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bahías Jóvenes y desarrollo
Rafael Cordera Campos
Hace unos días, del 21 al 23 de septiembre, las secretarías de Desarrollo Social y de Educación Pública, la ANUIES, la Universidad Veracruzana y el gobierno de Veracruz organizaron el Coloquio Internacional sobre Servicio Social Comunitario. Jóvenes, Justicia Social y Desarrollo. El encuentro se llevó a cabo en el puerto y fue un éxito en cuanto al intercambio de experiencias e ideas. Una vez que se conozca la memoria que dé cuenta de ello, haremos los comentarios personales que nos parezcan pertinentes. Por ahora, hay que subrayar la importancia de que se haya invitado y convocado a nivel nacional e internacional a diversas personalidades, especialistas en cuestiones relacionadas con la educación, el servicio y la política social y un buen número de temas especiales. La cuestión juvenil, por su peso cuantitativo en México, es un asunto de interés general tanto para el Estado como para la sociedad. La ley que creó el Instituto Nacional para la Atención de la Juventud ha sido un paso adelante, significativo por su misión y estatuto jurídico y también por la posibilidad de coordinar e integrar todas aquellas políticas estatales que se realizan en esa materia y por la oportunidad real de construir nuevos diseños al servicio de alrededor de la mitad de los mexicanos del presente. Ese peso cuantitativo adquiere una característica especial a la hora de pensar en las potencialidades de aquellos jóvenes, verdaderamente privilegiados en nuestro país, que a punto de terminar sus estudios profesionales se ven en la obligación de hacer su servicio social. Se trata de millones de estudiantes que son portadores de conocimientos del nivel superior que, conjuntamente con instituciones públicas y privadas, colegios de profesionistas y cuadros dirigentes formados en las aulas de las instituciones de educación superior, pueden formar parte de programas y proyectos de desarrollo, de estrategias nacionales, regionales y locales, que combinen esfuerzos y talentos. Existen experiencias al respecto tanto en nuestro país como en otros. Acerca de ellos, seguramente se intercambiaron opiniones y estudios que a todos, sin lugar a dudas, nos interesan. Pero sobre todo, serán las instituciones y dependencias de los gobiernos federal y estatales, las universidades, y un amplio directorio, las que podrán aprovechar lo que en aquel coloquio se dijo y discutió. El trabajo comunitario que ha convocado a los prestadores de servicio social, a organismos públicos como Sedesol y SEP, a diversas instituciones de carácter privado, tiene sus prácticas en nuestro país. De su análisis, sin lugar a dudas, se podrán obtener conclusiones para seguir una estrategia nacional y estatal. Sobre todo, lo que no se puede perder de vista es la potencialidad que cualquier proyecto de acción social adquiere a la hora de reconocer los activos con que hoy cuenta México. No hay un solo estado de la República que no tenga por lo menos una institución pública de educación superior. La geografía de los campus de varias instituciones educativas de carácter privado nos habla de presencias prácticamente nacionales de algunas de ellas. Combinar todo ese panorama institucional de la educación con las dependencias nacionales, estatales y municipales de los gobiernos es una perspectiva que obligadamente habría que contemplar. Es muy probable que todo eso se esté haciendo ya. Si fuera así, habría que reconocerlo e impulsarlo. De lo que no hay duda, es que el coloquio al que hacemos referencia fue una gran iniciativa. Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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