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el revés de la trama

Suicidas
Mario Ruiz Massieu, un caso típico

Edgardo Bermejo Mora

El suicidio es un tren nocturno, un tren que te lleva velozmente a la oscuridad. No podrías llegar tan rápido de otra forma, o por medios naturales. Compras el billete y subes a bordo. El billete te ha costado todo lo que tienes. Pero no hay trayecto de vuelta. Este te lleva al interior de la noche y te deja en ella. Es el tren nocturno.
Martin Amis

A los detectives de homicidios, especialmente en un país como Estados Unidos donde esa profesión es la más llevada a la ficción televisiva y melodramática, les molestan los suicidas. Son antiépicos y anticlimáticos por naturaleza, le restan interés y misterio a la muerte y la violencia. Sin asesino no hay investigación que valga, de modo que el suicidio es un insulto a sus dotes inquisitivas y a su arte de la deducción. Se le deja, por lo tanto, en manos de las estadísticas para registrar sus patrones y regularidades, para entender la conducta de este singular delincuente que paga su condena en el instante mismo que comete el crimen, y hay en el FBI el más completo arsenal estadístico sobre el fenómeno del suicidio en EU. Cada vez que uno nuevo se presenta, se confirma o niega un patrón de conducta o una tendencia; la clasificación exhaustiva comprende edades, grupos raciales y socioeconómicos, profesión, motivos, formas elegidas, regiones, fechas y horarios más recurrentes. Una verdadera enciclopedia geoestadística de la muerte autoinflingida. Los departamentos de psicología de las universidades y centros de investigación cuentan a su vez con una gran bibliografía al respecto.

Con todo ese conocimiento acumulado no será difícil para la policía de EU determinar el itinerario suicida de Mario Ruiz Massieu, lo cual, además, es el único dato que tendrá algo nuevo por aportar al proceso de investigación que se le sigue.

Frente a los previsibles rumores que buscan elevar a rango de misterio el suicidio del ex subprocurador -y lo cierto es que no hemos visto hasta ahora una foto del cadáver, como sí se tuvo, por ejemplo, en el caso del narcotraficante Amado Carrillo-, no estaría mal que las autoridades de EU ofrecieran públicamente algo de la información de que disponen para aplacar las suspicacias, tratándose de un tema de seguridad nacional que involucra a dos países vecinos.

Se sabe, por ejemplo, que 50% de los suicidas en aquel país intentaron matarse en otras ocasiones y aproximadamente 75% de ellos lo anunció con anterioridad, lo cual quiere decir que en la mayoría de los casos la familia está enterada o por lo menos intuye las intenciones del suicida. Pero el dato más significativo es que 90% de los suicidas presentan un historial personal de deserciones y huidas constantes. Es el caso preciso de Mario Ruiz Massieu, y en ese sentido su conducta no es atípica respecto del patrón suicida más ordinario.

Se sabe también que el suicida es completamente dependiente de los medios de que dispone. Basta con retirar de su alcance cosas como el gas doméstico, los barbitúricos, o toda clase de objetos punzocortantes, y la tasa de suicidios baja considerablemente. ¿Hubo entonces algo de negligencia por parte de la familia de Ruiz Massieu? ¿A alguien en un estado depresivo tan severo se le puede dejar a la mano el instrumento de su muerte autoinducida? No, a nadie, a menos que haya una suerte de pacto previo entre el suicida y su familia, que le arrima las herramientas del suicidio -en este caso medicamentos peligrosos- o por lo menos se hace de la vista gorda.

Se sabe también que aproximadamente 70% de los suicidas dejan notas exculpatorias, aunque en la mayoría de los casos sus deudos las guardan con celo, e incluso suele ocurrir que dichas notas sean adulteradas o mostradas sólo parcialmente, de modo que para los investigadores policiacos no constituyen una evidencia de primer orden. De las notas suicidas hay por mitad las que son autoincriminantes -en las que el muerto se reprocha por su vida y sus acciones- y las que, por el contrario, acusan al mundo exterior de la decisión tomada, es decir, que le reprochan a familiares y amigos su incomprensión. Este segundo caso es el más cercano a la carta póstuma que conocemos de Ruiz Massieu, y formaría parte de ese 50% de los mensajes en la víspera del suicidio.

Sabemos que se intentan suicidar el doble de mujeres respecto de los hombres, pero que son éstos quienes tienen mayor éxito. La diferencia es sorprendente: por cada mujer que se suicida hay diez hombres que lo logran. Se tiene información acumulada por décadas sobre días elegidos para suicidarse y curiosamente hay suicidas hombres en todos los días del año -incluyendo fechas importantes como la Navidad, el 4 de julio y el día de acción de gracias-, menos en uno: el día de las madres, una fecha en la que sí se registran suicidios de mujeres, siendo éstas personas adultas que no tuvieron hijos. Hay un ligero ascenso en la tasa de suicidios cometidos en 4 de julio, la principal fecha cívica del calendario gringo, de modo que hallamos una curiosa coincidencia con el día elegido por Ruiz Massieu: el 15 de septiembre.

En Estados Unidos la mayor porción de suicidas se presenta entre los inmigrantes. De ellos, los alemanes están a la delantera por todos aquellos que huyeron de los horrores del nazismo. Se suicidan más que otras profesiones aquellos que trabajan en asuntos ligados a la muerte -incluyendo médicos y policías-, y les siguen aquellos que trabajan con productos farmacéuticos. Ser adolescente en EU y tener crisis de identidad sexual es muy riesgoso: uno de cada tres intentará suicidarse. La depresión y la esquizofrenia son las psicopatologías más vinculadas al suicidio.

Así las cosas, hay bastante tela de dónde cortar y no bastará para la opinión pública que el señor Jeffrey Davidow, el embajador de Estados Unidos en México, asegure que Mario Ruiz Massieu no es Elvis Presley.

Edgardo Bermejo Mora es escritor y periodista. Correo: edbeme@prodigy.net.mx

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