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María Cristina Rosas

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¿El Nobel de la Paz a la ONU?

María Cristina Rosas

La entrega de los premios Nobel es un ritual ampliamente esperado por la comunidad internacional cada fin de año. Instaurado en memoria de Alfredo Nobel, el inventor sueco creador de la dinamita, ha sido un signo distintivo del siglo XX. Este personaje legó fondos para otorgar un estímulo económico a aquellas personas que hubiesen realizado una contribución significativa a la humanidad en la mayor parte de los campos del conocimiento: física, química, fisiología, medicina, literatura y la paz. En décadas más recientes fue instaurado también el Premio Nobel de Economía.

Los premios Nobel, sin embargo, han estado en el ojo de la tormenta, especialmente los que se otorgan en las llamadas "ciencias duras", pues ponen en evidencia la brecha Norte-Sur y el hecho de que los países en desarrollo, con grandes carencias, son incapaces de retener a sus "cerebros", que suelen fluir a las naciones desarrolladas, donde registran sus patentes y dan a conocer sus aportaciones al conocimiento científico (ahí está el caso, ampliamente conocido, de Mario Molina, pensando en la experiencia de México).

En ciertas disciplinas, como la economía, jamás ha sido laureada una mujer. Y en campos como la literatura se observa una preeminencia de escritores procedentes de los países altamente industrializados. De manera que el Premio Nobel de la Paz viene siendo una especie de galardón encargado de "redimir" todas aquellas esferas donde los países en desarrollo no se encuentran representados. Esto lo hace el más "político" entre los galardones que se otorgan cada año y, por lo mismo, cada vez con más frecuencia el beneficiario tiende a ser algún insurgente, disidente, organismo internacional, o figura política que se considera ha(n) contribuido a desescalar diferentes conflictos o a resolver algunos de los problemas que aquejan a las naciones del orbe. Ahí está el caso de los premios entregados al Comité Internacional de la Cruz Roja, a Amnistía Internacional, al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), a Henry Kissinger, a Mijaíl Gorbachov y al Dalai Lama, entre otros.

Por eso, no deja de llamar la atención el hecho de que para este año el Premio Nobel de la Paz tiene candidatos "flojos", encabezados por la ONU, disidentes chinos, el papa Juan Pablo II y alguna organización de carácter humanitario. Todo apunta a que la ONU sea la elegida, dado que se espera que el Premio Nobel de la Paz 1999 sea una especie de balance del siglo XX de cara al XXI.

De los candidatos citados, la ONU aparece como la candidatura más plausible. Sin embargo, sería conveniente evaluar qué logros la harían merecedora de tan importante distinción. En opinión de los especialistas, la ONU es la prueba más fehaciente de la crisis de las instituciones multilaterales, y su desempeño deja mucho que desear, especialmente en 1999, cuando para el manejo de la crisis en los Balcanes EU dispuso valerse de la OTAN para efectuar maniobras militares, en vez de recurrir a la ONU donde, seguramente, habría enfrentado un veto de parte de China y Rusia en el Consejo de Seguridad.

En todo caso sería necesario aclarar las razones por las cuales la ONU sería merecedora de tan importante distinción. ¿Sería por lo que ha hecho o por el potencial que posee? La ONU, en realidad, es el reflejo de la voluntad de sus miembros, especialmente de los más poderosos e influyentes (como Estados Unidos). Por tanto, cabría preguntarse si un premio de esta envergadura haría a Naciones Unidas más democrática, más sensible a las necesidades de los países pobres y, sobre todo, más eficiente en la promoción de la paz y la seguridad internacionales.

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@df1.telmex.net.mx

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