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Valentina comienza a vivir

Lorena Camacho*

Pepe y Valentina son los protagonistas de un amor que nunca fue, o que tal vez quiso ser pero se derrumbó y quedó subyugado a la voluntad de un hombre insensible e incongruente. Y he aquí que la constructora del falso hogar dejó de ser "la valiente Valentina" y se convirtió en algo amorfo y carente de significado, pues las paredes de su casa fueron la tumba, y la anulación perpetua su epitafio.

En efecto, Valentina desconoce cuáles fueron sus potencialidades de haber sido una verdadera mujer, sin embargo intuye que las paredes de su casa no son el universo, y entre ellas se asoma el deseo de ser como una espina clavada en la conciencia, una conciencia que por primera vez quiere fluir para reencontrar a la "valiente Valentina" que se extravió quién sabe en qué encrucijadas a través de más de 40 años.

Así, entre remembranzas, ironías y paradojas, Valentina cuestiona su presente sin encontrar grandes respuestas, excepto las que le ofrece la soledad inhóspita, llenada ocasionalmente por una hija que sólo se importa a sí misma, y un hijo un tanto más libre que parece darle la oportunidad de comenzar a ser, aunque sea únicamente con la retórica propia del chavo "buena onda".

Las referencias de Valentina acerca de la realidad son la que le ofrece una amiga que ya aprendió a gozar de los relativos privilegios de su sexualidad y de su libertad emocional, los cuales se transforman en la posibilidad de ambas mujeres para viajar juntas a Puerto Rico. Comienza a resucitar "la valiente" mujer aún con los tropiezos de sus miedos introyectados durante los larguísimos años de compromiso conyugal y maternal.

Por vez primera Valentina sale de su tumba y comienza a vivir. Sobreviene así una relación más inteligente consigo misma; de hecho, nunca fue tonta ni alcanzó a perder del todo su identidad, pero ahora resurge con una fuerza inusitada.

Es obvio que el proceso no es más fácil: en ella se agolpa el tiempo perdido, el abandono de sí misma desde que asumió el papel de madre y esposa, los proyectos individuales sepultados, la alegría y el espíritu de la vida extraviados. No obstante, estos acontecimientos no son motivo de quejas o lamentos pueriles: la verdad catastrófica se anuncia, pero las lágrimas no son un recurso. Por el contrario, la mujer hace de su tragedia una comedia, y una verdad tan espinosa y tan universalmente válida se transforma en motivo de risas y fascinación, porque la ridiculez se asoma tajantemente encubriendo los rostros de muchas Valentinas que no son ni serán valientes con o sin un Pepe a su lado.

Todo esto constituye la esencia de la obra de teatro Pepe y Valentina, interpretada por Susana Alexander. La historia es, por otra parte, muy significativa: nadie puede cerrar los ojos ante tantas verdades ni hundirse en aguas tan profundas sin salir lastimado; las heridas se abren pero con gozo y con la posibilidad de ser sanadas para siempre, aunque es válida la pregunta: ¿a nuestro género puede sucederle lo mismo? ¿Cuántas valientes Valentinas podrán contar su historia del mismo modo y liberarse de la inexistencia?.

Pepe y Valentina. Trad. Rubén Broido. Dirige y actúa Susana Alexander. Teatro del Centro Cultural Helénico. Av. Revolución 1500, San Angel. Funciones: lunes 20:30 hrs.

*Estudió en la Sogem.

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