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El milagro económico de EU
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

cuentas claras

Maribel Ramírez

¿Que Banxico cierre la cortina?

Cuando parecía que ya habían acabado los múltiples llamados a la dolarización, surgieron las palabras provocativas y casi agitadoras del economista Rudiger Dornbusch.

El controvertido especialista, recordado aquí por haber predicho la última macrodevaluación de diciembre de 1994, recomendó hace unos días a México que mejor "cierre las cortinas" de su banco central y adopte por completo el dólar estadounidense para olvidarse de las crisis sexenales.

Como si la desaparición del organismo monetario y de nuestra propia moneda -últimamente no tan débil, sino incluso más fuerte de lo deseable- fuera la panacea para que lleguen en tumulto los capitales del mundo y resolvamos todos nuestros problemas.

Esa violenta sugerencia, por decir lo menos, fue planteada por el ultrapragmático experto para todas las economías latinoamericanas, y sus palabras textuales quedarán para la historia: "Las economías de América Latina no tienen tasas de interés de Nueva York porque no quieren desaparecer sus bancos centrales".

La aseveración no sólo alienta la controversia entre economistas sobre las reales o supuestas ventajas de una futura adopción abierta del dólar en México, sino que debe preocupar a más de uno porque refleja que en EU sigue muy viva aquella corriente que intenta adoptarnos como una estrella más de su bandera "para salvarnos de la miseria".

Presión por depreciar el peso

Cada vez son más las voces de expertos que auguran un próximo ajuste del peso (no devaluación, porque en un esquema cambiario flotante, dicen, las monedas no se devalúan, sólo se deprecian).

Consideran preocupante que la moneda mexicana siga tan fortalecida como si nada; y la causa de esta preocupación es por el factor psicológico. Para nadie es creíble que la paridad pueda sostenerse en 9.20 o 9.30 pesos por dólar más tiempo, sobre todo si se considera que se acerca el fin de año, lapso en el cual históricamente México ha vivido sus más severas devaluaciones.

El grupo español BBV señaló recientemente que lo más conveniente para el país es que el peso baje a diez por dólar antes de diciembre porque, de lo contrario, existe el riesgo de que una moneda fuerte aumente las importaciones, y ello afecte el crecimiento de los precios en pleno año electoral.

Eso sí sería más grave para todos, porque los capitales no le temen a la incertidumbre política, de hecho, les gusta por aquello de la democracia; pero a lo que sí le huyen es a que un proceso electoral esté mezclado con inestabilidad macroeconómica, y dentro de ésta, sobre todo, a un descontrol de la inflación.

Rásquenle a los bolsillos

Después de años de pensar y ver por dónde, finalmente nuestras autoridades de Hacienda se decidieron a implantar un programa para cooptar y cobrar impuestos a los vendedores ambulantes.

Pareciera que se le ocurrió de repente al Sistema de Administración Tributaria (SAT), encabezado por Alma Rosa Moreno, pero lo que sucede es que a la Secretaría de Hacienda le urgen recursos, pues sus presiones de gastos son grandes y en pleno año electoral no está en capacidad de aumentar impuestos.

Sólo si se considera que para cubrir el servicio de la deuda del rescate bancario requiere unos 50 mil millones de pesos en el año 2000, adicionales a cualquier gasto permanente y contingente, es entendible que nuestros gobernantes deban estar buscando ingresos hasta debajo de las piedras.

Y si a eso le agregamos los miles de millones que deberán ejercer para llevar adelante con decoro el proceso electoral, así como los gastos contingentes por el censo de fin de siglo, más los recursos para cubrir pensiones, quizá sea lógico que el SAT haya podido ingeniárselas para empezar a recaudar entre ambulantes, sin reforma legal de por medio.

(Notas de Maribel Ramírez)

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