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Desde que fui la izquierda
Porfirio Muñoz Ledo busca reeditar el FDN

Jaime Ramírez Garrido

"Desde que fuimos Corriente Democrática éramos mucho más una idea, una conciencia, una propuesta, que una organización", afirma Porfirio Muñoz Ledo en una conversación con Juan José Reyes (Letras Libres, núm. 9, septiembre de 1999).

En esta conversación, presentada como artículo, Muñoz Ledo afirma, como ha reiterado frente a todos los medios de comunicación que ha tenido a la boca, que si hace 12 años comenzó la transición a la democracia en México con la Corriente Democrática cuando, sin dejar el PRI, aceptó su candidatura al Senado por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, ahora comienza la consolidación de "la izquierda necesaria" al aceptar, sin dejar el PRD y desde su organización Nueva República, la candidatura a la Presidencia por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana.

El PRD soy yo, dice Muñoz Ledo cuando define al PRD en términos espirituales y afirma sin pudor alguno que así como Juárez llevaba en su carruaje el Estado mexicano durante la intervención imperialista europea, él lleva al PRD consigo. Todos nos llevaremos algo del PRD en el corazón, dice, augurando la desintegración del partido al cual no ha renunciado y del cual fue fundador y presidente nacional.

Contrincante de Cárdenas en las elecciones primarias para definir la precandidatura del PRD a la jefatura del gobierno del DF, Muñoz Ledo exigía, tras las dos candidaturas de Cuauhtémoc Cárdenas, su derecho a buscar la Presidencia.

Alegó derecho de sangre para ser candidato a gobernador de Guanajuato cuando no nació en ese estado ni tenía el arraigo que exigía la ley. Cuando el liderazgo y las cuentas pendientes de Cárdenas coartaron su derecho hereditario a ser candidato apela a la meritocracia que, efectivamente, lo enaltece frente a su fraternal enemigo de partido.

He sido, dice, presidente de dos partidos políticos nacionales, buen secretario de Educación, buen secretario del Trabajo, el primer senador de oposición -exceptuando, por supuesto, a Jorge Cruickshank del Partido Popular Socialista, quien llegó a la Cámara gracias a una negociación fraudulenta orquestada por el mismo Porfirio cuando era presidente del PRI-, el senador que más intervenciones ha tenido en la historia, el primer legislador de mayoría que interpela al Presidente, el primer legislador de oposición que contesta un Informe de gobierno.

Sus méritos, sin embargo, se podrían resumir en ser el único político -de oposición y de imposición- que ha sobrevivido tantos sexenios.

¿Los acontecimientos históricos suceden como tragedia y se repiten como comedia? No lo sé. Pero en la historiografía o mitología de Muñoz Ledo el paralelismo entre la Corriente Democrática y su Nueva República es pertinente.

En 1993, entrevistado por Luis Javier Garrido -primero un heterodoxo historiador del PRI (el partido de la revolución institucionalizada) y después un oficioso historiador de la Corriente Democrática (La ruptura)-, Muñoz Ledo declaró que la Corriente era un movimiento que se proponía cambiar al PRI "desde dentro". La popularidad de la precandidatura de Cuauhtémoc Cárdenas y la intolerancia de la dirección del partido resultaron en una ruptura.

La corriente democratizadora de Cuauhtémoc Cárdenas y de Porfirio Muñoz Ledo surgió dentro del Partido Revolucionario Institucional buscando mecanismos para la elección del candidato presidencial que permitieran la participación de las bases partidistas, primero; la candidatura de Cárdenas, después; y, cuando salieron del partido, comenzaron una campaña que enarbolaba primordialmente demandas que tenían que ver más con la rectificación de las medidas económicas impulsadas por el gobierno de Miguel de la Madrid para frenar la crisis económica y retomar el crecimiento económico.

Sólo después del presunto fraude electoral del 6 de julio de 1988 que habría robado el triunfo de la Presidencia al candidato del Frente Democrático Nacional, la principal demanda de los seguidores más cercanos de Cuauhtémoc Cárdenas, del núcleo del FDN que fundaría el PRD, sería la democracia, hasta aquí entendida simplemente como limpieza electoral.

Así, de la noche a la mañana, quienes se decían los más puros priistas y buscaban la rectificación del rumbo se convirtieron primero en los más agraviados antipriistas y, poco después, bajo el influjo de la caída del muro de Berlín, en una pretendida representación de la sociedad civil en una presunta lucha a muerte contra un partido de Estado.

De la misma manera, ahora Porfirio Muñoz Ledo reviste su inconformidad con el partido en el que milita con ideología socialdemócrata y su lucha por democracia interna contra las prácticas, usos y costumbres que él mismo encumbró y legitimó son llevados en sus discuros a los niveles de la lucha de Trotsky contra Stalin, o viceversa; como comedia o como tragedia, o viceversa.

Jaime Ramírez Garrido es subsecretario de Planeación de la Secretaría General del Partido Democracia Social.

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