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Relaciones peligrosas intermedios sic
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difusiones Big Brother es voyeurista Francisco Báez Rodríguez
The Truman Show y Edtv son películas que tocan un asunto que cada vez queda más claro: la fascinación de la televisión y del público por la vida privada del prójimo. En ambos filmes se manejan situaciones extremas, que los ubican claramente en el terreno de la ficción. Pero, a como va la televisión, probablemente sean más bien previsiones del futuro. En Holanda, el programa que actualmente tiene más rating trata de un experimento real, que acontece en vivo. Juntaron a nueve personas entre 25 y 44 años y los pusieron a vivir juntos durante 100 días. Están aislados del mundo exterior: no ven tele, no oyen radio, no leen periódicos, no pueden salir del departamento-estudio que comparten y están siempre bajo el escrutinio de las cámaras. Cada día, en horario estelar, la televisión holandesa pasa un resumen de los principales acontecimientos sucedidos en tan singular vivienda y más de la mitad de los habitantes del país sintoniza para verlos. No sólo eso; también vota, porque la idea es ir reduciendo la población del experimento, hasta que queden tres de ellos en el centésimo día. Los resultados, en términos humanos, para las cobayas que aceptaron el reto, no parecen ser halagüeños: una joven renunció, harta de "tanta hipocresía" que vivió a su alrededor y el primer eliminado por los votos del público cayó en una depresión muy grande y ahora no quiere salir de su propia casa, según revelan su esposa y su madre (claro, a nadie le gusta ser considerado como un sangrón por millones de coterráneos). Se deduce que, en presencia de las cámaras, los conejillos de indias tratan de "caer bien" para ser finalistas. Que, en otras palabras, la audiencia los controla. Estamos ante un grado más exquisito de humillación para el público que el de los programas clásicos de concurso en los que el ridículo es directo, sin mediaciones, un juego. Y estamos también ante la evidencia de que la televisión ayuda a desarrollar el voyeurista que hay en cada uno de nosotros. No habría privacidad invadida si no hubiera fisgones dispuestos a gastar tiempo o dinero en ello. Todos somos fisgones. El nombre del programa holandés no podría ser más adecuado. Se llama Big Brother, en referencia al personaje orwelliano. Recordemos que Big Brother también significa totalitarismo, persecusión. En la sociedad de fin de siglo surge la audiencia como la verdadera dueña del control. Ciega pero fisgona, anónima pero con ansias de fama, manipulable pero implacable. Tal vez un día todos seamos Big Brother. Nuestros dineros y la tele El IFE prevé un presupuesto de casi nueve millardos de pesos para el año 2000. A pesar de que en éste se celebran elecciones federales, el instituto hace un esfuerzo por reducir su plantilla de personal y bajar su gasto operativo. En donde no hay austeridad es en los recursos destinados a los partidos políticos. Más de tres millardos y medio de pesos será el financiamiento público que se les canalice. ¿Y hacia dónde canalizarán la mayor parte de esos recursos? Obviamente, hacia los medios electrónicos. Será dinero del contribuyente con el que se paguen los promocionales que veremos y escucharemos a toda hora. Tal y como ha sido normalmente, durante este año, a pesar de los muchos golpes de pecho. Televisa ya se puso las pilas. Sabe que tiene las tres cuartas partes del share y que para los candidatos y partidos será imprescindible anunciarse ahí. Anunció un aumento nada más de 40% en sus tarifas para el año próximo. Los partidos lo cubrirán. Azteca también planea elevar tarifas. Y el dinero pasará de las manos de los contribuyentes a las de agencias publicitarias y empresas televisoras con los partidos como meros intermediarios. Por esa razón es importante que las campañas de promoción de los partidos sean inteligentes y fortalezcan una democracia actuante. Nos cuestan mucho dinero a todos. No es justo que esos recursos se utilicen para recursos burdos, propuestas vacuas, golpes bajos o simplemente mentiras. No es justo, pero todo indica que así será. Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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