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María Cristina Rosas

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El general en su laberinto

María Cristina Rosas

El juez británico Ronald Bartle dio a conocer el pasado viernes 8 de octubre una decisión ampliamente esperada por millones de personas en todo el mundo: el ex dictador chileno Augusto Pinochet, quien se encuentra en Gran Bretaña desde hace un año (a donde acudió para que se le aplicara una cirugía en la espalda), podrá ser extraditado a España, donde se le seguirá juicio por violaciones masivas a los derechos humanos en que incurrió cuando estuvo al frente del gobierno en Chile por 17 años. Pinochet enfrenta 35 cargos que involucran, entre otras cosas, tortura y conspiración.

El "caso Pinochet" es posiblemente el que más atención ha atraído en acusaciones sobre violación de derechos humanos desde los juicios de Nuremberg. Pinochet cumplirá 84 en noviembre próximo, si bien éste será el aniversario más sombrío para el tristemente célebre personaje.

Los abogados de Pinochet apelarán ante nuevas instancias hasta llegar a la House of Lords, el nivel judicial de mayor jerarquía en Reino Unido. Una vez agotada esa posibilidad, la decisión en torno a la extradición recaerá en el ministro del Interior Jack Straw, quien tiene la opción de impedir que el ex dictador sea enviado a España utilizando argumentos humanitarios. Así, todavía podrían pasar un par de años antes de que Pinochet enfrente a los fantasmas del pasado.

Lamentablemente, cada vez más se están utilizando argumentos de carácter "humanitario" que pretenden justificar una especie de "perdón" a Pinochet, con lo cual se evitaría que éste quedara en manos de las huestes del juez español Baltasar Garzón. Ahora existe un informe clínico detallado sobre los males que aquejan a Pinochet, incluyendo la artritis, el asma, la diabetes, además de una hiperplasia prostática, una hernia inguinal y lumbar, además de que utiliza marcapasos y audífono. Para muchos, con tantos achaques es increíble que Pinochet esté vivo. De hecho, el ex dictador no asistió a escuchar el fallo del juez Bartle, y una de las argumentaciones esgrimidas por la cancillería chilena -que ha asumido la postura de pedir que a Pinochet se le permita regresar al país sudamericano "debido a su precaria salud"- es que sus múltiples enfermedades le impedirían acudir a un eventual juicio en España. El mismo Pinochet, según versiones que circulan en diversos medios chilenos, cree que morirá en Londres.

Pero los aliados de Pinochet también han hecho escuchar sus voces, y no sólo en Chile. El presidente de Argentina, Carlos Menem, ha impugnado el fallo del juez Bartle. Menem enfrenta actualmente una crisis política con Paraguay por haber dado asilo político al general golpista Lino Oviedo, quien no sólo trató de darle un coup d`etat al entonces presidente Juan Carlos Wasmosy, sino que en marzo de este año fue la figura clave en el asesinato del vicepresidente paraguayo José María Argaña.

Otro sorpresivo aliado de Pinochet es el gobierno cubano. En La Habana, las autoridades han dicho que si bien Pinochet debería enfrentar juicio, éste tendría que llevarse a cabo en Chile. Lo más extraño es que Cuba siempre se opuso al régimen pinochetista. Sin embargo, como el mes entrante será la Cumbre Iberoamericana en La Habana, la cual enfrentará el boicot de España (que no asistirá, a pesar de que la idea de estos encuentros anuales que se llevan a cabo desde 1991 fue del gobierno de Madrid), aparentemente Fidel Castro quiere asegurar la asistencia del presidente Eduardo Frei.

Pero más allá de los aliados y nostálgicos del pinochetismo, una cosa es cierta: Augusto Pinochet ha sido condenado, sin importar su destino final. Y ésta es una clara advertencia para quienes consideran que pueden actuar con notable impunidad amparados en los vacíos del derecho internacional. El juez Bartle fue muy claro al leer su fallo cuando afirmó que la Convención Europea sobre la Extradición constituye "un desarrollo que presagia el día en que, para propósitos de extradición, existirá una misma legislación en todo el mundo".

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@df1.telmex.net.mx

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