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Relaciones peligrosas
La justicia y los medios

Juan José Díaz Gaitero

Actualmente en nuestro país encontramos a diario innumerables casos en los que la justicia es virtualmente sustituida en y por distintos medios de prensa. Ello ocurre, en principio, porque su administración no funciona institucionalmente como el ordenamiento legal dispone. La lentitud del avance de los procesos judiciales, cuando no su estancamiento, hacen propicia esta actividad impropia de los medios. Casos como los de la Embajada de Israel, la AMIA, Cabezas, Cóppola, IBM-Banco Nación, PAMI, venta de armas a Ecuador, por nombrar sólo algunos de los más sonados, son demostraciones cabales de lo dicho. Estas situaciones se repiten y aparecen a la vista y paciencia de los espectadores, oyentes o lectores, en todos los medios de prensa y sólo unos pocos tratan estos temas con acierto profesional.

Así, hemos presenciado una progresiva irrupción de medios o de comunicadores; tal como se ha dado en llamar en la actualidad a los periodistas -sobre todo a los que actúan en medios audiovisuales como la radio y la tv-, que se arrogan el papel de juzgadores -o cuando menos lo intentan-, tergiversando de tal modo su propia actividad de informar o formar opinión. Contrariamente, sólo consiguen deformar.

Es cada vez más común escuchar a conductores de programas noticiosos -por qué no también leer en algún medio gráfico- haciendo una diatriba contra un hecho delictivo o contra sus autores y quejarse de la inseguridad en forma rimbombante. Pero muy pocas veces, o ninguna, podremos escuchar o leer tratamientos informativos que nos esclarezcan acerca de quiénes son los responsables de investigarlos y castigarlos, y qué es lo que se ha hecho al respecto, con un tono crítico genuino y limitándose a través de esa vía, eventualmente, a actuar tan sólo como factor influyente para que la justicia sea un hecho. Pero no, la necesidad de los medios de demostrar su acierto en la crítica, más que la crítica misma, puede más. También distrae más.

Consecuentemente, resulta lícito creer que los medios, y quienes los conforman, adoptan una postura crítica en relación con la falta de seguridad o de una administración de justicia apropiada, desde el lugar que más vende. En realidad se busca la propia notoriedad. Pasa a ser noticia la propia actividad de la prensa. Esto, además de desvirtuar la actividad periodística, contribuye a desorientar al público aún más de lo que a priori está confundido. Más de uno ha pensado que los medios de comunicación por sí solos podrían lograr que la justicia se hiciera posible. Nada más lejos de la realidad.

Como se señalaba al comienzo, es bien cierto que los responsables de la administración de la justicia dejan muchos huecos o vacíos, cuando no los provocan. Por lo tanto, sería muy sano para la sociedad que estos espacios fueran ocupados por la prensa. La pregunta es: ¿cómo ocuparlos sin caer en una sustitución impropia y por lo tanto debilitante del sistema y de los propios medios?

La prensa está imposibilitada de ser eficiente por sí misma, en el intento de mejorar las cosas en relación con la administración de la justicia. Su función debe ser la de asistir a quienes son sus agentes naturales, ya que no tiene la potestad de sancionar a quien ha injuriado de algún modo a la ley. Para eso están los jueces. Cuando mucho, la prensa podrá elaborar una condena de tipo moral y eso no es suficiente. De ese modo terminará sumando para aquello que critica.

Sin embargo, los medios son un vehículo excelente para llegar a la realización de la justicia. Cada vez que ese vehículo ha transitado por el camino correcto, mediante el adecuado tratamiento informativo de un hecho judiciable, su investigación periodística responsable y su oportuna denuncia de los hechos, no sólo mediante su exposición pública, sino también ante quienes por imperio legal deben administrar justicia, se ha llegado a buen puerto. No hace falta ejercer la actividad informativa objetivamente, con que se desarrolle con honestidad intelectual alcanza.

Si los señores periodistas simplemente informasen con sobriedad y profundidad, sobre lo que desde la administración de la justicia se hizo mal, sobre lo que no se hizo y debió hacerse, sobre quién actuó mal o no actuó oportunamente, sobre quiénes serán los encargados de subsanar la falencia de la mala acción o la omisión, alcanzaría para mejorar las cosas. Sin embargo, es más frecuente que se informe sobre ciertos detalles de esos hechos, que en general buscan más atraer nuestra atención que informarnos. Estamos más ante un espectáculo de la noticia que ante un desarrollo informativo de lo que ocurre.

Es una pena que los medios no tomen el toro por las astas en relación con este tema, ya que su participación acertada seguramente aportaría mucho para que la justicia fuera un hecho concreto. Pero además, la falta de rigor periodístico no sólo no aporta a la realización de la justicia, también perjudica a los destinatarios de la información, quienes experimentan un doble perjuicio. En efecto, no sólo deben padecer una justicia deficitaria, sino que también pierden el apoyo de quien, desde un lugar más apropiado y con más resonancia, los pueda ayudar a recuperar ese déficit.

Este camino equivocado, desde el punto de vista de quien suscribe, más temprano que tarde trae un perjuicio para los propios medios periodísticos y sus integrantes: la pérdida de credibilidad, acompañada por el cansancio y la desatención del público. Los primeros efectos se empiezan a ver en los medios. Aparentemente estamos ante el inicio de una eliminación sistemática de programación informativa. Desde hace unos meses ha desaparecido algún canal de noticias de tv por cable, se ha cerrado más de un medio gráfico, se han levantado noticiosos en algunos canales de tv abierta y han sido despedidos varios periodistas de distintos medios, tanto gráficos como audiovisuales.

Esto es muy peligroso. Por eso, desde esta columna quiero hacer un llamado de atención y pedir que, quienes desarrollan la noble tarea de informar, lo hagan sin olvidar que pertenecen al mismo tejido social al que están dirigiendo su actividad. Que su tarea es de incalculable valor, a la hora de ayudar a proteger a la ciudadanía y a construir una justicia mejor. Eso sí, siempre desde su lugar natural, que es sobre todo investigar seriamente e informar responsablemente. El espectáculo de la prensa podrá ser muy atractivo y vender mucho, pero no ayuda a la comunidad, sólo ayuda al bolsillo de quienes lo sostienen.

Tomado de Sitio al Margen, página de periodistas argentinos: www.matrix.com.ar/almargen.

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