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La justicia y los medios
Relaciones peligrosas

Juan José Díaz Gaitero

Desde luego que lo mejor para todos sería que la justicia funcionara acorde con las necesidades de la gente, sin la intervención de nadie ajeno a ella. Para eso fue creada. Sin embargo, el tiempo nos ha demostrado que esto es de muy difícil consecución; máxime en un escenario como el que ofrece nuestro país, donde el Poder Judicial no tiene ni el apoyo institucional que constitucionalmente debería serle propio ni el patrimonial que necesita. Por eso es tan importante que el "matrimonio" entre la administración de la justicia y los medios de comunicación sea ejemplar. También es cierto que de este modo a los medios les quedará la tarea más pesada: la de cargar con responsabilidades propias y ajenas. Pero con la simple receta de ajustarse a no dejar pasar los acontecimientos sin informarlos e investigar lo que se haga mal o se omita sobre ellos con rigor periodístico alcanzará. Con esa elemental actividad podrían sobrellevar el doble peso con éxito y contribuir a que la justicia sea más sólida. Ambos integrantes de la "pareja" saldrán fortalecidos.

Ahora bien, si los medios periodísticos, tal como hemos estado presenciando últimamente, integran esta "pareja" con un interés egoísta, lo más seguro es que esa relación termine en un divorcio con el que pierden todos; ambas partes y sus hijos. Se puede coincidir desde un principio en que se trata de una "pareja" constituida un tanto forzadamente y que, como todo matrimonio sin bases sólidas, difícilmente funcione con armonía. Pero el tema de que se trata bien vale el esfuerzo de todos. En este caso, aun el de quienes figuradamente seríamos los hijos. Por eso es oportuno pedir a quienes tienen en sus manos la administración de la justicia que se ocupen de su función vocacionalmente, sin pausa y sobriamente, a pesar de la carencia de recursos; y a quienes tienen a su cargo la edición de las noticias, decirles que los buenos productos periodísticos tienen éxito, sin necesidad de convertirlos en un espectáculo.

Sobre el particular es esclarecedora la entrevista de Clara Zapiola a John Dinges y Max Jennings -dos renombrados periodistas estadounidenses invitados por la Fundación Ciudad a presentar la nueva tendencia "periodismo cívico" en el Centro Lincoln-, publicada el jueves 2 de mayo de 1996 por el diario La Nación, donde podemos leer: "¿Qué rol debe cumplir el periodismo en una sociedad donde la corrupción abunda? -Golpear, golpear y golpear. Deben estar detrás de los funcionarios permanentemente. La razón de que en Estados Unidos no haya tanta corrupción se debe al poder y a la independencia de los periodistas y de los medios. Si los funcionarios quieren ser corruptos deben tener cuidado. El deber de los periodistas, según la Constitución estadounidense, es defender solidariamente el interés de los ciudadanos. Para nosotros es un deber cívico controlar a los funcionarios".

En el mismo orden de ideas, tampoco es casual que el matutino precedentemente citado haya publicado el domingo 29 de junio de 1997 en la tapa de su sección "Enfoques", con la firma de Silvia Pisani el artículo titulado: "La guerra del periodismo", en cuyo copete encontramos lo siguiente: "Nunca como ahora la prensa ocupó, en la Argentina, el primer plano. Debido a su propia maduración y a un contexto político marcado por escándalos y corrupción, y por instituciones que no cumplen su misión de control, los medios se han convertido en fiscales. Están pagando un precio alto -en vidas, en amenazas- y corren el riesgo de que su misión, informar, quede peligrosamente desnaturalizada".

Finalmente, y como para coronar lo expuesto anteriormente, también encontramos que La Nación, en su edición del 26 de diciembre de 1998, dedicó la mitad de su página 10 al tema. Hay dos notas. Una con la firma de Juana Libedinsky, titulada: "En EU se debate la credibilidad. Para algunos especialistas el periodismo está viviendo una crisis; otros sostienen que sólo se trata de una preocupación". La otra es un cable de la agencia noticiosa AP fechado en Washington, titulado "El desafío: recuperar la confianza".

Por su parte, el diario Clarín dedicó toda la página 39 de la edición del pasado 13 de febrero al tema. Con la firma de Osvaldo Tcherkaski, publicó un análisis titulado: "Los medios frente a su mayor crisis de credibilidad. Los diarios norteamericanos deben remontar el escepticismo y descreimiento que provocó la cobertura del sexgate". El trabajo coincide con el espíritu de este columnista. En él encontramos resaltada la siguiente aseveración: "La prensa fue uno de los protagonistas del escándalo y no un testigo neutral".

Si bien la pretensión del presente es limitar la cuestión al desempeño de los medios locales, no es una novedad que lo que ocurre en Estados Unidos se repite como una onda expansiva poco después en Argentina, y podemos agregar que cada vez con más rapidez gracias al fenómeno de la globalización, al que los medios -sobre todo los llamados electrónicos, como el nuestro- han hecho su invalorable aporte. Por lo tanto, es justo y necesario insistir en pedirles a nuestros periodistas que valoren las posibilidades que les da su profesión y las empleen con enjundia y honestidad. Particularmente, quien firma estas líneas, como individuo formado en el Derecho, lo agradecerá. Pero, más aún se lo podrán agradecer ellos mismos, pues sus familias y sus intereses individuales se verán beneficiados por la posibilidad de vivir en una sociedad donde la realización de esa virtud humana llamada justicia, que tiene su base en el amor, será de más frecuente realización, y en la que el prestigio de esa noble tarea de informar se recuperará inexorablemente.

Esta es la segunda parte del texto publicado, en este mismo espacio, en la edición 350.

Tomado de Sitio al Margen, página de periodistas argentinos: www.matrix.com.ar/almargen

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