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Maribel Ramírez

 

 

 

 

 

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Desinflar a la burbuja

Ricardo Becerra

¿Cuál es la mayor amenaza para la economía mundial? ¿Una nueva crisis en los mercados emergentes? ¿Una recaída de los indicadores japoneses? ¿Una nueva moratoria de la deuda externa rusa? ¿El deficiente desempeño de Europa? Nada de eso: el riesgo mayor es un colapso en la bolsa de Nueva York, la caída de los espectaculares indicadores Dow Jones, en Wall Street.

Así nos lo hicieron saber algunos de los gurús de las finanzas internacionales. Y es que hace unos días, mientras el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional celebraban su reunión anual, la agenda tuvo que sufrir una intempestiva modificación: ese día la bolsa de valores de Nueva York había vivido un repentino sacudimiento. Era una premonición; mejor, un recordatorio: hay algo raro en la mayor y más dinámica economía del mundo; algo que los economistas llaman "burbuja financiera". ¿Qué diablos es eso?

Una burbuja se presenta cuando las fuerzas económicas reales (fábricas, comercios, la producción y el consumo de la gente) de pronto asumen proporciones exageradas, incluso míticas, a los ojos de los inversionistas. Hipnotizados por un espejismo o por una buena expectativa, los inversionistas lanzan enormes cantidades de dinero para comprar acciones de una empresa calculando ganancias que no son realistas.

Veamos uno de los casos más sorprendentes de este año. Todo el mundo sabe que buena parte del dinamismo económico estadounidense se basa en la revolución de Internet. Así que los voraces accionistas han volteado su mirada a las empresas de ventas por Internet.

Amazon es una de esas empresas pioneras: en un año (98-99) había triplicado su volumen de venta, hasta llegar a 315 millones de dólares. Los inversionistas alucinaron con esa expansión, pero no tomaron en cuenta lo obvio: esa compañía vende mucho, pero también gana poco por cada unidad despachada. En julio, Amazon ya había anunciado una pérdida de 140 millones de dólares, pero nadie tomó en cuenta el dato. Al anuncio de pérdidas de la compañía le siguió ¡un aumento en el precio de sus acciones! Vea usted: según The Economist la realidad económica de Amazon ronda los 650 millones de dólares; pero su precio bursátil alcanza los ¡18 mil millones de dólares! Quiere decir que el mercado accionario se ha vuelto loco: que no hay correspondencia entre la existencia material y el juego accionario. Al final de año, cuando Amazon deba presentar las ganancias a los enloquecidos accionistas quizá ya no pueda responder y sobrevenga un brusco ajuste, devaluación de las acciones y caída del índice de la bolsa. Que esto no ocurra dependerá del talento administrativo de la empresa: que sus ventas se mantengan, que se multipliquen sus clientes, que pueda posponer sus compromisos bursátiles. ¿Podrá?

El punto es que Amazon no es la única empresa en esa situación: son cientos, acaso miles las que están inflando la burbuja.

Claro que hay teorías para explicar que el mercado y sus precios son siempre correctos, que con la mano invisible funcionando en Dow Jones no hay de qué preocuparse. Pero francamente hay razones para estar alertas. El debate causó alarma en los dos principales organismos financieros del mundo; The Economist insiste en que estamos ante una enorme burbuja que puede hacer caer a los mercados bursátiles del planeta; Jeffrey Sachs y Paul Krugman, economistas de ligas mayores, también; Alan Greenspan, desde la Reserva Federal, ha contestado con preocupación a las críticas y reitera la posibilidad de una nueva alza en las tasas de interés a principios de octubre.

Hace un año los japoneses creyeron que las burbujas eran cosa del pasado y el costo fue la devastación de una parte de sus propios bancos. En México, durante 1994, Pedro Aspe creyó que los tesobonos eran perfectamente pagables y entramos a la peor crisis de la generación. Hoy los estadounidenses, alucinados por la fortaleza de su economía, presumen de su propia genialidad como inversionistas y decisores bursátiles.

Los hacedores de política económica, el gobierno estadounidense y las instituciones de decisión financiera mundial tienen enfrente una nueva prueba de fuego: desinflar a una burbuja de muchos miles de millones de dólares.

Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

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