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Sin rumbo fijo

Héctor González Jordán*

Un cambio de vías, en palabras de Mónica Lavín (México, 1955), es la posibilidad de poder cambiar de vida, de poder elegir un camino distinto. Sofía y Juliana son dos amigas entrañables que tras un tiempo de no tener contacto, vuelven a platicar al enterarse de la muerte de un antiguo amor. Al verse de nuevo se dan cuenta de lo rutinario que se han vuelto sus vidas, por lo que deciden abrir un paréntesis, cada una en su vida, así que retoman la experiencia de un viaje relizado hace 21 años, como estudiantes y con toda la aventura que eso supone a través de Europa. Obviamente de lo que se trata es de emular la travesía realizada anteriormente, sólo que ahora desde la posición de madres de familia, lo cual, aunque no se quiera, le da una connotación distinta al viaje; las limitaciones económicas son menores, en cambio las responsabilidades y los compromisos son otros y mayores.

En este sentido, Cambio de vías nos lleva a reconstruir el presente retomando el pasado. Los tiempos se mezclan en la más reciente novela de Mónica Lavín, donde un presente abrumador y poco cambiante puede propiciar la pérdida de esperanza en el futuro, en tanto que la pérdida de la pasión nos lleva a vivir por inercia; pero donde también siempre existirá la posibilidad de bajarse del tren y tomar uno distinto a pesar del tiempo y las circunstancias.

Las cafeterías, los museos, bares y hoteles son paradas obligatorias dentro del viaje. La experiencia del escritor nuevamente sirve para detallar los escenarios y darle más vida a una novela que termina por integrar al lector como un voyeurista de las andanzas de un par de mujeres ansiosas por reencontrarse a los 40 años, por cambiar o por reafirmar el sendero caminado, pero sobre todo por encontrarse con la maravillosa posibilidad de elegir. Para ello, a veces es necesario hacer una pausa interna y cambiar. Esto es lo que plantea Cambio de vías, además de una añoranza no hacia una o dos décadas atrás, sino hacia la libertad que puede representar una etapa de la vida, que en este caso es la juventud, cuando se puede cambiar de vías cuantas veces se quiera.

Con esta novela, Mónica Lavín -Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, 1996, por su libro de cuentos Ruby Tuesday no ha muerto- regresa después de que el año pasado publicara Tonada de un viejo amor. También ha publicado los libros de cuentos Nicolasa y los encajes (1991), La isla blanca (1998), y las novelas La más faulera (1997) y Planeta azul, planeta gris (1998).

Mónica Lavín, Cambio de vías, México, Plaza y Janés, 1999, 153 pp.

*Estudió Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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