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Malos desde los huesos
¿Por qué hay gente que agrede, golpea y mata?

José Luis Durán King

En medio de un mundo agobiado por el miedo, una pregunta permanece sin respuesta: ¿por qué hay gente que agrede, golpea, viola y mata? Quizá la respuesta esté en las investigaciones que ha realizado Lonnie H. Athens, un criminólogo de la Seton Hall University.

Athens ofrece una explicación a por qué algunas personas son violentas de manera irremisible, una respuesta derivada de diversas y prolongadas entrevistas con prisioneros acusados de homicidio. Por principio de cuentas, el investigador rechaza la tesis de que la gente violenta actúa impulsivamente o por una pasión momentánea; por el contrario, esa gente construye conscientemente planes violentos de acción mucho antes de llevarlos a cabo. Dicha ingeniería incluso prepara a los individuos infractores a resistir ataques físicos, a superar las frustraciones y a despreciar las conductas amigables de otras personas. Así, cuando los individuos violentos creen que alguien puede atacarlos, están listos para desplegar toda su violencia.

Según las investigaciones de Lonnie Athens, la predisposición a atacar es producto generalmente de una brutalización temprana en manos de los padres. El propio Athens era golpeado regularmente por su progenitor. No obstante, el académico no sólo se limita al argumento del abuso infantil, ya que la brutalización también puede ocurrir en entornos callejeros e incluso militares y no se circunscribe a los ataques físicos, puede esconderse bajo la máscara del ridículo y la humillación constantes.

Por ello, Athens considera que la gente violenta es producto a la vez de la "violentización". Los individuos en cuestión son víctimas de una violentización iniciática, después se vuelven agresivos y finalmente deciden impartir de mano propia la violencia aprendida, cometiendo su primer acto violento, al que ven como una especie de recompensa por los abusos sufridos en carne propia. Encuentran placer salvando obstáculos mediante la fuerza y buscan mayores retos para enfrentarlos. De esa manera se convierten en agresores despiadados, con un punto de vista violento de la vida y un plan equivocado para que las cosas se adapten a su personalidad. Todo es cuestión de tropezar con una oportunidad. En resumen, la gente que comete crímenes violentos ha experimentado siempre la violencia en su formación personal.

¿Siempre? Quizá en este punto la generalización de Athens encuentra su primer escollo. Cathy Widom ha estudiado el abuso infantil y concluido que éste regularmente incrementa los riesgos_ pero no siempre. "La transmisión intergeneracional de la violencia no es inevitable", ha señalado la investigadora. Sólo una fracción de niños que han sufrido abusos es arrestada más tarde por crímenes violentos. Es decir, la gente difiere en su forma de acoplar la violencia en su vida personal.

Algunos pueden repetirla, otros internalizarla en forma de actitudes autodestructivas. Cuando el Buró de Estadísticas de Justicia estadounidense entrevistó a los inquilinos de las prisiones estatales encontró que tres cuartas partes de los reclusos encarcelados por ofensas violentas habían sufrido abusos en alguna etapa de su vida, aunque la cuarta parte restante no los había padecido.

Los incontables estudios de abuso infantil sugieren que la agresión constante definitivamente afecta a los niños, pero cada uno reacciona de manera diferente a los entornos de violencia. Una razón de ese diferendo es que las personalidades son diferentes, y muchas de esas diferencias -no todas- tienen bases genéticas.

En la investigación de Lonnie Athens desfilan personajes notables que han destacado por sus actos violentos, como el boxeador Mike Tyson, Perry Smith -uno de los asesinos que inspiró a Truman Capote para escribir su célebre A sangre fría- y Lee Harvey Oswald. Desafortunadamente poco se sabe de la infancia de estos personajes, por lo que las aseveraciones en torno a ellos no resultan convincentes. Oswald, por ejemplo, raramente fue físicamente brutalizado; fue, eso sí, objeto de los regaños constantes de su madre, pero hasta ahí. Los regaños pueden ser una forma de brutalización. Pero, de ser así, ¿por qué los hermanos de Oswald, John y Robert, no se convirtieron en criminales?

El problema principal de las generalizaciones lo plantean las diferentes culturas del mundo. Algunas -como los yanomami de Brasil- son violentas y homicidas. Pero los gebusi de Nueva Guinea y los kung san de Africa no son violentos, aunque sí homicidas. ¿Por qué? Athens piensa que esas culturas, aunque pacíficas, brutalizan a sus hijos al obligarlos a ver cómo los adultos asesinan a otros adultos.

Como Athens señala, la violencia en el clan y la aldea indudablemente contribuye a explicar por qué el asesinato fue mucho más común en la Edad Media que en los tiempos modernos. Sin embargo, ¿dichas tendencias explicarían por qué Estados Unidos es una nación más homicida que, por ejemplo, Inglaterra? El investigador asume que al ser transplantadas, las diversas culturas étnicas campesinas cargaron consigo un modelo de conducta violenta que explica por qué Estados Unidos es más letal que Inglaterra. Pero, como otro investigador -Eric Monkkonen- ha demostrado, la ciudad de Nueva York ha tenido un índice de homicidios por lo menos cinco veces más alto que Londres en los últimos 200 años. En 1795 era muy escasa la migración no inglesa que pudo portar consigo su cultura campesina violenta.

José Luis Durán King es autor del libro de cuentos Tabula Rasa.

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