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la hidra ¿La tercera es la vencida?
Jaime Ramírez Garrido
"Hace ya varios años que no estoy por la oficina presidencial... Pero evidentemente voy a entrar con una foto de mi padre. La colgaría en el momento en que entre a esa oficina", dijo Cuauhtémoc Cárdenas en entrevista con Paco Ignacio Taibo II (Cárdenas de cerca, Planeta, 1994). El ingeniero es muy apegado a la simbología política; sin embargo, el ejercicio cotidiano que hace con ella últimamente ha sido errático. Cuauhtémoc Cárdenas renunció al gobierno del DF el mismo día que tronó la alianza opositora. Inició su tercera campaña electoral el 2 de octubre, como refrendando su compromiso con quienes tienen como punto de referencia esa fecha. Pero sólo un año después de que se recordara que el primer gobernante que puso la bandera a media asta el 2 de octubre, unos días después de la masacre de Tlatelolco, se paseaba tan campante, codo a codo, con Gustavo Díaz Ordaz. Cárdenas ganó su gran popularidad en 1988 ofreciendo congruencia. Sin embargo ha dilapidado ese capital político entre el fundamentalismo característico de sus compañeros de ruta provenientes de la izquierda contestataria más tradicional; un pragmatismo verticalista, donde no existen las razones, herencia de su priismo diazordacista, y un discurso victimista que todo lo justifica. "Ningún gobierno fue más sometido a escrutinio que el mío", se queja. Pero al mismo tiempo olvida que ningún candidato había prometido tanto como él. Nada justifica su petulancia: sabía perfectamente el estado en el que se encontraban las finanzas y los proyectos del Distrito Federal. Parece que ya nadie recuerda que prometió que el cambio en la seguridad se notaría a los ¡cinco días! de que tomara posesión. Nadie se acuerda que denunció que la corrupción en la administración del último regente alcanzaba rangos de crimen organizado y actuaría en consecuencia. Una vez más: o miente, o es cómplice o simplemente es su ineptitud la que le impide realizar sus promesas. Pero como para todo buen caudillo, la responsabilidad siempre está en otra parte. Que no le hayan permitido endeudarse más a pesar de un notorio subejercicio -que implica dinero en el banco y desempleados en su casa- se convirtió en la gran solución de Cárdenas a todos los problemas: todo quedó automáticamente resuelto porque no tuvo los recursos. Ningún gobierno ha sido tan impune como el de Cuauhtémoc Cárdenas, a pesar de ser tan escrutado. ¿Qué promesas maravillosas nos depara su campaña presidencial? No importa; en caso de ganar, el incumplimiento sería culpa de la deuda externa acumulada, de 70 años de corrupción priista, de falta de recursos causada porque organizaciones imperialistas como el FMI o el BM recortan préstamos o exigen pagos. Lo de menos es a quién culpar. Habría que decirle: ingeniero, ¿está usted enterado del estado que guarda la nación y aun así está dispuesto a sorprendernos con sus promesas maravillosas?. Jaime Ramírez Garrido es subsecretario de Planeación de la Secretaría General del Partido Democracia Social. |
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