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de la imprenta Retrato de Hemingway Sin temor a la crítica
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tintero La pasión de Angeles Mastretta José Luis Martínez S.
Angeles Mastretta nació hace 50 años -el 9 de octubre de 1949- en Puebla, "una ciudad azul, dos mil metros arriba del nivel del mar, bajo la luz y el enigma de dos volcanes", como ella misma señala en el apunte autobiográfico Mi sombra en el espejo. Así habla también de su infancia feliz y una adolescencia incandescente, de su arribo a la ciudad de México -en 1971- para estudiar Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde entonces -afirma- no se cansa de bendecir su desgracia, porque esta ciudad se ha vuelto su hogar "y en ella crezco a mis hijos, bendigo el día en que nacieron, escribo libros y vivo con un hombre que escribe libros como quien enciende sin tregua un fuego que urge". Autora, entre otras obras, de Arráncame la vida (1985), Mujeres de ojos grandes (1990) y Mal de amores (1996), su trabajo es reconocido en México y en muchos otros países. Ha sido merecedora de premios como el Mazatlán de Literatura y el Rómulo Gallegos, y recientemente le fue dedicada la Semana del Autor en España. Una mañana cercana sucede la conversación con ella. En la sala de su casa, poblada de pequeñas cajas de formas y materiales diversos, con una antigua máquina de coser habilitada como base de una lámpara y un ropero que guarda vinos en lugar de trajes y vestidos, Angeles habla de la pasión que identifica su escritura, de la edad que cumple, de las promesas que significan sus hijos Mateo y Catalina. De la inocencia y descaro -según tus propias palabras- que tenías al escribir tu primera novela a la inermidad que suele acosarte ahora al realizar una historia, ¿en qué momento te encuentras como escritora? ¿Cómo te sientes? Ahora tengo más naturalidad, no es que sea más fácil, siempre cuesta trabajo, pero vas adquiriendo destrezas, como cuando la gente baila, después de mucho tiempo de bailar ocho horas diarias te mueves mejor, eres más ágil. Y cuando escribes, sientes que das más fácilmente con la palabra que quieres o sabes más rápido hacia dónde vas. Yo hablo de la inocencia que tenía cuando escribí Arráncame la vida, pero entonces estaba tan inerme como hoy, sólo que menos consciente de esa inermidad. Ahora, uno debe aprender a vivir con esa sensación. Hace poco una cantante decía en la tele que a ella siempre le daba terror salir a cantar, y yo pensé que así debía de ser porque parte de la gracia de hacer las cosas es desafiar un miedo_ Para vivir todos los días tenemos que desafiar nuestros miedos, y eso es lo que te da la adrenalina para hacer las cosas; debes tener un poco de miedo, no digo que terror pero sí ganas de desafiar algo, para que tenga chiste. Pensando en tu padre, tú dices: "A mí me gusta creer que escribo para honrar el mundo de quimeras y audacias que podía leerse en su frente los domingos, a la hora en que escribía para el periódico local un artículo por el que no le dieron nunca ni las gracias bien dadas". ¿Por qué otras cosas escribes? Cuando pasa el tiempo escribes, además, como por mandato, porque ese es tu destino. A lo mejor yo comencé escribiendo porque mi padre escribía, pero ahora lo hago porque es lo que ya sé hacer, porque así me gano la vida, porque me da alegría, porque me da tristeza, porque me alivia la tristeza, porque me resuelve preguntas, porque me lleva a indagar, porque convoco otras presencias, porque invoco mis mejores recuerdos, porque me voy a otra parte, porque si uno tiene una manera desencantada la puedes volver mágica -o estremecedora- poniéndose a escribir cosas que lo sean. La pasión es una cualidad de tu escritura_ Un amigo mío dice que la pasión es un sentimiento ambicioso, y creo que tiene razón. Yo no sé qué tanto doy con ese sentimiento cuando escribo, pero sí sé que una de mis opciones vitales es vivir apasionada. Mira, de todas maneras va uno a vivir, y es mucho más atractivo vivir apasionadamente que vivir con desgano; las dosis de pasión que uno pone en las cosas las mejoran. De uno no depende cómo son las cosas, de uno no depende quién de sus amores queda vivo y quién se muere, de uno no depende quién lo acompaña todo el tiempo y quién no, de uno no depende qué tanto lo quieren sus hijos, de uno no depende de qué color es el cielo_ de uno sí depende cómo se relaciona con los otros, con qué tanta fuerza los extraña y con qué tanto entusiasmo pasa por el día en el que el cielo, inusitadamente, es azul en la ciudad donde vive. Eso sí depende de uno, y entonces yo sí estoy dispuesta a hacer el esfuerzo y dar con el empeño suficiente para vivir con pasión las cosas. Aunque la frase de Gabriel García Márquez se ha vuelto casi lugar común, ¿tú también escribes para que te quieran? ¡Ay, claro! Todos escribimos para que nos quieran_ pero no nada más escribimos. Un médico cura, y una cocinera guisa, y cada uno hace su trabajo para que lo quieran. Pero lo más agradable es tener un trabajo que, además de hacerlo para que nos quieran, lo hacemos porque queremos hacerlo. ¿Qué es la edad para ti? ¿Significa algo? La edad es aprendizaje, creo que es muy triste cumplir años sin haber aprendido cosas y seguir siendo idéntico a sí mismo, ¡qué flojera! Eso sí debe ser triste, pero ir creciendo, ir cambiando, en tanto que además es inevitable, tiene muchos gozos, muchas cosas en favor. Yo no extraño la índole de cuando tenía 20 años, mi modo de ser de entonces, aunque hay muchas cosas de entonces de las cuales mi modo de ser actual sigue salpicado_ ¿Qué extraño?, mis muertos que entonces estaban vivos, ésta es una de las cosas terribles de crecer. Cuando a mí me dicen que hay unos ancianos bastante agrios, yo les respondo: saben qué, es muy difícil lidiar con las pérdidas, y la gente que llega a vieja ha perdido, si no buena parte sí a lo mejor a casi todos los seres entre los que creció, y esto tiene que ser causal de amargura. Cómo lidias con todo eso, cómo. Yo por eso acudo mucho a mis fantasmas, hablo constantemente de mis muertos, para que sigan vivos, es una manera de no quedarme sin su presencia. Si de pronto paso por la foto de alguien que ha muerto le digo: ¿qué estarás haciendo? ¿Dónde estarás? O sea, uno debe convocar a sus muertos para vivir con ellos. Quizá esa es una de las cosas más difíciles de ir creciendo, que vas perdiendo tus afectos centrales, a gente que te hizo_ Y tienes que ir incorporando nuevos afectos, y tienes que ir construyéndolos, y finalmente yo que adoré a mi padre, a mi abuelo, a mis amigas, por más que los haya querido y los extrañe mucho, tengo un hijo (Mateo) y una hija (Catalina) a quienes quiero más de lo que los quise a ellos; ahí están sus presencias, vivificantes y como un desafío cotidiano, haciéndote que los quieras y que los busques. ¿Te imaginaste alguna vez como una mujer de 50 años? ¿Cómo imaginaste llegar a esta edad? Me lo imaginaba bastante más dramático de lo que está siendo, pero también bastante más remoto. Cuando tenía 20 años decía: ¡uy, qué horror!, voy a cumplir 50 años dos meses antes del año 2000, y para eso me parecía que faltaba una eternidad, pero de pronto parpadeé y pasó la eternidad_ Ahora muchas cosas son distintas, yo en muchas cosas soy distinta, para bien. Cuando veo, por ejemplo, el temblor en los ojos de mi hija adolescente porque no sabe quiénes y cómo son los niños de su edad, porque no sabe cómo lidiar con sus emociones, yo digo: qué bueno que ya estoy un poco menos a la intemperie, aunque para eso tenga que estar llena de arrugas, tenga juanetes en los pies y me sienta menos bien en traje de baño. Casi para concluir, algunas preguntas breves. ¿Qué es Héctor Aguilar Camín para ti? Una maravilla. ¿Y tus hijos? Dos maravillas. Mis hijos son dos maravillas, dos desafíos. Ellos no saben de qué modo son una promesa ambulante, para su fortuna no lo saben porque si no seguramente se abrumarían_ Al mismo tiempo son una promesa que uno se inventa, y aunque ellos van a hacer con su vida lo que quieran, mientras lo van haciendo van cumpliendo con la promesa que me hicieron, y que ellos ignoran. ¿Qué piensas de la muerte? Qué remedio_ ¿Y de la vida? ¡Qué buen remedio!. José Luis Martínez S. es periodista. |
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