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A la camita
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alambique Fedro Carlos Guillén
Nuevo México no va al paraíso Hace muy poco dimos cuenta de la imbecilidad de una junta educativa en Kansas que de un plumazo sacó las ideas evolutivas del ámbito escolar argumentando -lo juro- que eran "dogmáticas". Hoy las noticias son mejores: un panel con atribuciones similares pero en Nuevo México está haciendo exactamente lo contrario y ha dictaminado, de forma unánime, que la evolución es un concepto fundamental y en consecuencia ha fortalecido su enseñanza. Acto seguido, se ha propuesto eliminar cualquier referencia a la teoría creacionista, lo que pone en riesgo a nuestro buen amigo Adán y su buena amiga Eva. Que ya no podrán corretear por el jardín del Edén o comer manzanas... por lo menos en Nuevo México. El sector lunar, en venta Si usted es de los que no saben qué hacer con su dinero, no se preocupe, este mundo ofrece alternativas. Quizá la más notable consiste en comprar espacio en un disco de níquel que será lanzado a la Luna en el año 2002. ¿Para qué? La respuesta es que en el disco uno puede insertar canciones, poesía, fotos o "historias familiares" (imaginarse la historia "del tío que se cayó en la coladera", en la Luna). La iniciativa fue presentada por una empresa privada que se ha propuesto traer polvo lunar con propósitos de investigación y venta. Es el inicio de la privatización del sector lunar, lo que puede ser una buena o mala noticia, de acuerdo con sus cánones ideológicos, querido lector. Siglo de las complacencias Si a usted le da por el cine, seguramente ha visto una película con Uma Thurman y Ethan Hawke llamada Gattaca. En ella se da cuenta de un futuro no muy lejano en el que los niños del futuro pueden nacer fuertes, sanos y prevenidos contra enfermedades, gracias a los procesos de ingeniería genética. Esta posibilidad -tan de película- es, sin embargo, una realidad muy próxima que seguramente se expresará en el milenio que está a punto de nacer. Es muy posible que los futuros padres puedan evitar en sus retoños enfermedades hereditarias o muertes producidas debido al estado prematuro del parto. Más aún, parece que el futuro nos depara una sala -que bien podría ser una hamburguesería- donde uno podrá ordenar las características que desea y las que no (algo así como el tradicional: "sin cebolla"). Estas posibilidades se consideran ya prácticamente una realidad y han estimulado a gente como Arthur Caplan, director del Centro de Bioética de la Universidad de Pennsylvania, a preguntarse sobre la pertinencia ética de iniciar un proceso cuyo resultado sea una camada de niños rubios con los dientes rubios. ¿Será que en 15 años estaremos pensando -como lo hemos hecho siempre- que todo tiempo pasado fue mejor? (Notas de Fedro Carlos Guillén) |
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