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Una novela sórdida

Héctor González Jordán*

Todos los días son iguales en el Rex Bibendi, un bar con show de chicas, donde Roco, Fito, Nicola, Duncan y Peggy, trabajan y prácticamente viven, por no decir mal viven. En Los extraditables, primera novela de Marcela Rodríguez Loreto (DF, 1970), la vida pasa de largo con sus crestas y baches. Lejos de aquellas grandes aventuras y anécdotas que circundan en los bares, sólo en espera de que alguien las recoja para hacerlas propias, esta novela alberga a personajes cansados de la impotencia de no poder alcanzar algo, lo que sea eso es lo de menos, personajes sometidos por una monotonía que aturde al grado de ensordecer y viciar las ganas de vivir

Peggy es una pequeña de 16 años, que harta de la situación familiar cambia el calor del hogar por el del ambiente y los reflectores propios de sitios como el Rex Bibendi. Ahí conoce a una cuadrilla de seres cuya vida se ha asentado en niveles monocromáticos, que tienen sus momentos de lucidez únicamente de noche. El resto del día lo pueden pasar padeciendo una terrible cruda o discutiendo en una partida de cartas, que los llevará al mismo sitio, donde los sueños ya no tienen cabida y son aplastados por la realidad. Cada uno tiene una historia, memorizada por los demás a razón de ser contada tantas veces. Fito es el disc-jockey que habría preferido ser albañil y ahora vive con Nicola, una mujer cansada de soportar las borracheras de su pareja y con un ansia brava por cambiar de vida; por su parte, Duncan es un músico de jazz frustrado y que se prodiga de filósofo: "No estoy haciendo nada, pero sé por qué lo hago"; en tanto Roco es el barman y consejero de barra.

Novela en la que circula el alcohol a mares, en medio de una densa nube formada a fuerza de tanto cigarrillo, mientras se escucha como fondo musical a Velvet Underground o a Mano Negra, Los extraditables plantea la soledad y el fastidio desde una visión contemporánea.

Así, Marcela Rodríguez nos presenta una novela sórdida, apenas matizada con algo de humor, donde el tiempo parece no avanzar. Lejos de pretender mostrar largos episodios de la vida de los personajes, la novela apenas recoje algunos días o, mejor dicho, algunos instantes para ser agitados en un vaso, como cuando se juega al cubilete, para que caigan al azar; a fin de cuentas el resultado es el mismo. Una realidad que en ocasiones ciega y abruma, en la que no siempre vale decir: mañana será otro día.

Marcela Rodríguez Loreto, Los extraditables, Plaza & Janés, 1999, 223 pp.

*Estudió Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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