicalmente las pautas del trabajo académico en diversas universidades del mundo, desde la Sorbona de París hasta las universidades de Guerrero, Puebla o Sinaloa.

Detrás de la lucha por la masificación está el reclamo de que las oportunidades de desarrollo profesional se amplíen a los jóvenes de todas las condiciones sociales y económicas, y no se concentren en los grupos privilegiados o siquiera en las clases medias. En el fondo, es una protesta contra las pautas injustas de distribución del ingreso.

La educación fue, a partir de los años 40 o 50, un poderoso medio de escalamiento social. Gracias al sistema educativo grandes masas de obreros, campesinos y hasta grupos marginales entraron a las clases medias en el lapso de una generación. Esto, sumado al crecimiento poblacional y las migraciones del campo a las ciudades, generó una presión social irresistible sobre los espacios en las universidades y otras instituciones de enseñanza superior.

Al no contar con profesores calificados en cantidad suficiente ni con recursos para financiar una enseñanza de calidad, el gobierno abrió las puertas de las universidades públicas para atender a 100 o 150 estudiantes en aulas y con maestros que en el pasado atendían a 40.

Esa apertura obedeció también al interés de los gobiernos de desactivar problemas político-estudiantiles en el corto plazo, y tuvieron éxito_ también en el corto plazo. La universidad de masas ganaba la primera y decisiva batalla a la universidad de excelencia.

La presión fue en aumento. A la exigencia de un espacio en las aulas siguieron muy pronto otras: la reducción y luego la eliminación de los requisitos de selección de los estudiantes; el relajamiento de los criterios de evaluación y, ahora, la cancelación de las cuotas regulares y por servicios escolares.

No comparto la presunción de que la insuficiente calidad académica en el nivel superior y en el conjunto del sistema educativo es un problema reciente. Desde siempre, los egresados de universidades mexicanas han tenido que tomar cursos propedéuticos y de nivelación para ser admitidos en estudios de postgrado en diversas disciplinas. Cuando menos desde hace 40 años, los maestros de secundaria tenían que dedicar unos meses a llenar las lagunas de los alumnos de nuevo ingreso, y lo mismo ocurría en los siguientes ciclos. Hoy, es cierto, la calidad ha caído más, pero salvo en algunas áreas del conocimiento y excepciones, el sistema educativo nacional nunca ha tenido, al menos en este siglo, un nivel competitivo a escala internacional.

La presión de los jóvenes sobre las universidades y el sacrificio de la calidad académica para desactivar problemas de corto plazo y otros factores internos y externos a esas instituciones sirvieron como caldo de cultivo para el desarrollo de grupos políticos cada vez más intolerantes e irresponsables, que de promover las protestas de los "rechazados", pasaron a convertir a la UNAM en un "territorio autónomo" o "liberado" donde concurren los más variados grupos políticos, sean el EZLN y el EPR, o el Frente Popular Francisco Villa y sindicatos independientes.

Me temo -y lamento profundamente- que la UNAM acabará por sumarse al elenco de las "universidades de masas" y cada año habrá, en unas 50 mil familias pobres y de clase media, un hijo profesionista que fatalmente caiga en la economía informal. Esto ya ocurre, pero la frustración se extenderá considerablemente y el costo de largo plazo para el país será impagable.

Llevada a extremos de pobreza académica, la universidad de masas no pasa de ser un grotesco medio para el engaño y el autoengaño, pero en ningún caso es una puerta hacia mejores niveles de vida. La irresponsabilidad de no pocos gobiernos y la demagogia y locura de los grupos políticos ultraizquierdistas está cerrando esa puerta al grueso de la población: quizá sea una forma consciente de agudizar las contradicciones del sistema, pero es también un recurso inútil para fines "revolucionarios" y profundamente inmoral.

Renward García Medrano es periodista.

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