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Volver al futuro Salvador Quiauhtlazollin
La visión del mundo por venir sigue la añeja fórmula de Heráclito de Efeso: "Todo cambia, nada permanece". Bajo esa premisa, cualquier construcción de lo que vendrá parte del algo elemental: puede ser una utopía, una distopía, pero definitivamente, el Futuro NO será igual_ ¿Y si lo fuera? ¿Si en realidad bajo una tenue capa de hipertecnología y viajes al espacio lo único que hubiera fueran las mismas actitudes, vicios y virtudes recicladas hasta el infinito? Esta es la propuesta de Futurama, la nueva serie de dibujos animados creada por Matt Groening: el futuro es simple y sencillamente lo mismo, sólo que bajo una máscara tecnológica apabullante. Futurama no se parece a Brazil (Terry Gilliam, 1985) donde lo venidero era una versión hightech de finales de los años 40; tampoco a Calles de fuego (Walter Hill, 1984), donde la próxima guerra del rock se libraba entre Chevys 56 y negros devotos del rythm and blues. No, Futurama, siendo fiel a su creador, es una amalgama donde todas las visiones de los mundos por venir se conjuntan para crear una ¿pesadilla? en la cual la sociedad, en el fondo, es idéntica a la actual: consumista, represiva y presta a suprimir sin tardanza toda iniciativa de liberación interior. Matt Groening, creador de Los Simpson, sabe que se puede ganar en forma contundente dos veces. Si con Los Simpson se hizo un millonario venerado por trillones de seguidores de la neurótica familia de Springfield, con Futurama pretende ganar a un grupo aún más selecto: aquellos fans de la ciencia ficción que adoran la sátira, la ironía y la parodia. A éstos va dirigida Futurama, que en cada episodio de media hora pondrá un poco más de irreverencia y mala leche que en el anterior. La premisa de Futurama parte del viejo cliché del congelamiento: un pobre diablo llamado Fray despierta de la criogenia después de mil años; justo antes del año nuevo del 3000, es decir, el 31 de diciembre de 2999. Al ver por la ventana se percata de que es un pionero del tiempo: ha viajado mil años al futuro para descubrir a Nueva York cambiada por decenas de guerras espaciales que, como hicieran los aliens de Día de la Independencia, han arrasado hasta los cimientos con la urbe de hierro. Siendo hoy Nueva York la capital del mundo, no es raro que en el futuro ocupe también tan alto honor, sólo que será una capital del sistema solar, si es que eso tiene algún sentido para cualquier mente inteligente. Claro, para ahorrar la carga de vivir con estas dudas, la eficiente City tiene ahora modernas cabinas para suicidio automático: ya no es necesario ir al Hogar para luego ser procesado en verdusco alimento, ahora uno entra al cubículo y gracias a la eficiencia de un Slim del futuro, rápidamente es desintegrado o descuartizado asquerosamente, lo que se prefiera; para compensar, la gran manzana está surcada por tubos neumáticos que ipso facto lo sacan a uno de Manhattan y lo dejan en Queens vía aérea. Cuidado: antes de entrar, cuide su salida. El futuro también ofrece una variación interesante: androides depresivos. Si los replicantes perseguidos Futurama (serie que transmite Canal Fox, los domingos a las 19:00 horas) no entró con el pie derecho al favor del público que prefiere Los Simpson, pese al evidente desgaste de los argumentos de la familia amarilla. No importa, su éxito como serie de culto está asegurado, así como la devoción de todos aquellos que están convencidos que el futuro es tan brillante que debemos usar anteojos oscuros Salvador Quiauhtlazollin estudió Derecho, es periodista free-lance. |
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