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por los caminos de sancho Política y patiños
Renward García Medrano
Muy a la ligera camina vuesa merced, señor galán. ¿Y adónde bueno? Sepamos, si es que gusta decirlo. Creo, señores candidatos y precandidatos a la Presidencia de la República, que al menos por ahora cada uno de ustedes supone que su primera obligación política, esa en la que deben concentrar toda su imaginación, esfuerzo y capacidad de simulación, es obtener votos, muchos votos, todos los votos que sea posible. Los más, entre ustedes, parecen convencidos de que una forma de ganar votos es atacar a los otros, sea exhibiendo culpas reales o ficticias, haciendo escarnio de sus oponentes, descalificando sus actos públicos previos, sugiriendo que son ladrones, incompetentes, mentirosos. Al atacarse como lo están haciendo, incurren en la violencia verbal que, como ustedes deberían al menos intuir, puede ser la antesala de la violencia social en una situación delicada como la que vive el país desde 1994. Mi país, el de ustedes, está acosado por la violencia entre política y criminal (narcotráfico) tanto en la serranía de Oaxaca y Guerrero (EPR, ERPI, etcétera) como en Chiapas (EZLN) y en el campus universitario (ultras y lumpen urbano). ¿No se les ha ocurrido a ustedes o a sus asesores que lo menos que puede hacer alguien que aspira a gobernar a los mexicanos es repudiar la violencia en sus actos públicos e incluso privados? ¿No se han percatado de que una premisa ética de quien aspire a gobernarnos es dignificar la política y el lenguaje de la misma? El otro ancho camino por el que esperan conseguir tantos votos como sea necesario para alcanzar la Presidencia de la República, es el de los programas cómicos de la televisión, respecto de lo cual sugiero a ustedes y a los electores que lean la excelente disección que hace Carlos Monsiváis en Proceso (19/IX/99). Texto cuya lectura me produjo una dolorosa indignación por la degradación que ustedes han hecho de la política (sólo Cárdenas no se ha prestado a ser patiño, quizá por su solemnidad y por la conciencia de sus propias limitaciones). Por lo que hace a sus presentaciones en televisión, admito que son vistas por mucha gente y quizá hasta les generen votos. ¿Pero ese fin justifica el medio de poner al futuro Presidente de la República como patiño de un cómico fugaz de Televisa? ¿Merece México que ustedes estén contribuyendo a formar una cultura política del albur? Si alguno de ustedes por casualidad lee este comentario, sepa que no me escandaliza que traten de utilizar recursos modernos para obtener votos; lo que me preocupa, y mucho, es que no se percaten de que la política es una función continua y que si ustedes practican hoy la violencia verbal y se prestan al ridículo, están perdiendo autoridad moral y seriedad republicana, ingredientes indispensables para gobernar a México en el primer sexenio del siglo XXI. No me preocuparía esta forma de procurarse votos si el costo moral y político fuera pagado únicamente por ustedes. Me preocupa, entristece e indigna, porque probablemente uno de ustedes siete será el próximo Presidente de mi país en una de las etapas más difíciles de su historia, y todo aquello que los devalúe ahora, empequeñecerá su figura en la Presidencia de la República, donde necesitamos a un estadista, no a un boxeador ni a un cómico. Sí, los presidentes, gobernadores, senadores, representantes de Estados Unidos, tienen en el chiste un recurso eficaz de campaña. Hasta Barry Glodwater empezaba y terminaba sus discursos con una broma cuidadosamente escogida por sus asesores. Vamos, hasta las series de televisión terminan con el invariable e infumable gracejo final. Pero importar esa tecnología política para implantarla en México como si no hubiera diferencias de idiosincrasia, cultura, historia y valores entre ambas sociedades, es como llevar a un predicador televisivo para que celebre la misa de las 12 los domingos en la Villa de Guadalupe. ¿No se dan cuenta? Algo más, por último: si sus asesores dicen que es tiempo de que cada uno de ustedes sea visto por la población como un ser humano despojado de la solemnidad vacía del pasado, pueden tener razón. Pero una cosa es ser un hombre con aciertos y errores y otra muy distinta es disfrazarse de candidato al estilo de California o Texas. ¡Qué tristeza por ustedes, por el país, por quienes necesitamos un gran líder y estadista que propicie y encabece una nación unida, próspera y algo menos injusta en la era de la globalización y el derrumbe de las fronteras!. Renward García Medrano es periodista. |
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