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textos Votá lo que puedas
Ariel González Jiménez
En más de un sentido el siglo ya terminó. Hace tiempo que diversos episodios lo indican: la caída del Muro de Berlín resulta -como anunció Eric Hobsbawm- emblemática; vivimos ya las guerras del futuro, aunque sus causas siguen siendo las del pasado más primitivo e irracional; y el balance de las utopías sociales y políticas versus el predominio de la razón de mercado, no abre paso sino a un desilusionante arranque de la nueva centuria, el llamado (en Europa) socialconformismo. Todo ello, sin embargo, está dentro del campo de los "rasgos generales". En realidad, como se sabe, malgré la globalización el siglo no termina igual para todas las naciones y mucho menos al unísono. Por ejemplo para Argentina, políticamente, este ciclo secular se cierra el próximo día 24 de octubre con las elecciones presidenciales. Y más allá de los resultados de estos comicios, el hecho profundamente significativo es que los argentinos comenzaron el siglo XX votando y lo terminan votando. En el camino quedan las interrupciones lamentables de su vida democrática, tropiezos y lecciones dolorosas, pero en cualquier valoración histórica este principio y final de tan largo periodo es esperanzador. Es bueno recordar, además, que Argentina comenzó este siglo dentro de un orden conservador al que pueden achacársele muchos defectos (políticos, precisamente), pero a él se debe igualmente haber generado buena parte del esplendor educativo, económico, social y urbano por el que se llegó a identificar a este país. Con esas sólidas bases materiales tocó al presidente argentino Roque Sáenz Peña (1910-1914) impulsar una -para su época y en el contexto latinoamericano- notable experiencia electoral. Dice el historiador Félix Luna: "Sáenz Peña promovió un padrón cívico regular llevado por la justicia y por el ejército, que garantizaría que el ciudadano votase libremente; un espacio cerrado de votación, para que nadie interfiriera; presencias de fiscales en el comicio y, sobre todo, lista completa para promover la formación de dos grandes partidos con premios para el ganador y el que le siguiese en votos, aunque sin ningún estímulo para un tercer partido." Corría 1912 y pese a que antes ya se contaba con un sistema electoral, éste resultaba "totalmente ficticio, a la vez que era profundamente inmoral", de acuerdo con el mismo Félix Luna. La Ley Sáenz Peña (como se conoció a la reforma electoral) trajo, pues, una práctica democrática desconocida hasta entonces en nuestra región: elecciones limpias, modernas y con novísimos principios de gobernabilidad. Dirigentes del Partido Socialista como Juan B. Justo y Alfredo L. Palacios acceden por primera vez al Parlamento. Antes, en las elecciones de 1896, se les reconocieron 136 votos; en las de 1912 se alzan con más de 32 mil. Así, la vida política se enriquece, se desarrolla el debate y la pluralidad; la prensa, ya de por sí pujante y próspera como en ningún otro lugar de Latinoamérica con periódicos como La Nación y La Prensa, pero también La Vanguardia (diario del Partido Socialista Fundado por Juan B. Justo) o La Montaña (editado por José Ingenieros y Leopoldo Lugones), y revistas como El Hogar o Caras y Caretas, tendrá un auge sin precedentes que no por casualidad vendrá a quedar reflejado en la aparición del diario Crítica en 1913, que llegaría a tener la sorprendente tirada de 300 mil ejemplares. El observador extranjero necesita, creo yo, este flash back para comprender las elecciones de 1999. Obviamente su posibilidad inmediata de realización se debe a la restauración democrática que le tocará encabezar al doctor Raúl Alfonsín en 1983, pero eso que podemos llamar la identificación histórica y cultural de los argentinos con la vida democrática arranca con el siglo. Y eso, dentro y fuera de Argentina, no siempre es algo asumido. La imagen dominante se detiene en los tramos dictatoriales y deja de recuperar este rico capital histórico. Por eso creo que lo que se confirma este año en el que los argentinos elegirán nuevamente a su Presidente de la nación es que luego de algunas experiencias duras y terribles (que fueron desde la supresión de las libertades democráticas hasta la sistemática violación de los derechos humanos) la democracia demuestra ser el principal sendero por el que han decidido transitar hacia el siglo que viene. Podrán no ser éstas -como me decía hace poco, añorante, un amigo periodista- las elecciones de antes, con frecuentes y grandes concentraciones y despliegues publicitarios que cubrían prácticamente cada centímetro de las principales ciudades. Y es verdad, como también lo es que desde hace varias semanas las principales encuestas dan como triunfador a Fernando de la Rúa, de la Alianza que conforman la Unión Cívica Radical y el Frepaso, por sobre el candidato del Partido Justicialista, Eduardo Duhalde, lo que quizá explica por qué el interés de muchos ha "decrecido", ante lo que se va reconociendo como un resultado "cantado". (En una encuesta publicada por el diario Clarín el domingo 10 de octubre, De la Rúa aventajaba 15 puntos a Duhalde.) Los grafitti -que en la vida democrática sí forman parte de esas "tantas cosas que empiezan y acaban como un juego", como escribió Cortázar en su cuento "Grafitti"- muestran a veces cierta abulia o vacío de algunos electores. No es difícil imaginarse jóvenes a sus autores que son, por lo demás, quienes han resentido de modo más severo el desempleo y la ausencia de oportunidades. Un grafitti que encuentro en la calle de Viamonte aconseja: Votá lo que puedas Como no votar es objeto de sanciones administrativas en Argentina, un grupo de chicos ha tenido la (lejana) iniciativa de apartarse 501 kilómetros de su domicilio legal, lo que de acuerdo con el código electoral los eximirá de votar. El día de las elecciones este grupo se irá en un tren alquilado rumbo a Sierra de la Ventana, "más allá del voto, que hoy se nos presenta como una imposición". Más de uno, supongo, les reprochará su actitud, pero la generosidad de la vida democrática es siempre más condescendiente. Al fin y al cabo, también irse 501 kilómetros olvidándose de las urnas es posible gracias al siglo democrático que los argentinos están por terminar. Ariel González Jiménez es periodista. Actualmente radica en Argentina. Nombres, cifras y fechas Principales partidos y candidatos: Alianza (Unión Cívica Radical-Frente País Solidario). Candidato a la Presidencia, Fernando de la Rúa; vicepresidencia: Carlos "Chacho" Alvarez. Partido Justicialista. Candidato a la Presidencia, Eduardo Duhalde; vicepresidencia, Ramón "Palito" Ortega. Acción por la República. Candidato a la Presidencia, Domingo Felipe Cavallo; vicepresidencia, José A. Caro Figueroa. Otros partidos contendientes: Partido Humanista, Izquierda Unida, Partido Obrero, Partido de los Trabajadores Socialistas, Frente de la Resistencia, Partido Socialista Auténtico. ¿Cuándo asume el nuevo gobierno? El Presidente electo recibirá la banda presidencial de manos de Carlos Menem el 10 de diciembre de 1999 y puede ser reelecto por otro periodo de cuatro años en el 2003. Padrón electoral: 23,590,605. ¿Dónde está la mayoría de los electores? En cinco distritos se agrupa 70.06% del total del padrón. Capital federal, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza totalizan 16,529,821 millones de votantes. Sin embargo, la provincia de Buenos Aires tiene un peso central puesto que ahí hay 8,994,200 electores. (Contra lo que podría pensarse, la Capital federal tiene un padrón de 2,553,872 votantes.) El voto de los extranjeros: Para poder votar en Argentina, los extranjeros deben acreditar al menos dos años de residencia en el país. Además, deben ser mayores de 18 años, tener documento nacional de identidad y hablar y leer español. (Ariel González/Fuentes: Clarín y La Nación) |
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